08/11/2026 Clarín - Nota - Sup. Domingo - Pag. 2
La familia judía que se llevaron de mi hotel en Roma Héctor Gambini Los cuartos del alojamiento en Roma son sencillos pero cómodos. Estamos a 300 metros del Coliseo casi en línea recta y la Ciudad Eterna no da respiro en su ecuación inmortal: hay mil historias por cada piedra; y miles de piedras. Dos de ellas llaman la atención, enclavadas justo a la entrada del alojamiento donde los turistas pasamos con la ilusión de descubrir la ciudad a la velocidad de las rueditas del *carry-on*. No las vemos sino hasta entrada la noche, tras volver exhaustos, superar la escalera empinada de la esquina que sube hacia la calle del hotel y llegar rogando para que las llaves de la entrada aparezcan en algún bolsillo de la riñonera. Ahí están, entonces, fulgurando en destellos de oro bajo la luz de la luna. Dos adoquines en el piso, revestidos en chapa dorada, con nombres de mujer y unos pocos datos. No son las piedras milenarias de Roma. Llevan allí pocos años. La primera recuerda a *Margherita Bondi Milano*, arrestada en febrero de 1944 y deportada a Auschwitz, donde fue asesinada tres meses después. La segunda evoca a su hija *Silvana*, arrestada el mismo día, también deportada a Auschwitz y fallecida en el campo de concentración *Bergen-Belsen* en abril de 1945. Unos días antes, en el mismo Bergen-Belsen, había muerto Ana Frank, la adolescente neerlandesa que escribió en un diario los dos años que pasó escondida de los nazis, con su familia, en Amsterdam. Sacamos cuentas: cuando murió, Silvana tenía 17 años. Ana estaba por cumplir 16. ¿Se conocieron? ¿Estuvieron juntas en ese final devastador, ambas agonizando por el tifus, cuando faltaban sólo unos días para la caída de Berlín y la liberación de los campos de exterminio? Los alemanes llaman a estos adoquines -que están en más de 2.000 ciudades de 30 países europeos- *stolpersteine*. Piedras de tropiezo. Son una iniciativa del artista alemán Gunter Demnig y se consideran el monumento descentralizado más grande del mundo dedicado a las víctimas del Holocausto. Hay más de 100.000 *adoquines de la memoria* en toda Europa, pero acabamos de tropezar con estos dos aquí, en el centro de Roma. Lo que indican es que Margherita y Silvana vivían en este mismo edificio donde ahora los turistas descansamos de la fascinación por la ciudad imperial, después de mil vueltas, los guías *walking-tour* de paraguas multicolores, el caos de tránsito, las multitudes que entran y salen del Coliseo como si fuera un estadio moderno y los spaghettis *cacio e pepe*, una delicia romana simple con queso pecorino y pimienta negra. En la ciudad del millón de historias, inquieta pensar que, por esta misma puerta donde cada mañana salimos a disfrutar en plan turístico, un día de 1944 salieron una mujer y su hija adolescente para no regresar jamás y ser llevadas al mayor campo de concentración nazi. En este hotel, acá mismo, vivían ellas con el esposo y padre de la familia, cuyo destino trágico -sabremos después- lo liga a un oficial nazi que asesinó civiles italianos y se escondió durante años en Bariloche. Él no tiene una *piedra de tropiezo* porque no fue deportado. Lo fusilaron allí mismo, en Roma. Un grupo fascista de Mussolini -que daba sus discursos a menos de 500 metros de aquí, en el balcón de la *Piazza Venezia* que ahora está en refacciones por el metro- se llevó a la familia completa tras ser "marcada" como judía. Vivían en la misma casa donde ahora dormimos nosotros, los turistas. Acá mismo, en *Via dei Querceti 24*, una antigua calle sobre una suave colina que en épocas del imperio era un bosque de robles que proveía la madera para las *insulae*, viviendas de hasta seis pisos de altura. En el siglo I, Roma tenía un millón de habitantes. No se supo muy bien quiénes eran Raffaele, Margherita y Silvana Milano hasta después de 2010, cuando