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04/10/2026 La Nación - Nota - El Mundo - Pag. 4

Brasil llega a las urnas dividido y con el equilibrio regional en juego
Marcelo Silva de Sousa
Lula busca un cuarto mandato frente a Flavio Bolsonaro en una primera vuelta marcada por la polarización, el avance de la derecha en América Latina y la influencia de Trump

BRASILIA.- Brasil llega hoy a las urnas como la pieza que falta en un mapa regional que, elección tras elección, se fue tiñendo de derecha. Después de Bolivia, Chile, Perú y Colombia, el gigante sudamericano define si el presidente Luiz Inacio Lula da Silva consigue a sus 80 años un cuarto mandato y queda como el último gran dique de la izquierda, o si el senador Flavio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente preso por haber tramado un golpe de Estado, completa el giro bajo la mirada atenta de los Estados Unidos.
Esa mirada dejó de ser una metáfora en las últimas horas. Anteayer, Estados Unidos cerró su embajada en Brasilia y sus consulados en el país por una supuesta amenaza de bomba, que la Policía Federal investigó sin encontrar elementos que confirmaran el riesgo. La campaña de Lula pidió a la Justicia Electoral que el episodio se investigue como posible interferencia externa y atribuyó la orden al secretario de Estado, Marco Rubio. Donald Trump, que el jueves había definido la elección como "muy importante" para su país, avisó un día después que la seguirá de cerca.
No fue la primera alarma. El jueves, la Abogacía General de la Unión (AGU) pidió a la Policía Federal y a la Procuraduría que investiguen si el Departamento de Estado norteamericano destinó un millón de dólares a organizaciones que actúan en Brasil contra el Supremo Tribunal Federal (STF). En el Palacio del Planalto sospechan, además, que la campaña de Flavio recibió financiamiento de una red de donantes cofundada por el vicepresidente estadounidense J. D. Vance. El senador lo niega.
Lo que está en juego excede a Brasil. El país concentra cerca de la mitad del PBI y de la población de América del Sur y es, junto con México, el último gran contrapeso a una ola que en dos años llevó al poder a José Antonio Kast en Chile, Rodrigo Paz en Bolivia, Abelardo de la Espriella en Colombia y Keiko Fujimori en Perú, además de reelegir a Daniel Noboa en Ecuador y fortalecer a Javier Milei en las legislativas.
La relación con Trump atravesó toda la campaña. La Casa Blanca impuso aranceles a productos brasileños y sanciones a funcionarios por lo que consideró una persecución contra Jair Bolsonaro, condenado a más de 27 años de cárcel por la trama golpista que siguió a su derrota de 2022 y preso desde el año pasado. Inhabilitado, el expresidente ungió en diciembre a su hijo, a quien Trump recibió en mayo en la Casa Blanca y que en marzo, ante la conferencia conservadora CPAC, describió a Brasil como "el campo de batalla donde se disputará el futuro del hemisferio". Lula respondió con la bandera de la soberanía: "Brasil no cabe en el patio de nadie", dijo días atrás ante la ONU.
El PT admite que ésta es la elección "más difícil de su historia". Según el último Datafolha, Lula tiene 42% de intención de voto contra 38% de Flavio -45% a 42% en votos válidos- y en un eventual balotaje aparecen en empate técnico, 47% a 46%. La última Quaest, divulgada ayer, mostró un escenario todavía más ajustado para una segunda vuelta: Flavio 44% y Lula 42%, también dentro del margen de error; 13% votaría en blanco, nulo o no concurriría y 1% permanece indeciso.
Hace cuatro años, a esta altura, Lula le llevaba 14 puntos a Bolsonaro padre y terminó ganando la segunda vuelta por apenas dos millones de votos. Los dos cargan ahora con el mismo rechazo: 45% dice que no los votaría de ninguna manera. El resto de los candidatos suma 11 puntos.
Dos modelos
Lula, que gobernó entre 2003 y 2010 y volvió al poder en 2023, disputa su séptima elección presidencial. Flavio Bolsonaro, de 45 años y senador por Río de Janeiro, la primera. Los programas reflejan dos modelos. Lula promete reducir la jornada laboral a 40 horas semanales sin baja salarial, sostener los programas sociales, crear un Ministerio de Seguridad Pública y llegar a la deforestación cero en 2030. Flavio, inspirado en Milei, ofrece un "tijeretazo" al Estado, con recorte de ministerios y baja de impuestos. También propone mano dura contra el crimen, cinco cárceles de máxima seguridad y límites al poder del Supremo.
