05/09/2026 Página 12 - Nota - Cultura & Espectáculos - Pag. 28
El arte de relatar la historia social y política Karina Micheletto El periodista y escritor afiló la pluma para recorrer pasiones artísticas, convicciones políticas y viñetas de vida que, aun en el dolor por su ausencia, encienden la sonrisa. La Buenos Aires que fue y la que sigue cambiando. Sus bares, Osvaldo y todos los mozos. El fútbol, River. La música, el rock, Sandro, Gieco. La política, la militancia, la cárcel, el terror. Los muertos y desaparecidos, sus vidas singulares. Las Madres, también los padres de Plaza de Mayo, su ejemplo. Las anécdotas entrañables. El universo de Hugo Soriani aparece desplegado en esta nueva edición de la Biblioteca Contratapas Página/12. Así reunidas, las contratapas que en esta selección abarcan 25 años, dan cuenta de la dimensión crítica, literaria y afectiva de quien dirigió este diario y escribió estos textos de la última página hasta su muerte, el 11 de abril de 2025, a los 71 años. El libro aparece mañana en los kioscos, como compra opcional junto al diario. Tras la publicación de los libros de Osvaldo Soriano, Guillermo Saccomanno y Eva Giberti, esta cuarta entrega dedicada a las contratapas que escribió en este diario Soriani tiene el prólogo de su gran amigo, León Gieco. Precede a las de María Moreno, Juan Gelman, Antonio Dal Masetto, Rodrigo Fresán, José Pablo Feinmann, Osvaldo Bayer, Horacio González y Eduardo Galeano, que se irán publicando mes a mes. Hugo Soriani tuvo características que lo hicieron un cronista nato. Era un tipo que sabía mirar, que estaba atento al detalle, a lo que veía que pasaba y les pasaba a los otros. Que sabía cultivar el arte de la conversación, y sacar conversación, ese deporte en extinción. De un tramo en subte podía sacar un tema de producción de domingo, con testimonios incluidos. Y era sobre todo un cultivador de historias: un hombre hecho de anécdotas. Si habían ocurrido como las contaba o las contaba como pasaban a ocurrir a partir de entonces, era un detalle completamente secundario. Lo central era el modo en que Soriani contaba, entre un humor muy propio y una gran capacidad para analizar lo que observaba. El Soriani que escribe estas contratapas es el que recoge todo eso y lo pasa por el tamiz de su ironía, su análisis político y su sensibilidad. Porteñísimo, supo contar la ciudad que era y la que fue, y describir a sus habitantes con una picardía. Y así como junto a Ernesto Tiffenberg sintetizaba en las tapas de este diario la noticia del día, en sus contratapas ponía el foco propio en un tema, un momento, un personaje. La sucesión, que se extienden desde el año 2000 hasta el actual gobierno de Milei y sus circunstancias, resulta un retrato social y político del país. Además del prólogo firmado (y cantado) por él, a su amigo León Gieco están dedicadas algunas contratapas seleccionadas, entre ellas la primera, la crónica de un concierto que dio en la Antártida en el año 2000. El recuerdo de León Gieco es el relato de una amistad extensa y entrañable, una potente evocación desde el amor y la admiración mutua. "Para mí estas contratapas de Hugo en Página/12 son como un regreso a esa amistad contundente, maravillosa que teníamos con él. Me emociona mucho verlas así reunidas. Y dejan en claro que tiene un estilo muy de él, él escribe como era, con mucho humor y mucha inteligencia", rescata el autor de "Sólo le pido a Dios". "Esta emoción es amor destilado", define León en tiempo presente. "Yo lo quería más allá de todo a Hugo. Nos consultábamos y esperábamos la crítica del otro. Cada vez que salía una contratapa suya, me la mandaba y estaba esperando que yo le dijera qué me parecía. Y yo también lo consultaba a él, por mis temas o mis discos. El se moría por escuchar primero cada nueva canción mía, era mi primer crítico, y era un crítico feroz, no era nada complaciente. Alguna vez me ha dicho: ''mirá León, este tema es un plo-" mazo''. ¡Me ponía verde! Y cuando algo le gustaba, le gustaba a fondo; sus halagos no eran cholulos, eran muy precisos y explicados, porque era un tipo detallista". También rescata: "Hugo