06/09/2026 La Nación - Nota - Opinión - Pag. 38
La oportunidad y la ilusión trumpista Jorge Liotti Mare nostrum. "Si usted me pregunta, para mí en las Malvinas no hay petróleo en cantidades suficientes para hacer explotación comercial". Guillermo González había llegado a esa conclusión a mediados de 1995, después de haber sido el negociador principal de la Cancillería para alcanzar el único acuerdo formal que se firmó con el Reino Unido sobre el tema. Durante más de un año se había reunido en forma secreta con su contraparte británica en distintas ciudades del mundo para pulir el documento que significaba un cambio profundo en la relación bilateral. Esa declaración estableció una zona específica de 21 000 km² al sudeste de las islas, donde ambos países cooperarían para fomentar la exploración y explotación de hidrocarburos. Todo bajo la protección del paraguas de la soberanía a partir del cual se habían restablecido las relaciones. Era la primera vez después de la guerra que la Argentina lograba un reconocimiento de parte de Londres de algún tipo de derecho sobre las aguas circundantes. Como contrapartida, se aceptaba implícitamente que los isleños podrían lanzar licitaciones en otras áreas. El acuerdo nunca prosperó y en la zona conjunta no hubo ningún tipo de desarrollo. Pero los isleños sí empezaron una intensa tarea para capitalizar las otras áreas de exploración. En 2007, Néstor Kirchner decidió cancelar el pacto. Durante años la exploración petrolera isleña solo generó frustraciones, porque no había hallazgos o porque no tenían un potencial que justificara su costosa extracción offshore. Si bien en 2010 la empresa Rockhopper encontró la mayor reserva en la cuenca de Sea Lion, tardó 15 años más en avanzar, porque los costos eran muy altos, los precios de mercado no justificaban y los riesgos jurídicos del conflicto con la Argentina disuadían a posibles socios. Hasta que encontró un socio clave en la israelí Navitas y se reactivó el proyecto. En el medio cambiaron dos condiciones clave. La primera, la tecnología evolucionó de modo tal que las perforaciones cobraron mayor precisión. González no tenía esa información hace 30 años. La segunda, el precio del barril se elevó sustancialmente en los últimos tiempos, garantizando la rentabilidad del negocio. La expectativa es que a partir de 2028 se empiecen a extraer de Sea Lion 50.000 barriles diarios. Si se cumple esa proyección, la ecuación económica de las islas cambiará definitivamente porque le garantizará la previsibilidad que todavía no le garantiza la pesca del calamar (la venta de licencias representa casi el 60% de los ingresos) ni el turismo. El gran temor de fondo que siempre vivieron los kelpers residió en no poder sostener sus propias cuentas (con excepción de la defensa, que asume Gran Bretaña) y que eso lleve a una desconexión progresiva de Londres. El petróleo neutralizaría definitivamente ese fantasma. Carpe Diem. Fueron 72 horas de vértigo insular. Donald Trump, el gran provocador, arrancó el lunes con una frase con su sello: "Siempre reviso todas mis posiciones. Esa es apenas una entre muchas", respondió ante una consulta sobre la histórica posición de neutralidad de Estados Unidos frente al conflicto entre la Argentina y Gran Bretaña por las islas Malvinas. La reacción de indignación de Londres fue inmediata. Allí la impresión es que el jefe de la Casa Blanca pegó debajo del cinturón para expresar su disgusto por la falta de apoyo militar en Irán y en el presupuesto de la OTAN. En la Casa Rosada, en cambio, la frase fue interpretada como una circunstancia única para cambiar la agenda y capitalizar un tema que siempre les había reportado más disgustos que gratificaciones. La discusión se dio al día siguiente en la reunión de gabinete. El canciller Pablo Quirno informó sobre el asunto y se abrió una conversación. Gravitó la postura de Santiago Caputo, quien entendió que había una oportunidad y trató de guiar la conversación hacia la opción de armar una cadena nacional. Quienes estuvieron allí coinciden en que Milei no estaba particularmente interiorizado en el tema, pero que se entusiasmó con la propuesta. Entre el asesor