31/10/2026 Clarín - Nota - Sumario - Pag. 3
Tiburón, Delfín y Mojarrita: Los Superagentes en las Cataratas Ignacio Miri En 1979 se estrenó en los cines "Los Superagentes no se rompen, y son argentinos". Fue la sexta de una saga de películas lanzada en 1974, y que contaba las aventuras y problemas de Tiburón, Delfín y Mojarrita, tres grotescos 007 argentinos encarnados por Ricardo Bauleo, Víctor Bo y Julio De Grazia. "Los Superagentes no se rompen" fue el único episodio ambientado en las Cataratas del Iguazú. No tuvo tanto éxito, y tampoco fue tan desopilante, como la remake que se estrenó esta semana, con el operativo que el Gobierno argentino montó en ese mismo escenario para colaborar con el envío de Flávio Bolsonaro hacia Estados Unidos. Fue una operación secreta organizada por Washington, pero cualquier argentino con un teléfono en la mano puede buscar en los medios de comunicación y en un minuto enterarse en qué avión viajó Bolsonaro, con quiénes voló y qué documentos tenían, cómo se llama la azafata que les sirvió la cena, dónde fue la escala, cuánto costó el vuelo y de qué color es el tapizado de los asientos del avión. Con ese mismo celular se puede buscar también en Youtube el video de la transmisión que hizo la televisión mostrando en vivo y en directo al avión de los Bolsonaro en el aeropuerto de Puerto Iguazú, el carreteo de la aeronave y las combis con patente brasileña que llevaron a su equipo hasta allí. También es posible encontrar en un minuto dónde se hospedaron los funcionarios y dirigentes libertarios que dieron soporte a la operación, el nombre, la foto y la imagen del registro de conducir del ¿ex? agente de la DEA (la oficina antidrogas de EEUU) que manejaba la camioneta que trasladó a esos dirigentes. Además, se supo que ese ¿ex? agente de la DEA es funcionario del área de seguridad de Yacyretá. Sería agotador seguir encadenando todos los datos que se hicieron públicos sobre el operativo, apabullantes incluso para la imaginación de los guionistas de la saga de Tiburón, Delfín y Mojarrita. Clarín publicó también lo que hicieron los Bolsonaro antes de subir al avión, otra comedia de acción con perseguidos pero sin perseguidores, que dejó en claro que las fuerzas de seguridad brasileñas, y el propio vencedor de Bolsonaro Jr., Luis Ignacio Lula Da Silva, no tenían ninguna intención de impedir que el candidato derrotado saliera del país. A Lula, y también a la estabilidad de su propio gobierno, le sirve mucho más un Bolsonaro fugitivo que tener a dos miembros de la misma familia política encarcelados en Brasil. Por eso es que Lula hizo conocer su descontento con la decisión del juez de la Corte, Alexandre de Moraes, que mandó perseguir al rival del presidente no bien terminaron las elecciones. Esa jugada puso al mundo a hablar de la desventura de Bolsonaro y no de la hazaña que acababa de encabezar Lula: dar vuelta una elección que parecía perdida y asegurarse un cuarto mandato para confirmarse como el hombre más importante de la historia del Brasil moderno. Lula llegó a Brasilia en 2003 y pudo hacer muchos de los cambios que lo convirtieron en lo que hoy es gracias a los que los historiadores llaman "El boom de los commodities", un período inusualmente largo de suba del precio de las materias primas a nivel mundial que comenzó con el nuevo milenio y terminó hace poco más de diez años. En ese tiempo, zonas del mundo habitualmente castigadas como América latina y África vieron cómo mejoraban sus cuentas externas, porque lo que vendían -granos, carne y otros alimentos, minerales y metales y petróleo- se encarecía más rápido que los bienes manufacturados y servicios que compraban. En América latina esa bonanza les sirvió a los gobiernos progresistas para transferir parte de esas ganancias de los exportadores a jugadores del mercado interno y surgieron en toda la región políticas de mitigación de la pobreza financiadas con esas transferencias. Populistas y no populistas, casi todos construyeron artefactos políticos fuertes sobre esas fuentes de prosperidad. En la Argentina ese ciclo fue el de los Kirchner -con cuatro gobiernos en 20 años- pero el líder más importante de esa ola progresista en América latina fue, y todavía es, Lula, que consiguió cimentar una fortaleza política que encabezará hasta 2031. Hoy, Javier Milei está parado sobre un nuevo manantial de recursos. Preside una Argentina que disfruta de una situación económica internacional muy favorable y que, si se usa una expresión que se hizo famosa hace algunos años, tiene el "viento de cola". Los economistas prefieren hablar de los "términos del intercambio", el diagnóstico técnico que compara los precios de los bienes que un país vende con las cotizaciones globales de lo que compra. Hoy, la Argentina vende caro y compra relativamente barato -tiene términos del intercambio altos- como ocurría hace dos décadas, pero la gestión del Presidente le agregó una diferencia: ahora hay recesión. Un estudio de la consultora Analytica, de Ricardo Delgado, sostiene que, al menos desde 2004, cuando se inicia la serie del Indec que permite comparar los datos, esta es una situación completamente única. El trabajo dice que la de hoy es la recesión con términos de intercambio más altos de toda la serie -hoy están en poco más de 144 puntos- y a la vez indica que, con términos del intercambio comparables a estos, la economía casi invariablemente encadenó períodos de crecimiento. Ese diagnóstico, que muestra una Argentina parada mientras le entran dólares por las orejas, abre dos preguntas muy profundas acerca de Milei. La primera es: ¿qué alianza o fortaleza política está construyendo Milei con este veranito que le regaló el mundo? La segunda es más inquietante: ¿qué va a hacer el Gobierno, que hoy tiene problemas para reactivar la economía, si este verano se interrumpe? Esas dos preguntas son las que le impiden al Gobierno bajar el riesgo país y atraer inversiones que sirvan para reactivar. Una economía parada y una política sin consistencia arman una combinación más peligrosa que los villanos que enfrentaban Tiburón, Delfín y Mojarrita. MH EL NIÑO RODRÍGUEZ A Lula le sirve más tener a un Bolsonaro fugitivo que a dos Bolsonaro presos Milei es el primer Presidente desde 2004 que tiene "viento de cola" y recesión. Menciones: Ricardo Bauleo, Víctor Bo, Julio De Grazia, Cataratas del Iguazú, Flávio Bolsonaro, Estados Unidos, Washington, Puerto Iguazú, Youtube, DEA, EEUU, Yacyretá, Lula, Clarín, Luis Ignacio Lula Da Silva, Alexandre de Moraes, Brasil, Kirchner, Javier Milei, Analytica, Ricardo Delgado, Indec, América latina, África, Tiburón, Delfín, Mojarrita, cnot
![]() |
||
31/10/2026 Clarín - Nota - Sumario - Pag. 3






