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11/10/2026 La Nación - Nota - Política - Pag. 20

Crece la informalidad laboral en el país y llega al 70% entre los cuentapropistas del conurbano
Silvia Stang

Un puesto de venta de pan; una pequeña peluquería; la prestación de servicios de reparación de electrodomésticos o de transporte de cercanías. En el conurbano bonaerense, el 70,2% de los cuentapropistas trabaja en la informalidad, según consigna un informe del Observatorio Económico Social de la Universidad Nacional de Rosario, basado en los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec.
En la población urbana de todo el país, el dato promedio del segundo trimestre de este año indica que, entre quienes trabajan por cuentapropia, el 65,8% está en la informalidad, a la vez que, entre los asalariados, la falta de aportes jubilatorios alcanza al 37,9%. El índice de informalidad promedio de todo el universo de trabajadores es de 45 por ciento.
El índice de informalidad en el cuentapropismo del conurbano bonaerense –el centro urbano más poblado del país– no es el más alto. En rigor, el ranking -con datos del primer trimestre de este año, últimos disponibles- lo encabezan la ciudad de Formosa (87,9%), el Gran Tucumán y Tafí Viejo (87,6%), las ciudades de Santiago del Estero y La Banda (87,5%), el Gran Resistencia (84%) y el Gran San Juan (83%). Por su parte, la ciudad de Buenos Aires (32,8%), las ciudades fueguinas de Ushuaia y Río Grande (43,1%), Mar del Plata y Batán (42,7%) y Bahía Blanca y Cerri (43%) muestran los índices más bajos.
Los datos constituyen una muestra de dos rasgos del mercado laboral. Uno es la mayor incidencia de la informalidad en el cuentapropismo, el segmento que en los últimos tiempos gana espacio. Otro es la heterogeneidad geográfica de la problemática del trabajo al margen de las normas y, muchas veces, precario.
Entre otras características negativas, la informalidad laboral implica en la mayoría de los casos la ausencia de aportes jubilatorios, falta de cobertura por accidentes de trabajo, menor acceso a obras sociales, mayor inestabilidad laboral y menores ingresos promedio.
Entre el cuarto trimestre de 2023 y el segundo de este año, la participación del cuentapropismo en el total de las ocupaciones subió, según el Indec, del 22,6% al 25,5%, y la de los asalariados cayó del 73,7% al 70,5% (las diferencias para completar el 100% se explican por los patrones y los trabajadores familiares).
En ese período, la informalidad medida sobre el universo total de ocupados pasó del 41,4 al 45 por ciento.
Un trabajo del Observatorio de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) llevado adelante por los economistas Germán Tessmer y Bárbara Boggiano desarrolló un modelo estadístico para estimar la informalidad en tiempos previos al inicio de la difusión de esos datos por parte del Indec. El resultado muestra una tendencia creciente del problema desde, al menos, fines de 2016, que se interrumpió en 2020 por la fuerte pérdida de puestos no registrados como efecto de la cuarentena durante la pandemia de Covid-19.
La tendencia no solo se explica por el mayor cuentapropismo porque, de hecho, creció el índice de asalariados sin aportes: era del 33,6% a fines de 2016 y es de 37,9% este año.
Las brechas
¿Qué ocurre según el lugar del país con la tasa de informalidad total, que abarca a asalariados e independientes?
Los datos consignados en el trabajo de la UNR, surgidos de analizar la EPH, muestran que el centro urbano con más alta tasa es el Gran San Juan, con el 60,9% (52% de informalidad entre asalariados y 83% entre cuentapropistas). Le siguen el Gran Tucumán y Tafí Viejo, con el 56,2% (44,8% entre asalariados y 87,6% entre independientes), y las ciudades de Santiago del Estero y La Banda, con el 55,1% (44,6% y 87,5%, en cada caso).
En el área metropolitana, el índice de la ciudad de Buenos Aires es de 26%, y el de los partidos del conurbano, de 47,5%. En el distrito porteño es informal el 25,6% de los dependientes y el 32,8% de los cuentapropistas, en tanto que en el conurbano bonaerense los índices son del 40,5% y 70,2%. En el primer caso, el cuentapropismo reúne al 18,2% de los ocupados y, en el segundo, al 24,4 por ciento.
En el Gran Córdoba y el Gran Rosario, grandes centros urbanos con industrias instaladas, la informalidad total es de 48,5% y de 40,9%, en cada caso.
El avance del cuentapropismo explica en parte el alza de la informalidad, dado que la brecha entre la falta de formalización en uno y en otro grupo es persistente.
Otro hecho que se mantiene es la informalidad más alta en sectores como servicio doméstico (este año, del 77,4%), construcción (76,2%), gastronomía y alojamientos (63,9%) y comercio (54,7%).