y el canciller trataron de darle forma en 48 horas a una serie de iniciativas en las que venían trabajando. "Buscamos aprovechar una circunstancia, que fue la frase de Trump. Fue la excusa válida que actuó como disparador para plantarnos sobre el tema", admite francamente una de las personas que estuvo al tanto de ese movimiento. ¿Hubo algún guiño o coordinación entre la Casa Rosada y la Casa Blanca para el anuncio? En el Gobierno señalan que en Washington solo "fueron informalmente notificados" para que estuvieran al tanto. Algunos observaron sugestivamente el encuentro que Milei tuvo en Chile, pocas horas antes de grabar la cadena nacional, con la subsecretaria de Estado para la Diplomacia Pública, Sarah Rogers. Pero sí parece claro que la ofensiva de esta semana por Malvinas fue una decisión autónoma, amparada en los gestos previos de Trump. Sin embargo, hay indicios de algunos movimientos subterráneos menos perceptibles. Durante el mismo jueves de la cadena nacional, apenas un rato antes, circuló en ámbitos diplomáticos la versión de que Milei anunciaría una mediación de Estados Unidos en el tema Malvinas. El rumor era falso, pero su composición tenía algún sentido. Desde hace un tiempo hay un canal informal, a través de la línea de inteligencia, que trabaja con el objetivo de que en algún momento Trump haga un pronunciamiento que rompa el statu quo. La expectativa de máxima es que anuncie su voluntad de intervenir entre la Argentina y Gran Bretaña, como un modo de apuntalar la campaña electoral de Milei. Una especie de reversión del tuit de Scott Bessent del año pasado. De ahí para abajo, hay distintas variantes de menor voltaje. En el Gobierno reconocen estas conversaciones reservadas, "no diplomáticas", pero admiten que "a priori la idea de la mediación no parece factible". Afirman que sí están intentando que Estados Unidos incida en la presión que buscan ejercer sobre las empresas que operan en Malvinas. En definitiva, que la Casa Blanca se involucre en la nueva estrategia adoptada esta semana. Nunca será parte de las conversaciones oficiales, ni del discurso de Milei. Se mantendrá como un backchannel informal. Por ahora no pasa de ese nivel de conversación y de la categoría de expectativa. En Washington hacen silencio. Quienes conocen el entramado de Westminster aseguran que jamás una propuesta de ese tipo pasaría por el filtro del Parlamento británico por el lobby kelper y la influencia sobre un grupo de legisladores de la Falkland Island Company, empresa que históricamente manejó la economía y la vida política de las islas (y que curiosamente tiene como accionista minoritario desde 2017 al empresario argentino Eduardo Elsztain). Tampoco es fácil decodificar las señales que llegan desde Washington, porque no hay una posición uniforme. El Pentágono es el más activo en el tema Malvinas porque entiende que es una herramienta de presión sobre Londres para que aumente su gasto en defensa. De allí partieron las dos filtraciones que advertían sobre un posible cambio en la histórica postura de neutralidad. En el otro extremo se ubica el secretario de Estado, Marco Rubio, quien se encargó de relativizar aquellas filtraciones. En el medio está Trump, que parece más enojado por la falta de acompañamiento del Reino Unido en Irán y entonces se suma a la postura del Pentágono, pero sin cruzar la línea de las advertencias. Los más escépticos sostienen que una vez que Trump logre que el premier Andy Burnham atienda su reclamo, se dará vuelta y abandonará el tema. Pero de fondo también hay una visión geoestratégica renovada en Washington que apunta esencialmente a garantizar la seguridad hemisférica. Este viraje implica abandonar la lógica horizontal que imperó desde el final de la Segunda Guerra Mundial, que ató a Estados Unidos a la seguridad europea con la vista puesta en la confrontación con la Unión Soviética, y pasar a una lógica vertical para proteger el área de influencia continental, pero ahora en previsión de una disputa global con China. Bajo esta concepción adquieren trascendental importancia los pasos interoceánicos, desde el Ártico hasta la Antártida. Por esa razón Trump presionó sobre