08/11/2026 La Nación - Nota - Sup. Conversaciones - Pag. 9
CONTRASTES ENTRE LEÓN XIV Y FRANCISCO Diego Cabot DE LA CONTINUIDAD DEL VOCABULARIO SOCIAL DE SU PREDECESOR AL CAMBIO DEL CENTRO DE GRAVEDAD DE ESE LEGADO En la Iglesia argentina hay palabras que nunca son inocentes, y "pueblo" es una de ellas. Durante doce años, el Papa Francisco llevó a Roma una idea que abrevó con fuerza en los seminarios y en las villas de Buenos Aires: el pueblo es concebido como un sujeto histórico y cultural, cuyo corazón late en los pobres. Era la llamada "teología del pueblo", y en el Vaticano se la miró con una mezcla de fascinación y desconfianza. Robert Prevost, el agustino de Chicago que pasó buena parte de su vida en Perú, publicó el 25 de mayo su primera encíclica. Se trata de 245 párrafos dedicados a la inteligencia artificial y al poder. Pero claro, los pontífices son mucho mas profundos que la literalidad de las palabras. Es ahí donde León XIV pone en juego otra discusión: qué queda de aquel pueblo bergogliano cuando el que escribe es un papa que eligió llamarse como el autor de la histórica encíclica Rerum Novarum, la primera encíclica social de la Iglesia escrita en 1891 por León XIII. La matriz de Bergoglio fue la "teología del pueblo". Para esa escuela el pueblo es un sujeto cultural, y los pobres son quienes mejor guardan su fe y su memoria. El pueblo pobre, eje también del peronismo, había llegado a la teología mundial. En Evangelii gaudium, La alegría del Evangelio, primera exhortación apostólica escrita por el Papa Francisco, publicada el 24 de noviembre de 2013, se lee: "Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica". De ahí sale la "Iglesia pobre para los pobres" y aquella frase histórica: "Esta economía mata". Luego llega Laudato si’, su segunda encíclica de 2015, en la que el pobre aparece como víctima de un sistema. "Un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social [...] para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres". Habla de una "deuda ecológica" del Norte con el Sur y del mercado divinizado: "El poder conectado con las finanzas es el que más se resiste". En los encuentros con movimientos populares consagró "tierra, techo y trabajo" y llamó a los movimientos "poetas sociales". En ese sentido, dijo que el futuro de la humanidad está "en manos de los pueblos y en su capacidad de organizarse". Y remató: "Esa economía mata. Esa economía excluye". Finalmente, aparece Fratelli tutti, la encíclica de 2020, donde el pueblo es una categoría "abierta" que "los grupos populistas cerrados desfiguran". Allí separa lo popular del populismo irresponsable y advierte contra quien busca "avasallar [...] las instituciones y la legalidad". Quien esperaba un portazo al legado de Francisco no lo encuentra en Magnifica Humanitas, ya que el vocabulario social está prácticamente entero. Pero, más allá de mantener el rumbo, León XIV coloca algunos matices respecto de aquella centralidad del pueblo pobre de Francisco. La argentinización de la teología global no parece ser un brote que prendió para siempre sino que terminó con el papado de Bergoglio: el agustino regresó a una iglesia más tradicional, que se mantiene en el andarivel pero que deja a un lado el corazón de los días del jesuita. Otro de los puntos sostenidos por Francisco es que la Iglesia aprende de los pobres. León describe una Iglesia que "se deja evangelizar por los pobres con quienes comparte la historia". Se podría decir que es puro Bergoglio. También mantiene la consigna de los movimientos sociales y cita textualmente "tierra, techo y trabajo para todos", además de nombrar a los "movimientos populares y comunidades de fe". Lo que cambia La diferencia no está en lo que León dice, sino en dónde lo apoya. El punto más importante para marcar alguna diferencia regresa a la concepción de pueblo, que para León XIV se define por el bien común, no por los pobres. Se trata de un pueblo cívico y plural, y cuando el texto dice "pueblos", en plural, casi siempre habla de naciones: "El derecho de los pueblos a existir". Aquí el punto fundamental: la categoría mítica de Fratelli tutti no aparece. La genealogía es Rerum Novarum, no la "teología del pueblo". Recupera el "salario justo para uno mismo y para la propia familia" y pide renovar las organizaciones de trabajadores. El eje es el trabajador, una figura clásica de la doctrina social, más que el excluido como sujeto cultural. Hay un detalle revelador: cuando nombra la opción preferencial por los pobres, se la atribuye a Juan Pablo II; a Francisco le reserva la denuncia de la "cultura del descarte". Otro matiz es el Estado como árbitro, con menos protagonismo del asistencialismo: "Corresponde al Estado garantizar la cohesión, la unidad y una justa organización de la sociedad civil". Desde León XIII, recuerda el texto, ni la persona ni la familia deben ser absorbidas por el Estado. Pero el pontífice agrega una marca de agua en su primer gran texto: en la era digital, el nivel superior no es el Estado, sino todo gran actor económico y tecnológico. La encíclica reconoce el potencial positivo del mercado y de la iniciativa privada solo si se mantienen subordinados a la ley moral, en la línea de Juan Pablo II en Centesimus annus. Está lejos del "mercado divinizado" de Laudato si’ y de la sentencia de Francisco: "Esta economía mata". Francisco apuntaba a las finanzas y León a la concentración tecnológica y militar. Advierte que una IA "más moral" no alcanza si esa moral la fijan unos pocos y denuncia el "falso realismo". El agustino y el pueblo León no deroga a Francisco: lo traduce. Le saca el acento porteño y lo pasa al idioma de la doctrina social clásica. Los pobres siguen en el centro moral del texto. Lo que se corre es el sujeto político. El "pueblo fiel" de la tradición argentina deja su lugar a una comunidad que construye el bien común, con un Estado que arbitra y un derecho que pone límites al más fuerte. Bergoglio desconfiaba de las instituciones y confiaba en los procesos. Prevost, agustino y canónico, confía en las instituciones como dique contra la cultura del poder. Las dos cosas conviven, por ahora, sin pelearse. Aunque, de a poco, el corazón de la mirada pastoral de Bergoglio empieza a menguar. En la Argentina, donde "pueblo" siempre fue también una palabra de partido, el matiz no es menor. León XIV, el papa que volvió a la Argentina, parece decir que la Iglesia está con los pobres, pero que el pueblo no es propiedad de nadie. Menciones: León XIV, Francisco, Robert Prevost, León XIII, Bergoglio, Juan Pablo II, Iglesia argentina, Roma, Buenos Aires, Chicago, Perú, Vaticano
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