10/10/2026 Página 12 - Nota - El País - Pag. 4
Timberos Luis Bruschtein Se han escrito decenas, centenas de explicaciones sobre la derrota en primera vuelta de un candidato racional como Lula frente a un zoquete como Flávio Bolsonaro. En un gran país como Brasil. Mil explicaciones que aclaran solo algunos rincones aislados. En lo general, hubo una sociedad que se vio reflejada y eligió a un zoquete para que la gobierne. Muy parecido a lo que pasó en Argentina. Conclusión: los que piensan aquí que este gobierno ha sido tan malo que le ganaría cualquiera yerran a la bocha. En 2027 habrá una elección difícil y la oposición tendrá que ponerse las pilas y dejar los internismos si quiere ganar. Lo demás son enfoques parciales: que la mejora económica no bajó a todos los sectores, que la inseguridad creció en las grandes ciudades, que el petismo no manejó las redes, que la clase media baja es aspiracional, que la teología de la prosperidad de las ultramillonarias iglesias neopentecostales. Son explicaciones del no voto a Lula. Pero ninguna explica el voto a un lego incompetente cuyo único mérito es ser hijo de otro lego incompetente. En Argentina y en Brasil, la derecha tiene capacidad para ofrecer candidatos con idoneidad, pero propone a los estrafalarios. El mismo perfil que Donald Trump, otro cachafaz. La derecha gana con anticandidatos que proponen distopías, o sea, antiutopías, mundos hostiles. Algunos dicen que eso pasa en todo el mundo. Pero es solo el naufragio de Occidente, arrastrado por la inevitable decadencia de los Estados Unidos. Es un naufragio material que se traslada a su universo político y cultural, muy ilustrado por las filosofías de algunos de los tecnomagnates que ven a la democracia como un obstáculo del capitalismo y el progreso y que proponen cerrar las universidades y reemplazarlas con pasantías en las grandes corporaciones o dicen que la competencia es un obstáculo para la innovación, que solo se desarrolla dentro de la lógica del monopolio. Pero queda una luz, un escalón de la esperanza. Porque tanto Javier Milei como Flávio Bolsonaro ganaron por escaso margen. Hay una porción importante de la sociedad que no se dejó encandilar por los monigotes de la derecha. Pudieron ver al monigote que se esconde detrás del discurso antipolítico, antisindical y, en general, contra cualquier forma de organización solidaria de los más humildes. Las mujeres son las que menos se han dejado engañar, según todas las encuestas. Si no quedara esa ventana abierta, habría que resignarse y convertirse en parte de la nueva África, colgados de un imperio rapaz en su decadencia, como lo fue el continente africano, arrastrado por la decadencia de los imperios europeos en el siglo pasado. La oposición en Argentina tiene dónde buscar respaldo. Pero a esa selva de necesidades extremas no se puede llegar con pequeñas peleas o con discursos de laboratorio. La solución consiste en mostrar un programa de metas económicas. El programa está en los reclamos de los sectores populares, en lo que se entienda y vaya directamente a las necesidades. El programa son los reclamos y las necesidades. Las estrategias son parte del debate. Cuando se hace al revés, se aleja a la gente. Y el portavoz, o sea, el candidato, tiene que ser creíble y presencial. Las redes y los medios son herramientas necesarias, pero los candidatos populares tienen desventaja en esos planos porque los medios tradicionales responden a la derecha y porque la lógica de las redes, ofensiva, violenta y consignista, es incómoda para las propuestas populares, que deben romper un muro de difamación y prejuicios. La presencia, el contacto directo, constituyeron la forma más eficaz, aunque más limitada, para contrarrestar la campaña mediática ofensiva. Así fue la primera campaña de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, donde fue de menos a más después de recorrer los pueblos bonaerenses. La famosa campaña del Clio. Y también está la presencia de la militancia como sostén directo de la relación con la gente en los barrios. En esos dos carriles, el peronismo siempre tuvo ventaja cuando los supo aplicar. El modelo que proponen los libertarios se expresó en una imagen de la semana que mostró a los estudiantes en una sentada en la Secretaría de Educación para defender la decisión de la Justicia, que exigió al Gobierno aumentar el presupuesto educativo. Los que no acatan la decisión de la Justicia expulsaron a los estudiantes por no respetar las instituciones. Al revés de la milanesa. Pero el absurdo en su máxima expresión fue el episodio del Banco Central y el oro que atesora en algún lugar del planeta y cuyo paradero se resiste a dilucidar. En un país donde el equipo económico ha castigado a los jubilados, a los discapacitados y a los trabajadores, el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, perdió mil millones de dólares en una operación financiera que puso al oro de los argentinos como garantía. Bausili esfumó mil millones de dólares y va lo más campante, mientras que los jubilados y los discapacitados son arrastrados a la desesperación. Nadie sabe adónde guardaron el oro y todos suponen que se trata de un banco londinense. Estados Unidos ha requisado el oro de Venezuela y se han tomado medidas confiscatorias con los depósitos fuera de su territorio de origen de países como la Federación Rusa, Irán, Libia y otros. Nadie sabe dónde está el oro, pero el equipo económico lo metió en la timba internacional y perdió, y los responsables siguen como si nada. El ajuste es con los humildes y los que tienen poco. Pero ni los discapacitados ni los jubilados gastaron mil millones de dólares en el exterior. Con ajuste y viento de cola en el campo y el petróleo, y una balanza comercial con récord histórico a favor, la inflación se mantiene amesetada, han cerrado más de 30 mil empresas, hay desocupación y pluriempleo con salarios de hambre y la economía se achicó. No hay crecimiento. Después de haber aconsejado mano dura, ahora los organismos financieros internacionales y las consultoras aconsejan aflojar. Es un año electoral y ya se habla de que rodará la cabeza del ministro Luis Caputo. Si Bausili o el mismo Caputo renunciaran o fueran echados, se irían a vivir a Manhattan, al igual que otros miembros de su equipo. Total, la mayoría de sus fortunas están en el exterior y las han acrecentado, al revés que los argentinos, que han perdido mil millones de dólares. Ellos ganan y los argentinos pierden. Y, cuando se van, tienen casa en Manhattan. Esos mil millones de dólares eran también de los que votaron a este gobierno. No tienen derecho a la queja; el único derecho que tienen es a cambiar el voto. Pero este es el mundo de los Bolsonaro, los Milei y los Trump. Muchos de los que perdieron lo volverán a votar. Se equivocan los que creen que la salida de Caputo es la derrota final de este modelo de castigo y empobrecimiento. El nombre ya no importa. Patricia Bullrich trata de diferenciarse, pero habla la misma lengua del ajuste y la represión. El país seguirá rumbo al desastre si la oposición se duerme en sus rencillas. Menciones: Lula, Flávio Bolsonaro, Brasil, Argentina, Donald Trump, Estados Unidos, Occidente, África, Javier Milei, Axel Kicillof, provincia de Buenos Aires, Clio, Secretaría de Educación, Justicia, Banco Central, Santiago Bausili, Venezuela, Federación Rusa, Irán, Libia, Luis Caputo, Manhattan, Patricia Bullrich, cnot
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