Groenlandia y el canal de Panamá, y ahora busca garantizar un entorno seguro en el Atlántico Sur. En este contexto el tema Malvinas adquiere significación porque desde el pensamiento de la Casa Blanca es una disputa irrelevante frente al objetivo superior de ahuyentar la presencia china de la zona. Res non verba. En el mensaje de Milei del jueves este abordaje integral fue replicado. El tema Malvinas fue incluido como parte de una estrategia más general que incluye Tierra del Fuego, el Atlántico Sur y, fundamentalmente, la Antártida. Es la novedad más importante del discurso porque entraña un modo de encarar el conflicto desde una visión más amplia y multifacética. Estados Unidos también inspiró otras de las novedades que anunció Milei y que desde hace tiempo venía rumiando Santiago Caputo: la creación de un Consejo de Seguridad Nacional, que integraría a actores de Defensa, Economía, Cancillería y la SIDE. Se supone que permitiría una mirada más coordinada de los asuntos estratégicos. El viernes hubo un respaldo a este proyecto cuando se decretó una partida de $218.000 millones para Defensa, mayormente para avanzar con la construcción de una base naval integrada en Tierra del Fuego y terminar la Base Petrel, en la Antártida; y de paso otros $30.519 millones adicionales para la SIDE. El capítulo de las sanciones a empresas y personas involucradas en la exploración petrolera retomó una frustrante experiencia de la etapa kirchnerista, cuando en 2011 se sancionó una ley con ese objetivo que no tuvo eficacia porque no había compañías involucradas en las islas interesadas en el continente al mismo tiempo. De hecho una de las penalizadas fue Navitas, ahora socia de Rockhopper. En el Gobierno dicen ser más optimistas ahora a partir de la revalorización del potencial hidrocarburífero de la Argentina por Vaca Muerta, que resultaría más tentador para empresas que estaban mirando las Malvinas como un objetivo. Ayer se difundió un listado de 45 firmas como un modo de demostrar determinación, y se sumarían varias más, con una novedad: el proyecto de ley que se enviará al Congreso incluirá también a prestadores de servicios logísticos, financieros, seguros, entre otros. Cancillería también gestionó el pronunciamiento de las tres principales proveedoras de servicios petroleros, que anunciaron que no intervendrán en las islas. Es la primera vez que Milei avanza con eventuales sanciones a privados a partir de la defensa de un objetivo nacional del Estado. Ya habrá tiempo para ordenar la retórica. De hecho en la cadena nacional del Presidente hubo otras licencias narrativas importantes. La primera, porque implicó un giro en su posición habitual sobre Malvinas. Desde antes de asumir el poder Milei se había mostrado comprensivo con los isleños y amable con Gran Bretaña. Ahora mutó radicalmente y volvió a la consigna de la "causa nacional" que abonaron otros gobiernos. Pero además porque su mensaje simbolizó una revalorización de ideas clásicas como el Estado, la soberanía y los derechos territoriales, a pesar de que siempre fueron conceptos ajenos a su prédica libertaria y anarquista. Un Milei desconocidamente nacionalista parece haber nacido desde el ánimo mundialista. Esa bandera, como la de Malvinas, era potestad de Victoria Villarruel en la fórmula original. Luce como un intento de recuperación de esas consignas. Pero el interrogante más profundo reside en saber si Milei está dispuesto a sostener como una política consistente su nueva estrategia hacia Malvinas. Será la única manera de disipar las naturales críticas opositoras por su carácter "oportunista". También para enfrentar el escepticismo ciudadano, que desde hace décadas viene escuchando reivindicaciones malvineras de tribuna. Menciones: Guillermo González, Donald Trump, Reino Unido, Malvinas, Gran Bretaña, Néstor Kirchner, Rockhopper, Navitas, Santiago Caputo, Pablo Quirno, Milei, Sarah Rogers, Chile, Jorge Liotti, Scott Bessent, Estados Unidos, Marco Rubio, Andy Burnham, China, Groenlandia, Panamá, Irán, Victoria Villarruel, Eduardo Elsztain, Falkland Island Company, Westminster, Vaca Muerta
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