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26/09/2026 Perfil - Nota - Internacionales - Pag. 31

Trump brindó un pomposo agasajo a Xi Jinping, pero China planteó puntos críticos
Daniel Vittar
La visita oficial del presidente chino a EE.UU. estuvo marcada por el máximo despliegue de hospitalidad y solemnidad en la Casa Blanca, incluyendo un recibimiento personal sin precedentes por parte de Donald Trump. Sin embargo, bajo la superficie de la cordialidad personal, Xi Jinping advirtió sobre el peligro de la "trampa de Tucídides" y fijó duras líneas rojas en temas clave como la soberanía de Taiwá y la feroz competencia tecnológica en IA.

La reciente visita de Estado del presidente chino, Xi Jinping, a Washington -la primera de un líder del gigante asiático en este formato en más de una década- puso de relieve la compleja y ambivalente relación entre las dos mayores potencias mundiales.
Más allá de los profundos desacuerdos geopolíticos y comerciales que dividen a ambas naciones, el acontecimiento estuvo marcado por un despliegue sin precedentes de gestos diplomáticos y cortesía personal. La Casa Blanca no escatimó en recursos para recibir a Xi Jinping y a la primera dama, Peng Liyuan, en el marco del 250º aniversario fundacional de Estados Unidos. El propio Donald Trump protagonizó un inusual recibimiento personal a pie de pista en la base aérea de Andrews el miércoles pasado, en víspera de la cumbre.
Al día siguiente, la alfombra roja incluyó salvas de honor, despliegue de trompetas y banderas, además de una suntuosa cena de Estado a la que acudieron más de 130 invitados, entre los que destacó la presencia de la élite tecnológica estadounidense con directores ejecutivos de la talla de Elon Musk (Tesla/SpaceX), Tim Cook (Apple), Mark Zuckerberg (Meta), Jensen Huang (Nvidia) y Sam Altman (OpenAI).
Como broche de oro, el mandatario estadounidense obsequió a su homólogo chino con una visita privada para supervisar las obras del futuro salón de baile de la residencia presidencial. "Ostentar, esa era la idea. El mensaje consistía en decir que ambos líderes son capaces de gestionar eficazmente las relaciones entre China y Estados Unidos dentro de límites tolerables de competencia. Ninguno de los dos dirigentes esperaba gran cosa del otro", explica Ryan Hass, del laboratorio de ideas Brookings.
Trump insistió en reivindicar una "verdadera gran amistad" y un sólido entendimiento personal con el líder asiático. Por su parte, Xi optó por la reserva habitual, limitándose a destacar la importancia de la "relación personal" y abogando por la coexistencia pacífica. Como gestos de distensión mutua, Beijing se comprometió a invitar a 100.000 jóvenes estadounidenses a programas de intercambio durante un lustro y a ceder dos pandas a un zoológico de Atlanta.
Las líneas rojas y los reclamos de Xi Jinping. A pesar del clima de cordialidad escenificada, las conversaciones oficiales destaparon los profundos contenciosos que separan a ambas superpotencias. Xi Jinping estructuró sus demandas advirtiendo sobre el peligro de caer en la "trampa de Tucídides", el fenómeno histórico por el cual una potencia emergente choca inevitablemente con una potencia hegemónica preexistente. Para contrarrestarlo, el líder chino exigió un respeto estricto a los intereses vitales de Beijing. En primer lugar, Taiwán se erigió como la línea roja infranqueable. Xi exigió a Washington tratar la cuestión "con prudencia" y oponerse abiertamente a cualquier tentativa de independencia de la isla, la cual Beijing reclama como parte inalienable de su territorio.
En segundo término, el mandatario chino interpeló a Trump respecto a Oriente Medio, reclamando un acuerdo negociado urgente con Irán -aliado estratégico de China- para frenar las consecuencias económicas y geopolíticas globales derivadas de los conflictos en la región.
Hizo lo mismo en el terreno tecnológico y de la inteligencia artificial, aunque existió un consenso general sobre la necesidad de mantener el control humano sobre los sistemas de IA, persistió una profunda desconfianza mutua debido a los severos controles de exportación de microchips y restricciones impuestos por Washington.
En materia comercial, si bien se acordó prorrogar temporalmente la tregua arancelaria hasta el mes de febrero, los expertos coinciden en que no se vislumbra una solución estructural de fondo a la rivalidad económica global. Para dimensionar esta cumbre, los analistas recuerdan que el intercambio comercial bilateral continúa operando bajo alta tensión, con previsiones de que China alcance un superávit comercial cercano al billón de dólares por segundo año consecutivo.
En el plano diplomático y técnico, la prórroga de la tregua arancelaria hasta el próximo 10 de enero -anunciada por el secretario del Tesoro, Scott Bessent- busca calmar los mercados de cara a las delicadas elecciones de medio término en Estados Unidos. Aunque los expertos coinciden en que esta medida responde más a una pausa táctica que a un reordenamiento profundo de las reglas del comercio internacional entre ambas superpotencias. Sostienen que la tregua arancelaria le permite a Trump superar las delicadas elecciones de medio mandato de noviembre.

CORDIALIDAD. Xi Jinping y Donadl Trump junto a sus esposas, tomando el té en la Casa Blanca.

El líder chino le pidió a Trump un acuerdo negociado con Irán, su aliado estratégico


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