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11/10/2026 Perfil.com - Nota

Carta de un argentino-brasileño
Jorge Fontevecchia - Cofundador de Editorial Perfil - CEO de Perfil Network.

Un amigo argentino nacionalizado brasileño que hace un cuarto de siglo votaba por Lula, cuando inicialmente muchos mirábamos con desconfianza a quien desafiaba a un Fernando Henrique Cardoso lleno de virtudes, hoy ve a un Lula diferente. Preocupado por mi dificultad para comprender el triunfo de Bolsonaro, me escribió los comentarios que deseo compartir con los lectores de PERFIL:
1) Siempre voté a Lula, excepto esta vez. Lo votaba porque Brasil necesitaba un cambio que, en principio, solo él podía producir.
2) Ahora, tampoco voté a Bolsonaro. Voté a Ronaldo Caiado, con 35 años en la política, jamás denunciado, gobernador de Goiás, el estado más seguro del país y con un excelente nivel de vida.
Brasil está en coma:
3) Bolsonaro padre me parece un idiota relevante. Nunca lo disimuló. En sus años en el Congreso jamás hizo un aporte considerable. Cuando fue elegido, lo fue porque la herencia que Lula dejó, con Dilma, había iniciado su destrucción (y a Lula lo metieron preso para evitar el riesgo de que, aun así, le ganase).
4) En su campaña a Bolsonaro le clavaron un puñal en el estómago que no lo mató y le dio el aura de víctima (como la viudez a Cristina, o incluso más).
Clase media hundida por un modelo errado:
5) Bolsonaro instaló la idea de “nosotros no vamos a robar”, algo que la población quería escuchar porque emergía del caso Lava Jato, en el que se le hizo creer a la gente que Lula era corrupto (no el PT, sino Lula).
Emprendedorismo:
6) Lula fue encarcelado para impedirle competir en las elecciones. Para mí está claro que Lula no fue corrupto en lo personal, pero permitió que el PT lo fuera. Fue parte de su propia fosa, ayudó a cavarla en ese sentido. A pesar de que Dilma sufrió un impeachment por incompetencia, nunca se la denunció por haberse quedado siquiera con un alfiler.
7) El éxito de aquellos primeros gobiernos lulistas se produjo dentro de un marco internacional favorable que ya no existe.
8) A Bolsonaro le tocó la pandemia. Él fue pésimo; su gobierno (en economía), no. Lo inverso de Lula.
Empresas estatales ineficientes:
9) Lula volvió al gobierno tras su injusta cárcel lleno de odio y deseos de revancha. Quiere quedar en la historia como el salvador de los pobres. Se convirtió en un populista ineficiente. Regala dinero, algo que se interpreta como una compra de votos para perpetuarse en el poder durante su vejez y dejar una imagen de “yo soy Gardel”.
Se olvidó del país. Solo subsidia a los pobres a fuerza de impuestos y más impuestos. Fue de terror, fiscalmente, lo que hizo en estos cuatro años. Quiere castigar a los ricos y mete en la misma bolsa a los empresarios, como si todos fueran dueños de grandes fortunas. Se llevó puesta a la clase media, afectando el bolsillo de todos. Como aquí hay más pobres que clase media, la única manera que encuentra de lograr que lo adoren es castigar a la sociedad entera con impuestos sin que nada vuelva en obras o mejoras: todo va a las Bolsas Familia, sin percibir que a la larga termina perjudicándolos.
10) Bolsonaro, además de aquella puñalada, ahora tiene la cárcel, que vuelve a convertirlo en una víctima de una injusticia. Se lo condenó a 27 años de prisión por un golpe de Estado que, según mi interpretación, existió en la intención de un grupo de extremistas, sin que se haya demostrado que él lo motivara o ayudara a concretarlo, aunque no hizo nada para impedir que ocurriera.
Impuestos abusivos:
11) Como ese grupo que destruyó el Congreso también atacó la sede del Poder Judicial, hubo revancha contra él. Y contra quienes actuaron ese día. Una peluquera del sur, que escribió con grafiti sobre una estatua y fue condenada a 14 años de prisión (Débora Rodrigues dos Santos, conocida en Brasil como Débora del lápiz labial rojo con el que escribió “Perdeu, mané” (Perdiste, idiota) sobre la estatua La Justicia, frente al Supremo Tribunal Federal). Quedó claro, a mi entender, que no eran fallos justos: era otra cosa.
Valores invertidos:
12) Como consecuencia de lo anterior, entró en escena lo que nunca debería haber ocurrido: el Poder Judicial. Se politizó de manera escandalosa, por su exposición en la televisión y en las redes sociales. Comenzaron a producirse votaciones del plenario en las que, ante cualquier cuestión que favoreciera a la izquierda, ya se sabía quiénes votarían a favor, independientemente de que fuera lo correcto o no. Lo mismo ocurría con la derecha. Apenas un par de los once integrantes son neutrales.
