27/09/2026 Clarín - Nota - Sup. Económico - Pag. 2
EL PERONISMO, EL ELECTORADO Y LAS TABLAS DE MAREAS PARA ENTENDER 2027 Ignacio Zuleta Con un piso técnico de 9 millones de sufragios, el PJ siempre construyó sus victorias en primera vuelta y jamás venció en un balotaje. Un desempeño histórico con una dinámica en forma de "W". Para entender el comportamiento electoral de los últimos 42 años de democracia es necesario desmenuzar las constantes que rigen a la política argentina, al margen de la pirotecnia del momento. Un repaso de las recurrencias e invariantes del voto permite diseñar una tabla de mareas que identifica riesgos, bajamares y pleamares que se repiten a lo largo del tiempo y facilitan la comprensión de los términos de la lucha por el poder. Esa percepción señala que el voto de los grandes distritos se inclina en favor del no peronismo y que esa adhesión de los sectores medios hacia un centro moderado ha crecido desde 1983. El peronismo, que tiene una leyenda de partido hegemónico y de poder, por el contrario, se identifica con una minoría que resiste con fortaleza y lealtad una opción que se recuesta en las provincias del norte del país y algunos distritos de la provincia de Buenos Aires. Esa tendencia debe cruzarse con otro fenómeno, que es el de la asistencia al voto. En casi medio siglo la cantidad de votantes habilitados se ha duplicado, pero contra ese crecimiento avanza una contraola de la abstención que llevó en 2025 al menor porcentaje de sufragantes de la historia contemporánea. Luces y sombras del pasado Esa tabla le señala a la oposición del pejotismo los riesgos y escollos que debe sortear si quiere conservar la competitividad que le permitió gobernar durante dos largos ciclos en el medio siglo de la transición democrática, con la exhibición de muestras sobresalientes de poder. Dos ejemplos: la posibilidad de reformar la Constitución en 1994 e imponer la reelección presidencial, y en la década siguiente, el pejotismo duhaldo-kirchnerista logró cuatro mandatos, todos ellos con la misma familia en el vértice del poder. Más peronista que eso no se consigue. Esas experiencias no han modificado la tabla de mareas que se articula siempre en favor del no pejotismo, que cuando unifica todas sus expresiones y se sindica en un programa y un candidato, le gana al peronismo. El pejotismo, por el contrario, es un prodigio de unidad si se tiene en cuenta que en el "movimiento" conviven colectividades que van de la extrema derecha a la izquierda rosada y que buscan sindicarse en conducciones caciquiles y verticalistas. Esa unidad y el culto a la personalidad de sus dirigentes -que le han dado su nombre propio al partido, "menemismo", "kirchnerismo" o "cristinismo"- no les ha permitido superar la minoría de adhesiones en la burguesía de los grandes distritos. Peor aún, su capacidad de representación ha declinado como nunca. Es el legado del ciclo duhaldo-kirchnerista. Los números de la democracia Las familias políticas argentinas perseveran en sus lealtades de fondo con mayor disciplina de la que les atribuyen los armadores de turno. Votan movidas por una lógica territorial y un sentido de pertenencia que difícilmente se perturban por las trampas del calendario o las reformas electorales de último momento. En las diez elecciones presidenciales disputadas desde 1983, las distintas variantes del peronismo ganaron seis y perdieron cuatro. Pero la masa de electores se duplicó: pasó de 17,9 millones en 1983, con un pico de participación del 85,61%, a más de 35,8 millones sobre una población de 47 millones, mientras la participación en las generales presidenciales cayó al 77% en 2023. La comparación muestra que Perón ganó en 1973 con 7,3 millones de votos (casi 62%), mientras que en la modernidad el techo de la primera vuelta lo marcaron Alberto Fernández y Cristina Kirchner con 12,9 millones de votos en 2019, y el pico absoluto de un balotaje lo alcanzó Javier Milei en 2023 con 14,55 millones. La media y el umbral de victoria La brecha entre las victorias y las derrotas consolida para el peronismo una base firme de 9 millones de votos como piso técnico. Para imponerse en una primera vuelta dentro del padrón actual se necesita promediar 13,5 millones de votos. El dato no es menor: el peronismo siempre construyó sus triunfos en la primera vuelta y jamás ganó una segunda vuelta. Frente a un balotaje convocado sin la contención del oficialismo de turno, la tendencia histórica del electorado es votar en contra del gobierno si no se logró el acuerdo en la primera vuelta. La oscilación del Peronismo: el espacio muestra una dinámica en forma de "W". Toca sus picos cuando va unificado en elecciones presidenciales (12,8 millones en 2015 y 12,9 millones en 2019) y sufre caídas drásticas en las intermedias (8,8 millones en 2017 por la fragmentación interna; 7,9 millones en 2021 y 8,3 millones en 2025 por la abstención y el castigo a la gestión). Subyace aquí el drama no resuelto entre el peronismo del AMBA -empeñado en imponer los candidatos presidenciales- y el peronismo del interior, abocado durante cuatro décadas a recortar las aspiraciones de los de los caudillos bonaerenses o porteños. La expansión del Polo No Peronista: del otro lado se observa un piso histórico de gran solidez, que rondó los 10 millones de votos entre 2017 y 2021 bajo la marca de Juntos por el Cambio. La irrupción de La Libertad Avanza funcionó como un vaso comunicante que estiró esa masa hasta rozar los 14,5 millones entre 2021 y 2023, franja en la que se ha asentado con oscilaciones menores en las legislativas de medio término. Puede esperarse que el peronismo aproveche la visita papal para relanzarse para las elecciones de 2027. León XIV hablará de justicia social y de doctrina social de la Iglesia, es decir, de peronismo. "El que no tiene límite de mandato y todo el tiempo va bien se convierte en Putin o en un hijo de Putin, que los hay por todos lados", dijo esta semana Felipe González, en un diálogo con su biógrafo. Para Milei gobernar es ceder La corriente a favor en la tabla de mareas no parece ser aprovechada por un gobierno que se instauró en 2023 por una carambola institucional llamada balotaje y que ha gobernado con el voto, la exigencia y los programas de la formación Juntos por el Cambio y sus derivados semánticos. Siendo un gobierno de minoría, no encontró la forma de construirse como una mayoría evidente que le permita sostener airoso un proyecto de reelección para 2027. Lo indica la tosquedad de su gestión, que exhibió de nuevo sus debilidades esta semana en el Senado. Logró salvar el proyecto de reforma del Banco Central a costa de cederle a la oposición lo que quería. La iniciativa vuelve a Diputados sin posibilidades de ser revertida. Pero el retablo que exhibe a su público -los votantes que le quedan o los analistas de riesgo que les dan letra a los mercados- es de debilidad extrema. ¿Para qué se embarcó el Gobierno en un debate que lo iba a exhibir en sus debilidades, las que le convendría ocultar o postergar? La gestión Milei no se juega con la reforma del BCRA y la utópica fórmula de designación de sus directores. Tampoco en la modifica- Menciones: PJ, Ignacio Zuleta, León XIV, Perón, Alberto Fernández, Cristina Kirchner, Javier Milei, AMBA, Juntos por el Cambio, La Libertad Avanza, Felipe González, Putin, Senado, Banco Central, Diputados, BCRA, Buenos Aires
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