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29/08/2026 Página 12 - Nota - Cultura & Espectáculos  - Pag. 28

"La sociedad aún sufre el efecto de la dictadura"
Oscar Ranzani
Con producción del Grupo Octubre, la serie documental refleja en cuatro capítulos el horror del Terrorismo de Estado y la lucha inclaudicable de sobrevivientes, familiares y organismos de DDHH

A cincuenta años del golpe de Estado, la memoria de la última dictadura cívico-militar argentina vuelve a ocupar el centro de la escena con 1976. Ecos de la memoria, una serie documental de cuatro capítulos que reconstruye el período más oscuro de la historia reciente del país y, al mismo tiempo, busca interrogar sus resonancias en el presente. Producida por el Grupo Octubre, la serie se estrenará mañana a las 22 por El Nueve, con una emisión semanal de cada una de las cuatro entregas en el mismo día y horario.
Realizada por Tristán Bauer, Daniel Filmus y Carolina Scaglione, la propuesta combina imágenes de archivo restauradas, testimonios y reconstrucciones realizadas con Inteligencia Artificial para recorrer el golpe de Estado, la instauración del sistema clandestino de represión, el plan económico de José Alfredo Martínez de Hoz, la censura y la persecución cultural, el Mundial de 1978, el funcionamiento de los centros clandestinos de detención, la tortura y la violencia sexual, la complicidad de sectores corporativos, la Guerra de Malvinas y el camino hacia la recuperación democrática de 1983 hasta la actualidad, entre otros tópicos. La serie busca así escapar de una mirada congelada en el pasado para pensar de qué manera aquel proceso continúa dejando marcas en la sociedad argentina.
El desafío no es menor: cómo volver a contar una historia que forma parte de la memoria colectiva sin convertirla en un relato repetido, cómo acercarla a las nuevas generaciones y cómo representar el horror sin banalizarlo. En ese cruce entre documento y evocación, pasado y presente, 1976. Ecos de la memoria recupera testimonios de protagonistas y referentes de la política, la cultura, el periodismo, el sindicalismo y los organismos de derechos humanos. La apuesta, en definitiva, es que recordar no sea solamente mirar hacia atrás, sino también preguntarse qué sociedad construyó el pueblo argentino a partir de aquella experiencia y qué interrogantes de 1976 continúan abiertos cinco décadas después.
El documental recorre desde el golpe y la represión hasta Malvinas y la recuperación democrática e, incluso, el tiempo actual, pero también muestra que detrás de la violencia hubo un proyecto político, económico y cultural. Página12 les consultó a los realizadores qué creen que todavía falta comprender de ese ominoso proyecto para entender no solo cómo fue posible la dictadura, sino también por qué sus consecuencias siguen vigentes.
Filmus explica que el tema principal es que la dictadura intentó quebrar un modelo de desarrollo que tenía la Argentina basado fundamentalmente en la capacidad de su industria, de generar ciencia y tecnología propias y tener un desarrollo autónomo, que "era lo que el proyecto del 73, en buena media, planteaba, pero que de una u otra manera desde el 45 en adelante se había desarrollado en el país". "La idea fue quebrar ese proyecto –continúa Filmus–. Martínez de Hoz fue muy claro y planteó que para terminar con el peronismo había que terminar con los trabajadores. Entonces, el objetivo central, y que tratamos de mostrar en la serie, es que el golpe no se circunscribe al análisis del terrorismo de Estado, sino que el terrorismo de Estado fue el mecanismo a través del cual se intentó imponer un modelo económico de concentración de la riqueza que terminase para siempre con la industria en la Argentina y que también terminase con la base social de ese movimiento nacional y popular que significaba el peronismo. Por eso la necesidad de generar un terror desde el Estado que impidiera que se continuara ese proyecto", explica Filmus.
Bauer completa sobre la mirada desde este presente: "Esta situación que con tanta claridad describe Daniel, esa tensión, ese péndulo político, social, económico continúa hasta hoy. En aquellos años se usó de manera siniestra la violencia, como nunca se había visto en la historia argentina, aunque tenemos ejemplos de fusilamientos, de torturas, de grandes atrocidades, pero nunca en esa dimensión. Pero frente a esta Argentina que desarrollaba su ciencia, su industria, su conocimiento, su educación, el concepto de justicia social, de equidad, de comunidad organizada, estuvo el modelo que fueron desarrollando en aquellos años quienes ostentaban el poder –y hasta hoy quienes lo ostentan–: tiene que ver con esa hiperconcentración de las riquezas, del capitalismo y una economía basada en el desarrollo financiero para muy pocos. Esa tensión continúa hasta el día de hoy. No esos métodos atroces que se utilizaron, pero sí esa tensión. Y nuestra historia, como en un péndulo, va yendo de un lugar hacia el otro", señala el director de Iluminados por el fuego.
Scaglione recupera las miradas de Filmus y Bauer, y en relación a las huellas directas que quedaron de esos años subraya que "todavía hoy hay personas que no conocen su verdadera identidad, que fueron los nietos apropiados; hay muchas personas que todavía no se sabe dónde están, cuerpos que no se sabe dónde están, hay militares represores condenados en las cárceles que no hablan, que siguen manteniendo el pacto de silencio. Así que hay una sociedad que todavía sufre, aunque hay una gran parte de esa sociedad que no vivió esos años y que son jóvenes y que quizás lo viven como algo lejano, pero hay mucho sufrimiento todavía. Y mucho por descubrir y develar de esos años de terror", agrega.
–El primer capítulo pone en relación la instauración del terrorismo de Estado con el plan económico de Martínez de Hoz. ¿Por qué era importante para ustedes mostrar que la represión y la transformación económica formaron parte de un mismo proceso histórico?
Tristán Bauer: –Lo dice muy claramente Felipe Pigna, cuando define no solamente que fue una dictadura cívico-militar, sino que remarca el orden cívico-militar porque era el poder militar al servicio de ese poder civil que quería profundizar un modelo económico. Y, en ese sentido, me parece que es absolutamente preclara y admirable hasta el día de hoy la carta de Rodolfo Walsh, a un año del golpe. El texto de Walsh lo define no solamente con una pluma extraordinaria, sino con una claridad conceptual, y de una precisión que pareciera que tendría que haber pasado más tiempo para llegar a esa definición. En cambio, él al año da en la tecla, que queda así y que lo va a marcar para siempre. Es un texto imprescindible para comprender cómo fue ese fenómeno en este sentido.
–¿Qué aspectos de aquel proyecto económico creen que quedaron incorporados de manera más profunda en la estructura social argentina y cuáles fueron sus consecuencias que todavía pueden reconocerse?
Daniel Filmus: –Ahí hay dos aspectos que cambiaron para siempre la estructura económica argentina. El primero es la desindustrialización. Sobre el final de la dictadura había la mitad de los obreros industriales que al comienzo. Esa fue una cuestión central del plan que señalaba antes de Martínez de Hoz: para terminar con el peronismo era "terminemos con los trabajadores. No hay otra forma". Y la segunda, que es más estructural, es la fusión del capital agropecuario con el capital industrial en asociación al capital financiero y a los negocios internacionales. El mecanismo principal fue la "tablita" y el endeudamiento externo a partir de los intereses que se ganaban transformando los dólares en pe-