El protagonista inesperado de este ciclo electoral fue el Poder Judicial. El escándalo por la caída del Banco Master salpicó a Bolsonaro, que le había pedido 134 millones de reales para una película sobre su padre, y a Alexandre de Moraes: el estudio de abogados de su esposa había firmado con el banco un contrato por 131 millones de reales. Un pedido de investigación contra Moraes, impulsado por un juez designado por Bolsonaro, partió al tribunal en dos bandos, y la pelea se trasladó a la campaña con fallos individuales y contradictorios.
El jueves, una jueza electoral prohibió mostrar el atril vacío de Lula en el debate de TV Globo, al que había decidido no ir. Flavio se bajó denunciando censura y la emisora canceló el programa. Los dos favoritos no se cruzaron ni una vez. El senador pide ahora un "voto de bronca" contra los jueces y recuerda que el próximo presidente podrá nombrar a cuatro de los once miembros de la corte.
Nada de eso entusiasmó a la calle. El 47% de los brasileños cree que la sociedad está menos interesada en esta elección que en 2022, según Datafolha. Analistas describen esta campaña como la menos movilizada desde el regreso de la democracia y, más que de apatía, hablan de "resaca": un votante que se involucró mucho en 2018 y 2022 y ahora está cansado.
En la recta final, cada uno jugó a lo suyo. Lula, a evitar la abstención, con llamados a votar a los mayores de 70 años y a los más pobres, su base más fiel. Bolsonaro, al voto útil de la derecha, para absorber a los candidatos menores y cerrar la elección en primera vuelta. En el comando de Lula hay alivio por las medidas de las últimas semanas. A 17 días de la elección, el presidente aumentó 15% el Bolsa Família y a nueve días prohibió las apuestas online. "Lula estaba estancado y Flavio venía en una leve suba. Pero se invirtieron las curvas", dijo a LA NACION una fuente oficialista, que suma otro factor: la noticia falsa según la cual Flavio le quitaría a Nuestra Señora Aparecida el título de patrona de Brasil.
Al balotaje
La misma fuente admitió que lo más probable es un balotaje y señaló el punto más débil: "La abstención juega en contra nuestro, porque quien no va a votar generalmente es el elector de bajos ingresos".
En el bolsonarismo la confianza es otra. "Si alguien tiene chances de ganar en primera vuelta es Flavio, no Lula", dijo a LA NACION Filipe Barros, diputado del núcleo duro bolsonarista y candidato a senador por Paraná, que asegura que en los sondeos internos el senador ya está al frente. "La gente dice que ahora va con Flavio porque la familia está endeudada, porque el hijo no consigue empleo, porque la carne está cara", contó.
Pero aun un segundo puesto a pocos puntos de Lula no sería un mal resultado para el candidato opositor, admiten en reserva en el comando bolsonarista. "Los otros candidatos, por más que midan poco, son de derecha. Ninguno va a apoyar a Lula", razonan. Entre los cuatro que siguen a los favoritos sumaban unos 11 puntos de los votos válidos.
Más de 158 millones de brasileños están habilitados para votar entre las 8 y las 17, con urna electrónica, y elegirán también a los 27 gobernadores, dos tercios del Senado y toda la Cámara de Diputados.
Para Leandro Gabiati, doctor en Ciencia Política y director de la consultora Dominium, habrá que mirar dos cosas esta noche. La primera, la abstención, que en 2022 rozó el 21%, más de 30 millones de personas, en una disputa que en segunda vuelta puede definirse por "un millón de votos o menos". La segunda, los resultados estaduales, sobre todo en San Pablo: si el gobernador Tarcísio de Freitas es reelegido, habrá que ver cuánto se compromete con Flavio en un eventual balotaje.
El temor es lo que pueda venir después. En Brasil, la Justicia Electoral organiza la elección, la fiscaliza y proclama al ganador: el mismo poder que se desgastó en la campaña con interferencias excesivas deberá arbitrar un resultado que puede ser mínimo, y una eventual impugnación llegaría a un tribunal partido y con su legitimidad cuestionada, advierten analistas.

Lula da Silva, durante una caminata de cierre de campaña, en San Pablo


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