10/10/2026 Página 12 - Nota - Sociedad - Pag. 16
Todo listo para la gran cita feminista en Córdoba Euge Murillo Ya llegaron las primeras delegaciones. Habrá cien talleres y trescientas actividades culturales, marchas y ollas populares para reagruparse en tiempos de avance de la ultraderecha. "Vamos a volver a tener una ciudad tomada", dicen unas históricas militantes cordobesas mientras a la ciudad capital empiezan a llegar las delegaciones más tempranas al Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans y No Binaries. Son las que no quieren perderse la previa de un encuentro que del sábado a este lunes promete masividad y vuelve a poner en el centro la transversalidad como alternativa opositora al gobierno. Hace tiempo que el Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans y No Binaries no tenía como sede un lugar tan accesible geográficamente y con tanta historia militante. La última referencia podría ser La Plata, en 2019, antes de la pandemia. Después vinieron dos años sin Encuentro y le siguieron San Luis, Bariloche, Jujuy y Corrientes: provincias que sostuvieron esa estructura federal de casi 40 años de historia, pero en las que la crisis económica, profundizada en los últimos años, hizo muy difícil que el Encuentro lograra hacer de su sede una "ciudad tomada". Esta vez el centro del país será el escenario para sacudir la imaginación política en un momento en que cruje todo aquello por lo que los feminismos vienen luchando hace décadas. Es la tierra donde, en noviembre del año pasado, Samuel Tobares, de 34 años, murió después de un operativo policial en una garita de colectivos de la ruta 38, muy cerca de Carlos Paz, mientras le gritaban "Puto de mierda". Los activismos LGTBIQ denuncian la muerte de Tobares como un crimen de odio y la narran y visibilizan en un contexto en el que la violencia institucional avanza, la precariedad de las vidas se vuelve extrema, el extractivismo se profundiza y el racismo y el fascismo siguen siendo la gimnasia cotidiana que practica el gobierno. También es la tierra donde, semanas antes de que se cumplieran 11 años del primer Ni Una Menos, Agostina Vega fue víctima de un femicidio por el que está acusado Claudio Barrelier, y donde, a comienzos de este año, Vica Monteros, arquitecta trans de 44 años, fue asesinada a puñaladas en su casa de barrio Alberdi. En las últimas horas, la feminista vasca Nekane Txapartegi fue deportada en Ezeiza cuando viajaba desde Suiza para cubrir el Encuentro. No es la primera vez que los Encuentros son escenario de represiones policiales y detenciones arbitrarias: sucedió en Mar del Plata en 2015 y en Rosario en 2016, con escenas que en el gobierno libertario se volvieron semanales frente al Congreso, contra jubilados y jubiladas. ¿Por qué importa que exista un lugar así en este momento? Mientras el gobierno desarma políticas públicas que costaron décadas, niega la violencia de género y hace de la crueldad un método, el Encuentro sigue siendo uno de los pocos espacios masivos, autoconvocados y autogestivos donde miles de personas pueden juntarse a componer en colectivo. Es una muestra de que en aulas prestadas, con ollas compartidas, en la diferencia, en la discusión y en el consenso, se puede resistir y construir. En un tiempo que empuja a la salida individual, sostener eso es en sí mismo un gesto político. Durante tres días, escuelas, plazas, facultades y calles de Córdoba se van a convertir en lugares para pensar, discutir y divertirse: desde los talleres hasta las marchas, desde la Olla Travesti hasta un Día Zero que se pregunta si el apocalipsis tecnofascista es la única historia posible. Agitar la imaginación, en este tiempo, también es una forma de resistencia. Noe Gall es feminista y no forma parte de la Comisión Organizadora, pero colabora como encargada de las escuelas de uno de los talleres (las escuelas son donde se aloja la gente y suceden los más de 100 talleres del Encuentro) y viene siguiendo de cerca a sus compañeras: "En este contexto que estamos viviendo, que el sujeto político más castigado se reúna a pensarse, a organizarse, a abrazarse, a escucharse, ya es un montón. Ya es una potencia hermosa". Lo que más admira es el método, el de construir el consenso: "No se vota una medida por mayorías o minorías, sino que se conversa