El análisis por sectores "obliga a matizar la idea de que el cuentapropismo es sinónimo de informalidad", advierte Tessmer. Hay actividades en las cuales el trabajo independiente tiene un nivel de formalidad relativamente alto. En los servicios de información y comunicación y en los servicios profesionales, científicos y técnicos, los informales son el 33,9% y el 19,2%. "El cuentapropismo informal masivo no es el programador que factura al exterior: es el del oficio, el comercio y el servicio personal", agrega.
Frente al crecimiento de la informalidad laboral, la Confederación General del Trabajo (CGT) entiende que la extensión de esta modalidad implica una pérdida de derechos para los empleados y un debilitamiento de los sistemas de seguridad social. Además, los dirigentes sindicales sostienen que el aumento del cuentapropismo y del empleo no registrado erosiona el financiamiento de las obras sociales y del sistema previsional.
En tanto, para la Unión Industrial Argentina, la informalidad se vincula con los altos costos laborales no salariales, la presión tributaria, la baja productividad y las dificultades que enfrentan muchas pequeñas y medianas empresas. El sector empresarial suele plantear la necesidad de reformas e incentivos para favorecer la registración laboral.
Las causas
¿Qué explican las brechas en la informalidad? "Uno tendería a pensar que el norte es más informal porque tiene más cuentapropistas; pero si al noroeste le diéramos la misma composición de asalariados y cuentapropistas de la Patagonia, su informalidad bajaría apenas unos 2,6 puntos porcentuales sobre una brecha promedio de casi 26 puntos", señala Tessmer. En las localidades patagónicas, la participación de los informales en el total de ocupados es de entre el 18% y el 33,5%; en los centros urbanos del noroeste, de entre 43,9% y 56,2%, y en los del noreste, de entre 51,9% y 53,8 por ciento.
El economista identifica entre las causas más relevantes de las brechas la estructura de producción, la productividad y el tamaño de las empresas. "Donde predominan actividades de alta productividad y empresas más grandes, como las de hidrocarburos, minería y electrónica, el empleo tiende a ser más registrado", afirma. Por otra parte, apunta al peso que tienen sobre los salarios los costos del registro; esa carga es proporcionalmente más alta en las localidades con ingresos más bajos (por lo general, las del norte).
La participación del sector público y la aplicación (o no) de fiscalizaciones tienen su influencia, según el economista. El empleo estatal es casi todo formal y, en lugares como La Rioja y Catamarca, supera un tercio de los ocupados. En esas dos ciudades, la informalidad es de 43,9% y 45,1% y no está entre las más altas.
Respecto de las políticas públicas, el informe señala el impacto del régimen de promoción industrial de Tierra del Fuego. Más allá del debate sobre costos y efectividad, Ushuaia y Río Grande conforman el conjunto urbano más formal cuando se considera a asalariados e independientes. Agrega que hay estudios que mostraron que las rebajas de las contribuciones patronales diferenciadas por región no aportaron mucho a la formalización.
Paul Segal, profesor de Economía en el IAE Business School, sostiene que en la informalidad hay una paradoja: los actores que deberían combatirla –gobiernos, empresas formales, trabajadores y sindicatos– suelen tolerarla en algunas de sus formas, cada uno por sus razones.
El economista coincide en que la cuestión de la productividad es relevante para explicar las brechas. Y analiza que en el sur hay creación de empleos formales por la explotación de hidrocarburos y el tipo de empresas de esa actividad. A nivel país, advierte, no se crean puestos de alta productividad. Por Vaca Muerta, "el caso de Neuquén –en la ciudad capital la informalidad es del 26,4%– es muy bueno. Y se genera alguna expansión del efecto por los vínculos con proveedores, que hacen que haya más empleo también en otros lugares", pero no son muchas esas ocupaciones.
"La esperanza de que la informalidad se solucione depende de la inversión, del crecimiento y del tipo de crecimiento", concluye Segal. Enfatiza que los problemas de infraestructura generan un freno, y sostiene: "No hay país que crezca sin un buen nivel de inversión pública".

La informalidad laboral implica la ausencia de aportes jubilatorios, falta de cobertura por accidentes de trabajo, menor acceso a obra social, inestabilidad laboral y menores ingresos promedio

Un problema creciente y heterogéneo
Infografías con datos de las ocupaciones laborales en el margen: Tasa de informalidad sobre el total de ocupados (período 2023-2026), informalidad por categoría laboral, informalidad en el AMBA y los cinco lugares con mayor informalidad.


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