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03/10/2026 Página 12 - Nota - Economía - Pag. 14

La estabilidad como promesa
Mara Pedrazzoli
Durante el Coloquio, los asistentes coincidieron en reclamar "paciencia y continuidad". Paradojas y la pregunta sobre inversión.

El año electoral se adelantó y el Gobierno llega al debate con una carta casi excluyente: presentarse como garante de la estabilidad. En el Coloquio de IDEA, empresarios y funcionarios coincidieron en reclamar "paciencia y continuidad", desplazando la discusión desde los resultados presentes hacia una expectativa futura. El problema es que ni la promesa de estabilidad está garantizada y que tampoco los costos que acompañan al proceso son efectivamente transitorios. En este terreno, el debate económico parece acercarse peligrosamente a una cuestión de fe: creer que la estabilidad necesariamente producirá el bienestar de mañana.
El titular del Coloquio de IDEA fue "Invirtiendo la historia: 20 años, de promesa a potencia", con una apuesta clara al largo plazo. El planteo tiene este punto de partida: algunas de las variables macroeconómicas que el empresariado considera centrales -el superávit fiscal y una inflación considerablemente menor que la de los años previos- muestran hoy una mayor estabilidad. Pero esa constatación deja abierta la pregunta que recorre buena parte del coloquio: si el programa está funcionando como sus defensores sostienen, ¿por qué las inversiones todavía no aparecen con la magnitud esperada?
La respuesta que circuló entre los asistentes vuelve a poner el horizonte en una etapa posterior. "No se invierte porque no hay garantía de continuidad en el largo plazo", es el argumento. Y allí aparece una paradoja: la estabilidad que se reclama no refiere solamente a las variables macroeconómicas, sino también a la continuidad política del programa.
Los funcionarios que participaron, aunque de manera virtual, de la última jornada del Coloquio fueron explícitos en ese punto: las reformas se profundizarán si el oficialismo renueva su mandato en 2027.
El ministro de Economía, Luis Caputo, entrevistado por el presidente del Coloquio, Fabián Kon, en el Palacio de Hacienda, respondió sobre el futuro del programa con una definición escueta: "¿Cómo vamos a continuar? De la misma manera". Y en un mensaje grabado, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, insistió con el relato oficial: la gestión de Javier Milei habría sacado directamente a la Argentina del caos.
"Hace tres años nuestro país estaba asociado a lo peor del mundo (Venezuela), no se podían comprar más de dos botellas de aceite en el supermercado, y si te querías mover, estaba lleno de piquetes", sostuvo Santilli. "Todo eso ya cambió. El presidente Milei será recordado como quien nos sacó del ostracismo y liberó del caos", agregó con optimismo.
Con la misma retórica confrontativa, el jefe de Gabinete trasladó incluso la responsabilidad por la evolución de los mercados a la oposición. "Por la presencia de Kicillof en Nueva York es que cayeron los mercados", afirmó, desvinculándose plenamente del problema.
Santilli también recurrió a una metáfora aeronáutica para explicar el modelo. Según su descripción, la Argentina antes volaba con dos motores, el campo y la industria, mientras que Milei habría incorporado nuevas "turbinas": petróleo y gas, minería e industria del conocimiento. La metáfora, sin embargo, omite que la industria manufacturera fue precisamente uno de los sectores más golpeados por la dinámica del modelo.
Surt afirmó que "los costos de la estabilidad son transitorios, no permanentes". Aunque esta es una cuestión abierta. Porque para una parte significativa de la población que enfrenta pérdida de ingresos, deterioro del empleo, menor consumo y dificultades para sostener sus niveles de vida, la distinción entre un costo transitorio y uno permanente no es todavía un dato, sino una promesa.
Para Surt, la estabilidad se define a partir de alcanzar una tasa de inflación anual inferior al 10 por ciento. Según los casos de estabilización que analizó, ese proceso demandó entre seis y veinte años. La conclusión vuelve a ser la misma: paciencia.
El economista ubicó además al actual programa en ese recorrido y especuló con que la inflación podría converger al 10 por ciento en 2028. "En ese caso la estabilización nos habría tomado seis años, como a la mayoría de los países", imaginó.
La estabilidad puede ser una condición necesaria para la inversión, pero no constituye por sí misma una garantía de inversión. Tampoco garantiza que el crecimiento llegue con la velocidad suficiente ni que sus beneficios alcancen al conjunto de la sociedad. Mucho menos permite establecer de antemano cuánto durará la transición ni quiénes soportarán sus costos.

En IDEA, valoraron el programa económico del Gobierno.

La estabilidad no se refiere sólo a las variables macroeconómicas, sino también a la continuidad del programa.

El argumento que atravesó el Coloquio es que la estabilidad requiere atravesar costos en el corto plazo, pero que esos costos serían transitorios. De allí el llamado a la paciencia que también se escuchó reiteradamente en los pasillos del Sheraton. "Los países que pasaron estabilizaciones como las nuestras sufrieron en los primeros años caída del crecimiento y aumento del desempleo, algo que a Argentina no le está pasando", sostuvo Santilli. En la exposición de Matías Surt, socio-director de Invecq, la mirada fue menos triunfalista. El economista reconoció que los datos de crecimiento del segundo trimestre no fueron satisfactorios y anticipó una performance similar para el tercero. Pero tampoco consideró que hubiera motivos para una alarma mayor: "La economía no está cayendo, pero le está costando recuperar el dinamismo económico", matizó.


Menciones: Mara Pedrazzoli, Gobierno, IDEA, Luis Caputo, Fabián Kon, Palacio de Hacienda, Diego Santilli, Javier Milei, Argentina, Venezuela, Kicillof, Nueva York, Sheraton, Matías Surt, Invecq, Ceco1 cfinanE


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