un grupo de alumnos curiosos de un colegio secundario de Sezze, un pueblo a una hora al sur de Roma, se puso a buscar su historia, porque Margherita había nacido allí. Los chicos habían quedado intrigados tras un viaje a Jerusalén donde supieron que, de los seis millones de judíos asesinados en el Holocausto, dos millones no tenían identidad o su historia era desconocida. Coordinados por un profesor, Giancarlo Onorati, empezaron a investigar sobre Margherita, aquella vecina del pueblo que figuraba en la lista de las víctimas del Holocausto y de la que nadie en Sezze sabía nada. Onorati le cuenta ahora a Clarín: "Fue un camino de descubrimiento hecho de emociones fuertes". Así salió a la luz una historia que estaba entre sombras. Margherita nació en Sezze el 22 de marzo de 1897. A principios de los años 20, se casó con Raffaele Milano en la *Gran Sinagoga* de Roma. Tuvieron dos hijos: Ennio, que murió de tifus a los 10 años, y Silvana. Raffaele había nacido en enero de 1896 cerca de Avezzano, una hora al este de Roma. Su padre había muerto de neumonía en 1905, dejando esposa y cinco hijos. En enero de 1915, un terremoto devastador partió a su familia. Raffaele sobrevivió, junto a su hermano Settimio y su hermana Bice. Su madre y otros dos hermanos murieron bajo los escombros. Raffaele se mudó a Roma y fue llamado a combatir en la Primera Guerra Mundial. En 1917 fue herido dos veces. Sirvió en el Ejército Real "con lealtad y honor", lo condecoraron con la *Cruz al Mérito* y fue dado de baja. Después trabajó en fábricas de papel. Según el Archivo Estatal Central, Raffaele, "*de conducta moral y política intachable*", no se unió al *Partido Nacional Fascista (PNF)* fundado por Benito Mussolini a fines de 1921. Ese detalle le traería problemas. En 1938 el fascismo italiano publicó el *Manifiesto de la Raza* y profundizó una persecución institucional a los judíos que había comenzado dos años antes. La joven Silvana tuvo que abandonar la escuela pública y pasarse a un colegio judío. Un acta registrada el 12 de julio de 1939 en el Registro Civil de Sezze declara a Margherita "*perteneciente a la raza judía*". Una nota posterior indica que ella y su familia fueron "discriminadas" por decreto del Ministerio del Interior, que tenía una Dirección General "*De Demografía y Raza*". A fines de 1943 hubo una redada general contra los judíos en Roma y la familia de Raffaele y Margherita sintió que todo se ponía peor. Aterrados, trataron de cambiarse el apellido, pero un grupo de la milicia fascista irrumpió en la casa el 25 de febrero de 1944. "Mientras estábamos en el comedor, a las dos de la tarde, entraron unos hombres y una mujer con revólveres en la mano. Fueron a nuestra habitación, nos quitaron los abrigos y nos llevaron...", le cuenta Margherita a una amiga, en una carta. Ya estaban *marcados* por el nazifascismo. Todos fueron a la prisión de *Regina Coeli*, en lo que hoy es el animado barrio romano del Trastevere. A los pocos días se llevaron a Raffaele. Su mujer y su hija ya no volverían a verlo. Aunque a ellas les dijeron que había sido liberado, en realidad lo llevaron a las *Fosas Ardeatinas*, unas cuevas a sólo 5 kilómetros al sur del Coliseo, donde los nazis fusilaron a 335 civiles en represalia por un ataque de la resistencia italiana a 33 soldados nazis ocurrido el día anterior. Raffaele murió entonces fusilado por soldados a cargo de un capitán que ordenó la masacre y después se escondería durante casi 50 años en Bariloche. El hombre que había sobrevivido a un terremoto devastador y a la guerra, moría fusilado en la ciudad que eligió para casarse y criar a sus hijos, a 15 minutos de su casa. Su asesino fue en la lejana Argentina un respetable vecino alemán que se sintió tan seguro que no se cambió ni el nombre: Erich Priebke. ¿Qué pasó con Margherita y Silvana? Estuvieron en la prisión romana