06/09/2026 La Nación - Nota - Política - Pag. 16
"Una pesadilla". Las deudas, los juicios y la condena del pasado de Cerimedo en Mar del Plata Hugo Alconada Mon Antes de la campaña de Milei, el asesor decía ser abogado y trabajar para la AFA, pero condujo un taxi durante el verano; denuncias de estafa y la doble venta de un departamento "Una pesadilla". Más de una década después, Fernando Cerimedo todavía causa resquemores en Mar del Plata. Dejó deudas, demandó a su otrora empleador, fue condenado por vender dos veces un mismo departamento y, según relatan quienes lidiaron con él, hasta perjudicó al padre de su novia de entonces. Todo, antes de rumbear a Buenos Aires y, de la mano de Javier Milei, llegar a las grandes ligas de la política en la Argentina y el hemisferio. "Una pesadilla", insistió Daniel Florencio, quien lidió con Cerimedo más de lo que hubiera querido: empezó por alquilarle un departamento sobre Brown y Buenos Aires, y terminó con múltiples dolores de cabeza. "Decía que era abogado, que trabajaba para la AFA y que viajaba por el mundo por eso", rememoró, en alusión a la Asociación del Fútbol Argentino en las postrimerías de Julio Grondona. "Y terminamos como terminamos...". Cerimedo llegó a Florencio, hoy de 65 años, en 2013. "Apareció con la mamá y una novia", recordó, y Cerimedo se mostró resolutivo y tranquilizador. "Me pagó nueve meses de alquiler por adelantado y su pareja de entonces, una chica fantástica, se puso como garante, así que le dimos para adelante". Cerimedo argumentó que necesitaba el departamento para sus estadías en la ciudad porque debía viajar por el Mundial que se jugaría en Brasil. La primera señal inquietante llegó en diciembre de 2013, pero Florencio no la registró como dice que debió. El inquilino que se ufana de haber entrenado con los Navy Seals y pregona en su página de LinkedIn que estudió una supuesta maestría en Puerto Rico, un doctorado en la Universidad de Phoenix y cursado posgrados en Harvard y el MIT, se le apareció con un pedido inesperado. "Yo tenía siete autos trabajando en ese momento, saqué un aviso en el diario buscando choferes y el que apareció fue Cerimedo", rememoró Florencio. "Le dije: ‘Mirá, Fernando, esta actividad creo que no es para vos’, porque yo lo tenía como una persona con otro poder adquisitivo, miembro de la AFA, que viajaba por el mundo. Pero me contestó que lo necesitaba por poco tiempo, que estaba en un intervalo entre una actividad y otra". Así, Cerimedo manejó un taxi en "La Feliz". El coche pertenecía a Florencio, pero no la licencia: se la alquilaba desde hacía 22 años a una mujer mayor, Amelia Belgiovine. Y la explotación se canalizaba a través de la firma MardelTax SA, según los registros comerciales y laborales disponibles. "MardelTax funcionaba como una mandataria de taxis, con muchas licencias que aportaban los dueños", explicó el entonces presidente de aquella firma, hoy en desuso, Néstor Presta, a LA NACION. "Cerimedo estuvo muy poco tiempo ahí", detalló. "Habrá estado tres meses". Cerimedo condujo por las calles marplatenses, pero tres meses después irrumpieron las sorpresas. "Me inició una demanda laboral", detalló Florencio, que a partir de ese momento sobrellevó todo tipo de contratiempos. Su lectura, hoy, es que Cerimedo midió los tiempos: "Creo que calculó la ley laboral, que si decía que después de los 90 días ya me podía iniciar una demanda, esperó al día 91". Carlos Otamendi, el abogado que contestó la demanda, guarda un recuerdo parecido: "Esperó el plazo necesario suficiente para poder demandarlo y laburó poco, una temporada". Su síntesis de Cerimedo fue más brutal: "Un muerto de hambre". Para más precisión, Cerimedo dijo que trabajó como taxista entre el 29 de diciembre de 2013 y el 1 de abril de 2014; es decir, 104 días, según surge del pleito laboral que cotejó LA NACION. Pero Otamendi acompañó la constancia de inscripción ante la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) y la copia del telegrama de renuncia: consta que Cerimedo trabajó como "franquero" entre el 7 de enero y el 21 de marzo de 2015: 73 días, dentro del período de prueba. El juicio laboral tramitó ante el Tribunal de Trabajo N° 3 de Mar del Plata, pero no llegó a sentencia. Sin reconocer "hechos y derechos", se arribó a un acuerdo en febrero de 2015 y Cerimedo cobró $10.000 en mayo de aquel año, algo menos de $2 millones de hoy. "A mí me apremiaba que la dueña de la licencia [por Belgiovine] no estuviera preocupada. Yo le hubiese seguido el juicio, pero, asesorado por el abogado de la mandataria, a la que también demandó, tuve que ir a un arreglo", explicó Florencio. Pero los problemas para Florencio continuaron. "Nos encontramos con que Cerimedo no había pagado la luz, ni el gas del departamento que me había alquilado, y comenzaron a llovernos las multas por las infracciones de tránsito que había cometido; muchas eran por tirar el taxi en una calle con estacionamiento medido mientas visitaba a una chica que vivía en Moreno e Irigoyen", rememoró. Florencio, incluso, le atribuyó algo más: "Se me fue con la recaudación del taxi". Aquella