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18/10/2026 Perfil.com - Nota
¿Cómo puede la Argentina perforar el piso del 2% mensual? Carlos Burgueño - Periodista. Lic. en Ciencia Política. Máster en Economía y Sociología El alza de precios cedió, pero no logra bajar del 2% mensual. La oposición recuerda que a fines de 2015 los índices privados marcaban cifras parecidas, aunque omite de dónde se venía entonces y de dónde ahora. ¿Cómo bajar ese piso estructural? En Israel, una protesta masiva contra los sobreprecios de los monopolios derivó en un consenso social. Hace unos meses, Lucas Llach dio, desde la ortodoxia, una definición exacta. Al analizar el dato de inflación de marzo, de 3,4%, publicó en sus redes que el alza de los precios era “un hueso duro de roer”. Entre el segundo y el tercer trimestre del año, la variable comenzó a ceder hasta la actual batalla por establecerse tenuemente por debajo del 2%. Y allí parece que se mantendrá hasta diciembre, tendencia que el Quinto Piso del Ministerio de Economía reconoció con realismo, al incluir en el proyecto de Presupuesto 2027 una inflación de 21,1% entre enero y diciembre. Ese algo menos de 2% mensual resulta una pelea desigual para los bolsillos de las familias argentinas, que difícilmente consigan aumentos al mismo ritmo del IPC. Esta estabilidad de los precios entre el 1,5% y el 2% es mirada por la oposición, que esboza leves sonrisas ante la falta de caída del indomable índice del INDEC. Poco puede hablar, en realidad, el peronismo, que viene de años de truchar el INDEC en general y el IPC en particular. Pero cada tanto, para mostrar las falencias del gobierno de Javier Milei, se recuerda que al final de la gestión de Cristina Fernández de Kirchner el índice de inflación “Congreso” (el promedio de lo que medían las consultoras privadas) se ubicó entre 1,5% y 2,3% mensual entre julio y diciembre de 2015. El argumento opositor insiste en que son porcentajes similares a los actuales, pero sin ajuste y sin rezar mensualmente el padrenuestro del superávit fiscal primario. El concepto puede ser cierto, con dos salvedades. En ese mismo tiempo, el INDEC intervenido calculaba un IPC de 11% para todo 2015. Esto es, menos de 1% mensual. Un absurdo. Además, una inflación similar a la actual debe interpretarse según de dónde se viene. Hoy, el IPC que pelea el 2% viene de meses en los que los precios subían a dos dígitos. En cambio, en aquel 2015 de inflación oficialmente oculta, se recordaban los años de la posconvertibilidad, con Roberto Lavagna como ministro de Economía y una inflación de 6%, pero anual. No es lo mismo mostrar un 2% mensual desde una inflación del 30% que el mismo 2% desde una de 6% anual. Como sea, el porcentaje actual pelea contra un 2% estructural difícil de vencer. Surge entonces la pregunta sobre cómo encarar el problema. Y una buena solución puede ser analizar qué hicieron otros países con problemas inflacionarios similares. La Revolución del Cottage. Así se llamó en Israel a la revuelta popular de mediados de 2011, que cambió radicalmente, y para mejor, la economía del país. El 5% de la población (unas 500.000 personas) salió a la calle. No por el eterno conflicto con los vecinos árabes, sino por un disparador inusitado: una serie de notas periodísticas que mostraban que el queso cottage, el preferido de las mesas familiares, costaba en el país 35% más que en Europa. La explicación era que el proveedor dominante, la láctea Tnuva, tenía el mercado interno cooptado, con fuertes barreras a la importación, subsidios del Estado y créditos blandos. La indignación se generalizó y provocó que comenzaran a discutirse todos los precios de la economía: servicios públicos, celulares, alimentos, combustibles y transporte. El Gobierno advirtió que, en todos los casos, proteger a unas 20 familias que dominaban todos los sectores implicaba pagar sobreprecios de entre 20% y 35% respecto de los mercados europeos. Y, lo peor, la primera respuesta de las autoridades (el primer ministro era Benjamín Netanyahu, en una versión bastante más pobre que la actual) fue justificar los precios y pedirle a la población que colaborara y no protestara. La consecuencia fue que el elegantísimo bulevar Rothschild, en Tel Aviv, se llenó de gente y la clase media protagonizó una protesta masiva inédita. A partir de allí, el clima cambió. De una inflación del 350% en los 80, bajó a menos del 2% y algunos años llegó a la deflación: en 2020, año de pandemia, los precios cayeron 0,7%. Tras la crisis de 2011, los precios generales bajaron un 5%, con casos testigo como los celulares (80% en cuatro años) y los taxis (20%). Y esto sin bajar la presión impositiva, que los israelíes consideran muy alta. El IVA es de 18% y no existen tributos criollos como el impuesto al cheque o Ingresos Brutos. Hoy está realmente mal visto el empresario que maneja parte de su economía en negro, y también el consumidor o el empleado que lo permite. Quien lo hace es señalado como un antipatriota que priva a la nación de recursos para la defensa y la educación. La sociedad es la propia policía de los precios, sin necesidad de intervenciones directas de los gobiernos. ¿Qué llevó a Israel a vencer la inflación, y a que no regrese? Un acuerdo de Estado entre toda la sociedad. Un compromiso general entre políticos oficialistas y opositores, empresarios y consumidores, sobre un norte a mantener. Reglas de juego claras. Y que todos las respeten. En definitiva, un consenso. ¿Puede la Argentina lograr un acuerdo de este tipo? ¿Podrían libertarios, macristas, peronistas y kirchneristas comprometerse en un acuerdo político y económico para vencer primero el alza de los precios y luego perforar el 1% mensual? ¿Y que dure años? Los últimos cruces entre los protagonistas no invitan al optimismo. La grieta, en frases El 29 de septiembre, durante su exposición en el CFO Summit 2026 ante empresarios e inversores, el ministro de Economía, Luis Caputo, calificó al gobernador bonaerense Axel Kicillof como “el anticristo”. El 27 de marzo, tras conocerse el fallo favorable a la Argentina en el juicio por la expropiación de YPF, Javier Milei dijo: “Tuvimos que venir a arreglar lo que hizo el inútil, imbécil, incompetente de Kicillof”, y habló de “la corrupta y presidiaria Cristina Fernández de Kirchner”. El 14 de octubre, el diputado Máximo Kirchner afirmó que Mauricio Macri fue “el peor presidente” que vio, peor incluso que Milei. Y en agosto de 2025, en plena campaña bonaerense, Kicillof había definido a Milei como “un payaso” y lo había acusado de configurar “una estafa electoral”. Y todo así.
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