hasta el 10 de abril cuando, sin saber qué había sido de Raffaele, fueron trasladadas al campo de tránsito de Fossoli. El tránsito era hacia el horror. "Querido Settimio -le escribe Bice, la hermana de Raffaele a su otro hermano, en abril de 1944-, no sé si te enteraste por la persona encargada de mantenerte informado sobre Silvana que (ella y Margherita) se han ido, pero nadie sabe adónde... Aún no sabemos nada de Raffaele, pero ya no tiene sentido tener esperanzas. Revivo aquellos terribles días del terremoto, cuando estaba la incertidumbre por nuestros seres queridos. Tengo el corazón destrozado...". Margherita y Silvana llegaron a Fossoli el 12 de abril. El 18 Margherita le escribe a una amiga: "Estamos al aire libre y hay gente joven por aquí, así que mi hija pasa tiempo con ellos. Tengo un favor más que pedirte. Deberías enviarme algo de dinero... también necesitaría zapatos resistentes con calcetines de lana, suéteres y ropa de recambio... Envíame noticias, especialmente de Raffaele. Que Dios nos ayude, y adiós. ¡Besos!". Cuando Margherita escribió esas líneas, su esposo Raffaele llevaba muerto 25 días. Los soldados de Priebke lo habían fusilado el 24 de marzo. El campo de tránsito de Fossoli ya era un "campo nacional para judíos" administrado por las SS de la Alemania nazi. Fossoli fue elegido por razones estratégicas: estaba cerca del ferrocarril. El 16 de mayo de 1944, Margherita y Silvana fueron embarcadas en el Convoy 10. Una de las deportadas, Goti Herskowitz, al quinto o sexto día de viaje, logró leer el destino en la pared exterior de su vagón: Auschwitz. Hasta entonces, nadie sabía dónde los llevaban. Hanna Kugler Weiss, sobreviviente del Holocausto, viajó en el mismo tren que Margherita y Silvana: "Nos hicieron entrar en un vagón vacío, sin asientos. La puerta se abría una vez al día para vaciar el cubo de excrementos y luego, si era posible, intentábamos abastecernos de agua...". Eugen Keller, un soldado de la Ordnungspolizei -la Policía de Orden de la Alemania nazi- que escoltaba el convoy, contaría después: "En Múnich hubo una parada bastante larga por primera vez. Habíamos estado viajando durante unas 12 o 16 horas sin interrupción desde Verona. Allí los ocupantes de los vagones se vieron obligados a bajar por turnos, vagón por vagón, para hacer sus necesidades. Se vieron obligados a hacerlo en las vías(...). Cuando llegamos a Auschwitz, pasamos toda la noche frente a la rampa de descarga del campo antes de que nos permitieran entrar. Las aberturas de los vagones de carga estaban bloqueadas con alambre. Los ocupantes debían tener muchísima sed, porque vi cómo estiraban las manos a través del alambre para recoger las gotas de lluvia -el tiempo era horrible- que caían de los techos. Luego los condujeron en grupos a un lugar cercano, donde varios oficiales de las SS con largas capas y usando garrotes dividían a los judíos en dos grupos, separando a los hombres y mujeres jóvenes y robustos de un lado y a los ancianos y niños del otro...". Allí, madre e hija se vieron por última vez. Silvana fue al primer grupo. Margherita, al segundo. "Era evidente que el primer grupo estaba formado por personas capacitadas para trabajar, mientras que el otro contenía a personas que no lo estaban. Mientras que los primeros eran trasladados a los barracones, los demás eran conducidos a una sala con puertas de hierro que se abrían y cerraban automáticamente...". "Los prisioneros del campo de concentración empujaban a los judíos a la fuerza a esa sala y los golpeaban con garrotes. Los judíos emitían fuertes gritos y gemidos. Al ver aquello, me dirigí hacia la gran puerta que estaba abierta de par en par y así pude observar que cada vez más judíos se agolpaban en la habitación, y que los que ya estaban dentro se estaban desvistiendo o ya estaban desnudos...". "Más tarde supe que la gran habitación