novia que le salió de garante, tiene hoy un local por la zona del puerto, pero antes debió afrontar las deudas de servicios del departamento que dejó Cerimedo. Con el tiempo, la mujer le confió a Florencio que su propio padre pasó por algo parecido: "Lo estafó, se quedó con un auto cero kilómetro". Pero la familia nunca lo denunció. "No queríamos que hiciera nada mi papá", le explicó ella, según Florencio, que hoy atribuye esa resignación al modo en que se movía Cerimedo: "Este tipo de gente lo hace tan bien que al otro no le queda nada, ninguna prueba para reclamar". Algo parecido vivieron los deportistas que pagaron la inscripción para competir en un triatlón que anunció Cerimedo por aquellos años. Tras organizar el "2010 Mar del Plata PATCO Duathlon Pan-American Championships", el luego consultor de Milei cobró las inscripciones para otra competición, pero no se concretó y el dinero jamás volvió a los deportistas, según relataron afectados a LA NACION. Quien sí le reclamó y logró, juicio mediante, cobrarle a Cerimedo, fue un empleado de un local de viandas, Aldo Casmuz, hoy abogado. "El local de Cerimedo estaba en la avenida Jara casi Almafuerte. Me debía varios meses de sueldo, le reclamé, me pagó, luego otra vez comenzó a no pagarme y firmamos un convenio; no pagó ni la primera cuota, fuimos a juicio y terminó de pagar en 2019". Ese pleito, que tramitó ante el Tribunal de Trabajo N° 1 de Mar del Plata, se inició en noviembre de 2013 -después de que Cerimedo incumpliera un plan de cuatro cuotas acordado ante el Ministerio de Trabajo- y quedó paralizado durante años. "No teníamos de dónde agarrarnos, hasta que con las inhibiciones que le trabamos saltó que estaba trabajando, y recién ahí pudimos embargarle y cobrarle", explicó Casmuz. Lo que hizo aparecer a Cerimedo en el sistema fue su nueva vida: había abierto una empresa en Puerto Madero. Antes, la relación entre ambos había sido muy distinta. Casmuz estuvo invitado al casamiento por civil y por iglesia de Cerimedo con una psicóloga porteña, en el salón La Normandina, y hasta le prestó el quincho del edificio donde vivía, en Maral 50, para festejar su cumpleaños. Pero dejó de pagarle el salario y cuando llegaron los embargos, cambió la dinámica: "Me llamó, me mandó mensajes por Facebook, insultándome y amenazándome, que qué era esto que le iba a cobrar, lo bien que se había portado conmigo", recordó Casmuz. "Y yo le dije que buena relación era pagarme los sueldos". Otras turbulencias también llegaron a los tribunales, según reconstruyó LA NACION. En el fuero civil, por ejemplo, el intento del Banco Santander en 2011 por secuestrar un auto que Cerimedo compró con un crédito prendario, que no pagó. Y, en el fuero penal, la doble venta de un departamento en la calle Chile 2218, también en Mar del Plata. Lo vendió el 3 de mayo de 2012 a Daniela Irouleguy, por US$ 30.000, y el 25 de julio de ese mismo año, a María del Rosario Pérez Yañez y Alejandro Gabriel Real Salas, también por 30.000 dólares. "Me acuerdo de eso", rememoró Casmuz. "Yo estaba en el local de viandas cuando llegaron los compradores, un señor con su hija. Bueno, lo agredieron, le decían estafador, le quisieron romper el auto y lo insultaron...". Como defensa, Cerimedo adujo que "un apoderado había vendido nuevamente el departamento sin su consentimiento", según consta en el expediente, pero el juez no le creyó. El 23 de marzo de 2016, el Juzgado en lo Correccional N° 3 de Mar del Plata lo condenó a dos años y seis meses de prisión, de ejecución condicional, por los delitos de defraudación por desbaratamiento de derechos acordados y estafa en concurso ideal. A partir de esta condena en el fuero penal, los segundos compradores, Pérez Yañez y Real Salas, demandaron a Cerimedo por daños y perjuicios en el fuero civil. Consultado por LA NACION en octubre de 2023, Cerimedo sostuvo que aquel contrapunto había concluido con un resarcimiento. Pero tras su detención en Bolivia, el hijo de una de las afectadas, el periodista Rodrigo Lussich, lo contradijo: sostuvo que Cerimedo "jamás devolvió ese dinero" porque se declaró "insolvente". Por entonces, rememoró Lussich, Cerimedo trabajaba como remisero y solía utilizar "la esquina de Luro y Chile" como punto de referencia, a metros del departamento que vendió dos veces. "De ese tipo de personajes nació un partido político que ganó las elecciones", concluyó, "y habilitó a semejantes marginales a espacios de poder; así estamos". En diálogo con LA NACION, Florencio planteó un punto previo: "No llego a entender cómo Cerimedo llegó a asesorar a Milei". Fernando Cerimedo, tras su detención en Bolivia Menciones: Milei, Cerimedo, AFA, Mar del Plata, Hugo Alconada Mon, Fernando Cerimedo, Daniel Florencio, Brown, Buenos Aires, Javier Milei, Julio Grondona, Amelia Belgiovine, MardelTax SA, Néstor Presta, LA NACION, Carlos Otamendi, AFIP, Daniela Irouleguy, María del Rosario Pérez Yañez, Alejandro Gabriel Real Salas, Aldo Casmuz, La Normandina, Maral 50, Facebook, Banco Santander, Rodrigo Lussich, PATCO Duathlon, Chile, Luro
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