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Tasas altas y dólar planchado Mara Pedrazzoli El esquema económico del Gobierno evidencia que la estabilización del tipo de cambio se convirtió en el objetivo central. La política monetaria volvió a endurecerse en los últimos meses y empieza a sumar presión sobre una economía que todavía no logra salir del estancamiento. El Gobierno prioriza la estabilidad del dólar dentro de la banda de flotación, en torno a los 1500 pesos, y para sostenerla recurrió a una combinación de mayores tasas de interés y menor liquidez bancaria. El resultado es una tensión creciente entre el objetivo cambiario y la recuperación del crédito, mientras las familias enfrentan un escenario cada vez más complejo por el deterioro de sus ingresos y el aumento de la mora. Así lo plantea el último informe de CP Consultora, donde advierte que la política monetaria asumió un sesgo contractivo durante el último mes. Según el análisis, en julio y agosto la contención del precio del dólar estuvo acompañada por un endurecimiento de las condiciones financieras. Aunque formalmente el Banco Central administra un régimen de agregados monetarios con objetivos de desinflación y acumulación de reservas, para la consultora el funcionamiento efectivo del esquema muestra que la estabilización del tipo de cambio se convirtió en el objetivo central. La estrategia responde, en buena medida, a un problema de oferta de divisas. Con menores liquidaciones estacionales del sector agroexportador, el Gobierno necesita generar incentivos financieros para contener el flujo de demanda de dólares en el mercado cambiario. Tasas de interés más elevadas buscan compensar parcialmente la menor oferta comercial de divisas. El mecanismo tiene un costo sobre la economía real. CP Consultora señala que la volatilidad de las tasas de interés y el riesgo de episodios de fuerte iliquidez funcionan como un desincentivo para que los bancos amplíen el crédito. En un contexto de ingresos deteriorados y mayor riesgo de incumplimiento, las entidades tienen más incentivos para restringir el financiamiento o colocar sus recursos en activos líquidos y de menor riesgo, como los títulos públicos. Incluso antes del nuevo apretón monetario, las tasas de los préstamos habían mostrado una fuerte resistencia a bajar, debido en parte al aumento del riesgo de mora y a la cautela de los bancos para financiar el consumo de los hogares. Los últimos datos de LCG agregan evidencia a ese cuadro. En agosto, los depósitos en pesos del sector privado retrocedieron 2,3 por ciento en términos reales, después de cuatro meses consecutivos de crecimiento. También se frenó el crédito denominado en pesos: los préstamos retrocedieron en el margen luego de haber crecido durante junio y julio y, en lo que va del año, registraron caídas en seis de los primeros ocho meses. La contracción estuvo explicada principalmente por las líneas destinadas al consumo, una señal significativa porque muestra que la debilidad de la demanda de los hogares convive con una oferta crediticia cada vez más selectiva. El movimiento de las cuentas en dólares tampoco alcanza para compensar la retracción del financiamiento en moneda local. Los depósitos privados en dólares continuaron aumentando, mientras que los préstamos en moneda extranjera siguieron creciendo, aunque a un ritmo más lento. De este modo, la relajación normativa que habilitó a empresas sin ingresos dolarizados a tomar préstamos en esa moneda todavía no muestra un impacto significativo. La disponibilidad de fondos no parece ser el problema central, sino la capacidad de las familias para asumir nuevas obligaciones. CP Consultora ubica allí uno de los principales límites del programa económico: la mora afecta a casi 6 millones de personas y, según su análisis, el deterioro de los indicadores de incumplimiento comenzó antes del episodio de tensión monetaria generado por la eliminación de las LEFI. La irregularidad del crédito expresa, fundamentalmente, la crisis de ingresos que atraviesan los hogares. En esa misma línea, LCG plantea una doble retracción del crédito. Por un lado, desde la demanda, porque la creciente carga de las deudas sobre los ingresos familiares reduce la capacidad y la disposición de los hogares a tomar nuevos préstamos. Por otro, desde la oferta, debido a que las entidades financieras endurecen la evaluación de sus clientes frente al aumento del riesgo crediticio. Además, la política monetaria actual no hace más que agregar presión sobre ese circuito, advierte CP. El endurecimiento de las condiciones financieras dificulta las refinanciaciones y puede profundizar los problemas de mora, justamente cuando la economía necesita recuperar crédito, ingresos y demanda. De este modo, el dilema queda planteado entre defender el dólar y sostener la actividad. La contracción estuvo explicada principalmente por las líneas destinadas al consumo. El endurecimiento de las condiciones financieras dificulta las refinanciaciones y la mora cuando la economía necesita recuperar crédito, ingresos y demanda. Menciones: CP Consultora, Banco Central, Gobierno, LCG, LEFI, Guadalupe Lombardo, Ceco1 cfinanE
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