era una cámara de gas en la que los judíos, después de que les cortaran el pelo a las mujeres, eran asesinados. Para persuadirlos de que se desnudaran, les decían que tenían que ducharse de nuevo antes de entrar en el campo...". "En ese momento llegaba tal cantidad de trenes que casi no podían quemar los cadáveres en los crematorios y algunos cuerpos tuvieron que ser destruidos con lanzallamas...". Margherita llegó enferma, no superó el proceso de *selección* y fue enviada inmediatamente a las cámaras de gas. Fue asesinada el 23 de mayo de 1944, a los 47 años. Su hija Silvana permaneció en Auschwitz durante varios meses antes de ser enviada a Bergen-Belsen, donde murió de tifus el 12 de abril de 1945, sólo tres días antes de que tropas del Ejército Británico liberaran ese campo de concentración. El cuerpo de Raffaele fue identificado en las Fosas Ardeatinas por su hermano Settimio -aquel con quien había sobrevivido al terremoto cuando eran chicos- gracias a una camisa que le había llevado a la prisión. Ahora el otoño vibra en las calles de Roma, que laten unos 10 metros arriba de aquellas donde transcurría la vida en la ciudad imperial, sepultadas por las capas de los siglos. Las piedras de tropiezo nos zamarrean para que el olvido tampoco pueda enterrar la historia reciente. Víctimas. Margherita Bondi y Raffaele Milano se casaron en la Gran Sinagoga de Roma. Margherita (arriba, derecha) y Silvana, hija de la pareja (abajo), fueron enviadas a Auschwitz. Adoquines de la memoria. Están en la puerta de un edificio donde se alquilan habitaciones para turistas. Es el lugar donde vivía la familia arrestada por los fascistas y masacrada por los nazis, en una tranquila calle romana del centro de la ciudad, a 300 metros del Coliseo. LA CIFRA. 100.000 adoquines de la memoria hay colocados en más de 2.000 ciudades de 30 países de Europa. La masacre de las Fosas Ardeatinas: una venganza de Hitler ejecutada a máxima velocidad Erich Priebke era capitán de las temibles SS nazis cuando el 23 de marzo de 1944 miembros de la resistencia partisana pusieron una bomba cerca de donde marchaban tropas nazis y mataron a 33 alemanes. Hitler se enteró de inmediato y ordenó ejecutar a 10 civiles italianos por cada soldado alemán muerto. La lista llegó a 335 personas, elegidas entre presos condenados a muerte, judíos detenidos a la espera de ser deportados y personas acusadas de terrorismo pero dejadas en libertad por falta de pruebas. En esa lista entró Raffaele Milano, el esposo de Margherita y padre de Silvana, que estaba detenido con ellas en Roma a la espera de la deportación. El 24 de marzo, el capitán Priebke junto a su compañero de las SS Karl Hass llevaron a los seleccionados a las Fosas Ardeatinas, los bajaron de los camiones en grupos de a cinco y los ejecutaron con disparos en la nuca. En 1946 Priebke escapó hacia la Argentina y se instaló en Bariloche, donde vivió casi 50 años como un vecino ejemplar al que todos conocían como Erico. En 1994, un periodista estadounidense lo encontró y le preguntó por la masacre. Priebke admitió ser aquel capitán y dijo que actuó de ese modo porque recibió órdenes superiores. Al año siguiente fue extraditado a Italia, donde terminó condenado a prisión perpetua. Murió en arresto domiciliario en octubre de 2013. Tenía 100 años. Menciones: Margherita Bondi Milano, Raffaele Milano, Silvana Milano, Auschwitz, Roma, Gran Sinagoga de Roma, Bariloche, Coliseo, Ciudad Eterna, Bergen-Belsen, Ana Frank, Amsterdam, Berlín, Gunter Demnig, Piazza Venezia, Mussolini, Via dei Querceti 24, Sezze, Jerusalén, Giancarlo Onorati, Clarín, Avezzano, Settimio, Bice, Primera Guerra Mundial, Partido Nacional Fascista (PNF), Benito Mussolini, Manifiesto de la Raza, Ministerio del Interior, Regina Coeli, Trastevere, Fosas Ardeatinas, Erich Priebke, Argent
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