26/09/2026 Clarín - Nota - Opinión - Pag. 28
Breve radiografía de las elecciones brasileñas Marcelo Cantelmi El desafío que espera a quien gane las elecciones en Brasil este octubre es una deuda social que amenaza jugar un papel central en la dirección del voto y que ha potenciado la irritación pública por los escándalos de corrupción que hoy se concentran en la Corte Suprema. La sensibilidad del electorado no se afirma en un escenario de desajustes macroeconómicos, como ha sido, entre otros, el caso de Argentina. La economía del gigante brasileño está en orden, con abultadas reservas de US$ 374 mil millones; inflación de 4,2%, en el rango del Banco Central; nivel récord de ocupación y un crecimiento del país, inusual por su permanencia los últimos años ( 3,2% en 2023, 3,4% en 2024 y 2,3 en 2025). Pero al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, incorrectamente caracterizado como de izquierda, le sucede algo similar a otras economías alrededor del mundo: ese esquema exitoso no derrama. Los alimentos y combustibles están caros (el diésel, que se importa un tercio del consumo, se disparó un 13,9% en el primer trimestre debido a las guerras) y las clases medias y medias bajas se endeudan porque el sueldo no alcanza. Ocurre un fenómeno que se ha dado en llamar "crédito para comer", un problema que tanto explica como agrava las extraordinarias tasas de interés en Brasil: 13,75%, 10 puntos más que la inflación. El Banco Central, cuya independencia protege una legislación del anterior gobierno provisional de Michel Temer, defiende esas políticas ortodoxas, en extremo contractivas, por un déficit fiscal que saltó al 8,2% del PBI y una deuda pública camino al 95% del Producto. El gobierno logró que los tipos bajaran cinco veces este año, pero continúan elevados atragantando la economía que en 2026 crecerá menos, 1,8%, por una caída debido a esas tasas. Por fuera de esa discusión, en la base de la pirámide estas realidades se manifiestan de modos rígidos, fulminando los ingresos. La encuesta de Endeudamiento e Inadimplencia (impagos) del Consumidor, elaborada por la Confederación Nacional del Comercio de Bienes, Servicios y Turismo, detecta que más de 8 de cada 10 familias poseen algún tipo de deuda activa. El 80% de esas obligaciones proviene de tarjetas de crédito, créditos personales y compras a plazos en comercios, y en menor medida de préstamos para vehículos o viviendas. Las familias destinan, en promedio, entre 29,6% y 33% de sus ingresos al pago de deudas. Como el camino se hace cuesta arriba, cerca de 30% de los hogares registra facturas o cuotas vencidas. De esa proporción, alrededor de 12% admite que no podrá cumplir con sus obligaciones. El auge en el uso de la tarjeta de crédito para financiar gastos esenciales -alimentación y servicios básicos-, junto con aquellas elevadas tasas de interés, explica la vulnerabilidad del consumo. El economista y sociólogo Guilherme Mello, secretario de Política Económica del Ministerio de Hacienda de Brasil, reconoce que "las familias terminan usando la tarjeta de crédito no para adquirir bienes duraderos o inversión, sino como una extensión de sus ingresos para financiar gastos básicos de alimentos y servicio, lo que genera una espiral de deuda rotativa de muy difícil salida sin la intervención del Estado". Hay otra dimensión en este problema. La Fundação Getulio Vargas señala que "el verdadero riesgo del sobreendeudamiento de los hogares no es solo el canal financiero de impago bancario, sino la asfixia del consumo privado". Añade que "cuando un hogar destina un tercio de sus ingresos al servicio de deudas, el margen de consumo real se contrae, impactando de forma directa en la actividad económica y en el crecimiento a largo plazo". Con el trasfondo de las elecciones inminentes, este panorama guarda similitudes con lo sucedido durante la campaña electoral de Donald Trump en 2024 en la cual atacó al gobierno del demócrata Joe Biden por una inflación que negaban los números macros, pero que golpeaba realmente a los consumidores. En Brasil es también hoy la narrativa electoral del rival de Lula, el ultra conservador Flávio Bolsonaro, que denuncia un costo de vida rampante y oculto por las estadísticas. Esos trasfondos explican que este desafiante, sin una historia política relevante y convertido apenas en un avatar de su padre, Jair, que tampoco fue