Logo Ejes
03/10/2026 Página 12 - Nota - Contratapa - Pag. 32

La casta del fin del mundo
Sandra Russo

Al día siguiente de su salida a la calle, el nuevo libro de Naomi Klein, End Times Fascism, en coautoría con la filósofa Astra Taylor, ya estaba primero en la lista del NYT. Las redes reprodujeron párrafos que se multiplicaron. En este caso, se trata de un atípico producto de consumo, un dardo en la frente del celador.
Hay una necesidad generalizada de entender un poco mejor este tiempo agónico que nos tocó vivir, y que padecemos de la mañana a la noche sin respiro. La realidad no parece una vigilia, sino una turbia alucinación.
Hacemos circular conceptos que parecen iluminar alguna faz nueva de este bicho tecnológico que viene mezclado con pastores y rabinos, con delirantes e incapaces que son elegidos presidentes, con ludopatía de masas, como en Brasil, que mañana definirá en gran parte la suerte de esta región.
Los sectores populares brasileños están tan descentrados que se juegan la Bolsa Familia en apuestas on line. Aquí medio país está endeudado porque necesitaba medicamentos o comida. En Brasil el injerencismo tecnológico y neoevangélico fabricó un arma psicológica terrible que afecta la salud mental de los pobres al mismo tiempo que diluye las políticas sociales. Son el diablo, que nunca es bueno pese a lo que dice Peter Thiel.
Lula tuvo ahora el gesto enérgico de prohibirlas y eso apuntaló su imagen porque le crea enemigos. Subió en las encuestas porque tocó un hueso. El narco. No hay avenida del medio posible.
Mañana, de todos modos, estaremos cortando clavos. El ataque estadounidense al fiscal boliviano que lleva la causa Cerimedo muestra el rasti que están armando desde el norte. No lo disimulan. Es la obscenidad senil del trumpismo. Y van a seguir haciendo fraude. Es su naturaleza.
No sé cuándo se contemplará en los respectivos parlamentos que no puede competir en elecciones libres una fuerza política que proponga la supresión de personas a través de políticas económicas. Es obvio pero todavía invisible el permiso que les hemos dado, sin ser capaces de prohibir lo que haya que prohibir para asegurar la supervivencia de la población.
La pregunta que estorba y perturba es: cómo puede ser que nos siga dando tanto trabajo hacer que millones de personas vuelvan en sí. Vemos a Milei, a Kast, a De La Espriella, a Keiko Fujimori, a Flavio Bolsonaro. Son a todas luces cachivaches regalones de los dos carniceros. ¿Cómo fue que la conciencia de clase de nuestros pueblos falleció? Tenemos algunas respuestas: el poder dominante del Occidente agónico ha cambiado las condiciones materiales de los trabajadores, los ha aislado y desindicalizado, y lo ha hecho, desde el principio, con los desarrolladores de las nuevas tecnologías en diálogo permanente con la elite global, en algunos casos Epstein mediante.
El libro de Klein y Taylor trae asociaciones y hallazgos al respecto. Y una vez más lo ha hecho Klein, una inteligente lectora de época, que desde 1999 viene acertando al detectar la estructura de un poder dominante que no se deja leer porque confunde. Lo hizo con No logo, cuando las corporaciones empezaban a tomar el poder político en "Occidente", luego con La doctrina del shock, para explicar la paralización de los pueblos ante ataques en todos los frentes que caracterizó la segunda ola neoliberal.
Ahora, ante esto monstruoso que sucede, para empezar, localiza "tres universos" que funcionan imbricados: el fundamentalismo religioso, los magnates tecnológicos y el nacionalismo étnico. Las autoras afirman que no es una doctrina o un corpus lo que une a las ultraderechas, sino una relación con el tiempo.
Caracterizan los fascismos del siglo XX como grandes creadores de promesas. Hablaban de un futuro grandioso y de pujanza. Las ultraderechas hoy no hablan de futuro. En el futuro que tienen en mente no hay nada que compartir, porque para la humanidad no lo hay. Ellos no intentan detener la catástrofe, la aceleran. Y trabajan a toda velocidad por su propia supervivencia.
Esto hace sentido no solo con los bunkers de miles de metros que los extranjeros están haciendo en las montañas patagónicas, sino también con las tropelías de la Corte Suprema.
La extranjerización de este país sirve al saqueo y sirve a una conversión en esa absurda tierra prometida, quién sabe por quién, a la casta del fin de los tiempos. En estas circunstancias gravísimas y de total vulnerabilidad, la Corte jugó a traición, y así debe ser tratada. Sin ninguno de los miramientos que esta Corte jamás ha tenido para el pueblo argentino.


Menciones: Naomi Klein, End Times Fascism, Astra Taylor, NYT, Brasil, Bolsa Familia, Peter Thiel, Lula, Bolivia, Cerimedo, Milei, Kast, De La Espriella, Keiko Fujimori, Flavio Bolsonaro, Epstein, No logo, La doctrina del shock, Occidente, Corte Suprema, Argentina, cnot


#74881967   Modificada: 03/10/2026 04:01 Superficie artículo: 660.66 cm²
Cotización de la nota: $35.056.774
Audiencia: 22.950