y se construye ese consenso". Y lo pone en contexto: "En estos tiempos de inmediatez, de pluriempleo, de gente rota y con hambre, que se tomen el tiempo de dedicarle sábados enteros a construir consensos con personas que piensan muy distinto, para mí ya es el logro". Además, destaca que llegaron a la organización autogestiva muchas personas que antes no sabían lo que era el Encuentro: "Hay muchas personas que se acercaron a la organización y que nunca participaron de un Encuentro. Entonces había que explicar todo de cero: las dinámicas de los talleres, que no es un encuentro feminista en sí mismo, que vienen un montón de mujeres y que el objetivo es que participen mujeres e identidades que quizás no están empapadas de las discusiones en las que nosotras estamos, pero que tengan la posibilidad de charlar, de escuchar, de reconocerse como sujeto político". Noe Gall recuerda un cántico que suena siempre en las asambleas: "Qué momento, qué momento, a pesar de todo les hicimos el Encuentro". Da cuenta de las dificultades que afrontan las comisiones organizadoras para pensar, discutir, consensuar y darle cuerpo a semejante evento. "En ese ‘a pesar de todo’ entran tantas cosas. No solamente la derecha, el fascismo, el hambre, vivir endeudadas, vivir cansadas y enfermas, sino también las lógicas patriarcales y verticalistas que nos imponen y nos enseñan, el desfinanciamiento de las universidades públicas. A pesar de todo, a pesar de las diferencias, a pesar de las injusticias, a pesar, a pesar, a pesar, se logra encontrarse construyendo colectivamente, trabajando muy minuciosamente, con mucha paciencia y con mucha convicción para que salga", dice en diálogo con Página|12. Para Andrea Lacombe, antropóloga y lesbiana, el momento exige volver al origen. "En estos tiempos de avanzada ultraliberal en términos económicos, pero conservadora en lo que respecta a las moralidades que intentan avasallar las subjetividades no heteronormadas ni blancas, el espacio de debate y acuerpamiento del Encuentro Plurinacional es primordial para reagruparnos y ensayar nuevas imaginaciones", dice. Y agrega: "El Encuentro ha sido históricamente un lugar de creación de otras formas de hacer política. Es necesario rescatar ese espíritu del consenso y la discusión horizontal para enfrentar la maquinaria heteropatriarcal". Sobre lo que el territorio traerá a los talleres, Lacombe espera "que el debate por la tierra comunal, la disputa por el territorio, la recuperación de un Estado solidario e inclusivo sean ejes primordiales". Y suma: "Es necesario sostener la transversalidad de las luchas, reconociendo al fascismo como el enemigo a enfrentar". Para Noe Gall, lo que va a atravesar el Encuentro es algo más urgente que cualquier agenda. Lo cuenta con una escena: "El otro día salí a caminar por la costanera con mis perras. Le han puesto luces, unos puentes, un parque, Córdoba se ve hermosa. Veo un noticiero y un camarógrafo y pensé que estaban haciendo una nota sobre la gente que usa el parque, pero no: habían encontrado a alguien muerto, alguien que vivía en situación de calle". Y sigue: "No se puede pensar con hambre, no se puede estudiar con hambre, no se puede vivir con hambre. Hay algo de eso que es visceral y urgente", dice. El Encuentro de este año va a tener más de 300 actividades culturales, además de los talleres y de la gran marcha del domingo. Pero también habrá ollas populares: "Hay una urgencia que, cada vez que aparece, paraliza todo, porque suena ridículo lo que estás discutiendo al lado del hambre". Si algo mostraron los Encuentros en 40 años de existencia es que hay voluntad, organización y cuerpos puestos al servicio de otros, trabajando gratuitamente horas y horas durante más de un año para que acontezca", dice Noe. Junto a la emergencia, van a estar "las formas reparatorias: el abrazo colectivo, la marea, volver a encontrarnos, volver a reconocernos, volver a mirarnos". Porque Córdoba, insiste, es un territorio complejo, pero también "sabe de muchas resistencias y rebeldías". Se prepara una gran jornada de la diversidad en la capital cordobesa. | José Nico Mientras, el Gobierno desarma políticas públicas que costaron décadas, niega la violencia de género y hace de la crueldad un método. 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