un gran gobernante, se haya convertido en una amenaza poderosa para un veterano dirigente con tres presidencias a cuestas. Para continuar con las comparaciones, solo recordemos que el país que dejó la gestión de Biden registraba también datos muy positivos: inflación interanual en torno al 3%; desocupación de 4%; crecimiento anual de 2,8%. El problema era que los precios de la canasta familiar habían quedado con alzas en torno al 20%, debido al golpe de la pandemia de Covid, que redujo la producción y encareció insumos y mercaderías. En junio de 2022, el costo de vida en EE.UU. era de poco más de 9% anual. Biden lo redujo a menos del 3%, pero no pudo convertir esa mejora en una percepción equivalente en los bolsillos de los hogares. La respuesta a modo de voto castigo vino de millones de norteamericanos del llano, irritados porque no podían llenar la otra mitad del changuito y le dieron a Trump una victoria en toda la línea: Colegio Electoral, sufragio popular y las dos cámaras. La historia mostró que quizá no fue la mejor opción por lo errático de esta administración, sus fallas en política internacional y el desprestigio del país, pero además porque el líder republicano ignoró ese problemita del changuito. Por eso, entre otras razones, Trump está hundido en las encuestas. Son lecciones, no conviene jugar con esas consignas. El barómetro principal del votante es su bolsillo y, en tal caso, el voto deviene en una piedra arrojadiza sobre el sistema. Si se quieren más ejemplos de las consecuencias de esos disgustos, Alemania los brinda en estos días de modo elocuente con el crecimiento de la fuerza neonazi AfD, como respuesta a los ajustes de la economía y el costo social. Lula es un líder pragmático. Su decisión de avalar la exploración petrolera en la Amazonía, que estremece las espaldas de los defensores del medio ambiente y los pueblos originarios, releva dónde está mirando. Ese pragmatismo es el mismo que lo llevó en los umbrales del comicio en el que buscará su reelección, a aumentar a 134 dólares los beneficios de la Bolsa Família, un subsidio a sectores de menores recursos que desde inicios de 2023 se mantenía en 117 dólares. También, el impulso a la semana con dos feriados y la defensa del sistema de pagos PIX que EE.UU. busca limitar en beneficios de sus plásticos. También la prohibición de las apuestas deportivas, una demanda del amplio universo electoral femenino. Bolsonaro ha denunciado todo el paquete como una maniobra de campaña, pero ha evitado judicializarlo para evitar erosionar su base de apoyo. También este debate le conviene a ambos. Hoy en Brasil se habla tanto o más de estas medidas gubernamentales que de los escándalos de corrupción asociados a la quiebra fraudulenta del Banco Master del playboy Daniel Vorcaro, amigo cercano y prestamista del rival de Lula. No es claro si estas iniciativas de tono electoralista y un tanto tardías, le alcanzarán al presidente para torcer lo que parece una elección de resultado imprevisible. Jair Bolsonaro, el padre de Flávio, condenado a prisión por la Justicia por golpismo, también usó estos métodos en plena campaña en 2022 y no le dieron resultado. En aquel momento el entonces mandatario, abrumado por sondeos que pronosticaban una fácil victoria del líder del PT, limitó la recaudación de los Estados sobre la nafta, el diésel, el gas y la energía, clasificándolos como bienes de primera necesidad. Eliminó, además, la carga federal sobre esos insumos. La maniobra redujo el valor de los combustibles más de 25% entre julio y septiembre de 2022, y generó una deflación de los precios generales justo antes de la votación en octubre. Pero solo logró reducir la diferencia con su rival. Lula ahora confronta un desafío más grave y acuciante: volver a convencer que está dispuesto a mucho más que mirar en ese changuito. El costo de vida rampante y oculto por las estadísticas explica cómo Flávio Bolsonaro, sin una relevante historia política, se convirtió en amenaza para Lula. Menciones: Marcelo Cantelmi, Brasil, Argentina, Luiz Inácio Lula da Silva, Banco Central, Michel Temer, Guilherme Mello, Ministerio de Hacienda, Fundação Getulio Vargas, Donald Trump, Joe Biden, Flávio Bolsonaro, Jair Bolsonaro, Covid, EE.UU., Colegio Electoral, Alemania, AfD, Amazonía, PIX, Banco Master, Daniel Vorcaro, PT, cnot
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