fue ante todo un militante y yo admiraba su militancia permanente, desde los tiempos del ERP hasta lo que hacía en el diario, eso de siempre estar peleando para que la gente esté mejor". "El salió de la cárcel y siguió militando, haciendo Página|12 que es el diario militante, el diario que sigue bancando la parada y defendiendo las ideas de siempre. Por eso yo lo nombro y lo reivindico en una canción ("Los Salieris de Charly"), y estoy muy feliz de que nunca haya cambiado, que no cayera en esa malaria, como otros", halaga. En el repaso enseguida aparecen las juntadas en lo que llamaban "La jabonería de Vieytes", con Tristán Bauer, Edgardo Esteban, y sus compañeras, Laura, Alicia, María. "Yo le decía a Tristán, vos tenés que hacer la vida de Hugo Soriani. Porque es una vida a través de la cual se puede contar la historia del país. Desde el año 65, con el nacimiento del rock, porque Hugo era muy rockero, le gustaba mucho la música y escribía de música, pero más allá de eso era, ante todo, rockero. Y ser rockero no es algo mínimo: es una fibra sensible que te define en la vida", observa León. La música, y el rock en particular, aparecen mucho en estas contratapas, como parte del universo de Soriani. Litto Nebbia y Los Gatos. Cat Stevens –devenido Yusuf Islam– y un show en el Luna Park. Sandro, otra de sus pasiones, y postales únicas como la visita de Hebe de Bonafini (otra gran admiradora) al camarín del Gitano. Y luego la despedida al ídolo, más allá de todo: "No seguí tu enfermedad día a día y en los últimos tiempos te escuché a coro con Susana, pidiendo mayores penas y mano dura. Preferí subir el volumen de la música para que tus canciones taparan tus declaraciones y recordé la rosa que le regalaste a Hebe años atrás, cuando quisiste conocerla y ella te visitó en el teatro donde actuabas. Te llevó el libro con la historia de las Madres, y lo acariciaste como un tesoro", decía hablándole directamente a Roberto Sánchez el día de su muerte. Está también la infancia en Almagro, las vecinas de la casa de Yatay, el Winco beige y los discos simples, la heladería Don Lorenzo. La militancia, los once años de cárcel y un tema que desarrollaría en Cartas del Capitán, la relación con su padre. "El Capitán Soria-ni", ese oficial de infantería del Ejército argentino que envió puntualmente cartas y telegramas –incluido el que le salvó la vida– y visitó a su hijo, militante del ERP, en todos los penales en los que pasó sus once años de cárcel política. Al que vuelve Gieco, conmovido: "Lo que más me conmueve es el respeto mutuo que se tenían padre e hijo, un capitán del Ejército y un militante de izquierda. Ahí el amor era más importante que todo lo demás, todas las diferencias y todas las discusiones. Cuando Hugo cae preso, el padre no busca un contacto militar para sacarlo, entiende que tiene que ser así. Y el amor sigue y se lo expresa en todas las cartas que Hugo toma para su libro". "Bueno, a Hugo no lo tengo más, y me hace falta, lo extraño. No sé a quién consultarle, no tengo esa confianza con nadie, alguien con quien compartir realmente. Estas contratapas me lo traen un poco de vuelta", dice Gieco. Efectivamente, volver a las contratapas de Soriani es volver a su universo, rico y profundo, contagioso en su vitalidad. Muchas se leen con una sonrisa, y como también dice León, se repasa un país a través de una vida. Hugo Soriani supo ser un fértil cultivador de historias. | Pablo Piovano "Son como un regreso a esa amistad contundente, maravillosa que teníamos con él. Me emociona mucho verlas así reunidas." L. Gieco Menciones: Hugo Soriani, Osvaldo, Sandro, León Gieco, Madres de Plaza de Mayo, Osvaldo Soriano, Guillermo Saccomanno, Eva Giberti, María Moreno, Juan Gelman, Antonio Dal Masetto, Rodrigo Fresán, José Pablo Feinmann, Osvaldo Bayer, Horacio González, Eduardo Galeano, Ernesto Tiffenberg, Milei, Antártida, Página/12, ERP, Página|12, Charly, Tristán Bauer, Edgardo Esteban, Laura, Alicia, María, Litto Nebbia, Los Gatos, Cat Stevens, Yusuf Islam, Luna Park, Hebe de Bonafini, Susana, Roberto Sánchez, Almagro, Yata
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