13) Es tan importante el Poder Judicial porque nada se resuelve en los otros poderes, que están divididos como jamás lo estuvieron. Todo termina en el Supremo, que tiene un récord de causas por resolver. Y porque en el último año apareció el caso del Banco Master, de Daniel Vorcaro, que puso de manifiesto la corrupción no solo de diputados y senadores, algo que considero demostrado, sino también, y tal vez peor por la cantidad de operaciones y dinero involucrado, de miembros del Supremo. Los compró a casi todos. Cuando no pudo hacerlo con el propio ministro, compró a su esposa o a sus hijos. Porque no solo compró políticos: también compró la maquinaria técnica del funcionariado, como los fiscalizadores del Banco Central. Una maquinaria en general petista, que siempre fue protegida por Lula. Allí se cayó todo. Vorcaro, un genio del mal, demostró que Brasil es un país corrupto en cualquier nivel del poder.
14) Como la Constitución brasileña está hecha a la medida del país, es un desastre. Los miembros del Supremo Tribunal solo pueden ser destituidos mediante un impeachment, pero quien tiene la facultad de dar curso a ese procedimiento es el presidente del Senado, cuya corrupción, especialmente en el caso Master, considero que también quedó comprobada. Estaba enojado con Lula, pero se reconciliaron hace unos meses para protegerse mutuamente. El nuevo presidente designará a tres nuevos jueces del Supremo. Si gana Lula, serán de izquierda, que hoy tiene un ministro más que la derecha y pasaría a contar con una amplia mayoría. Si gana la derecha, conseguirá nombrar a esos tres jueces, con los que revertirá la mayoría.
El ejemplo de Thatcher:
15) Si ganase Lula, Brasil ciertamente profundizará sus actuales políticas populistas, que endeudan al país, empobrecen a la clase media, incomodan a los ricos y no les resuelven nada a los pobres. Si ganase la derecha, existe una posibilidad de que el agujero no siga profundizándose. Será difícil resolver rápidamente los problemas actuales, pero hay una esperanza, aunque el presidente sea un Bolsonaro, menos idiota que el padre, pero un Bolsonaro al fin.
16) La gran diferencia entre el gobierno de Bolsonaro y el de Lula es que Bolsonaro, por saberse incompetente y no contar con un partido con historia, nombró ministros técnicos, casi todos muy buenos. Y eso quedó claro. Es indiscutible que el ministro de Economía, Paulo Guedes, hizo una gestión espectacular a pesar de la pandemia. Lula, por el contrario, nunca tuvo siquiera un equipo aceptable. En economía solo se distinguió Palocci; el resto fue insatisfactorio. Especialmente Guido Mantega, que continuó con Dilma después de Lula y que el año pasado fue quien le llevó, fuera de agenda, a Vorcaro a Lula, a la propia sede del gobierno.
17) El bolsonarismo insinúa que repetirá aquellos equipos de ministros, lo que alienta las expectativas, especialmente en economía. Del lulismo ya se sabe qué esperar: petistas sin competencia, pero fieles a Lula. Eso compromete, principalmente, al propio Lula, que parece no advertirlo. Y tiene que ver con la votación del domingo pasado.
18) La política internacional es más relevante que nunca y Lula parece estar siempre del lado equivocado. Dijo que quería ser Premio Nobel de la Paz, como Trump. Se propuso solucionar el conflicto israelí-palestino. Obviamente, nadie lo escuchó. Quiere trascendencia. Poder ya tiene. Busca el bronce que lo eternice. Por el contrario, los Bolsonaro están del lado de Estados Unidos, especialmente de Trump. Y aquí, en Brasil, Estados Unidos tiene una imagen, un peso y una relevancia mucho mayores que en la Argentina. Estados Unidos es el sueño de los brasileños desde siempre. Representa para los brasileños bastante más de lo que significó, hasta ahora, Europa para los argentinos.
19) Con este cuadro general, si esta lectura es correcta, sería imposible que Bolsonaro perdiera la segunda vuelta. Debería ganarla por seis puntos, porque la izquierda es Lula y solo Lula. Ni siquiera el PT lo ayuda. En cambio, Bolsonaro tiene a todo el resto. Todos los demás son de derecha o, en el mejor de los casos, de centro (como yo), que, frente al panorama actual, vemos en Lula la decadencia de Brasil y en Bolsonaro una posibilidad de que sus ministros corrijan lo que hizo Lula en este gobierno.
20) Te adjunto unos videos de la expresidenta de la Caixa Econômica Federal durante el gobierno de Jair Bolsonaro, a quien algunos incluso consideran candidata a ministra de Economía de Flávio Bolsonaro. Estos videos te ayudarán a comprender mejor qué votan quienes votan por Bolsonaro.


#75354807   Modificada: 11/10/2026 00:37 Cotización de la nota: $1.385.949
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