sos y volviendo a comprar dólares. Nunca fue igual la estructura económica posterior que esta fusión que permitió el capital concentrado en Argentina, ya nunca más hubo un enfrentamiento abierto entre el sector industrial y el agropecuario, pues pasó a ser el mismo, nucleado a través de un negocio nuevo que fue el sector financiero. Esos dos cambios son estructurales y lo que hay que decir –y lo dicen todos los análisis– es que el segundo intento para rearmar ese proyecto es el de Javier Milei. No por los mismos mecanismos, pero el objetivo es exactamente lo mismo. Con un aditamento. La dictadura tuvo una característica: no privatizó empresas. Prácticamente no privatizó, terminó más o menos con una estructura estatal igual que como comenzó, porque los propios militares se adueñaron de las empresas y las usaban para beneficio propio. Este proceso, en cambio, se propone como en los 90 avanzar un paso más y desestructurar totalmente el Estado.
–El segundo capítulo muestra cómo la represión no se limitó a los centros clandestinos, sino que atravesó la vida cotidiana mediante la censura, las listas negras y la persecución cultural. ¿Cómo se transforma una sociedad cuando el miedo empieza a regular incluso aquello que las personas se animan a leer, escuchar, decir o pensar?
T. B.: –Abordamos el tema cultural en distintos capítulos de la serie porque este proyecto económico, político también era un proyecto cultural. Y en aquellos años estuvo la persecución, la censura, el exilio. A mí me llamó mucho la atención y por eso está destacado el tema de la quema de libros. Uno cuando estudia tiene siempre presente las imágenes de archivos tan feroces de la quema de libros de los nazis. La cifra de quema de libros de los nazis se estima en 25 mil. Después ves que en la Argentina la dictadura quemó en un solo acto, en un baldío de Sarandí, un millón y medio de libros de Eudeba. Y no es por decir eran mejores o peores, más brutos o menos brutos, más asesinos o menos asesinos, sino cómo estas metodologías que ejerció el fascismo, que ejerció la dictadura, como la censura, la persecución, el miedo, el exilio, por supuesto condicionaron a toda una sociedad. Y utilizamos un fragmento de Julio Cortázar donde dice: "Bueno, el objetivo finalmente es generar robots, no gente formada, no gente pensante, no una mirada crítica, sino robots que se sometan a este modelo económico y que también es cultural".
D. F.: –Uno de los aspectos originales de la serie tiene que ver, por un lado, con que no relata la dictadura como el único factor dinámico y determinante sea el poder estatal, sino que a cada paso del poder estatal le corresponde una resistencia del sector popular. Por ejemplo, cuando hablamos de la cultura, la serie resalta justamente la resistencia cultural. Y hubo múltiples mecanismos de resistencia cultural frente a lo que intentó arrasar la dictadura. Está rescatado particularmente ahí el artículo de María Elena Walsh respecto de "El país jardín de infantes", pero estaban Teatro Abierto, los recitales... León Gieco fue uno de los protagonistas justamente de esa resistencia, la vuelta de Mercedes Sosa, la revista Humor. Hubo un conjunto de hechos culturales que muestran que la sociedad no es que haya quedado automáticamente paralizada. Se planteaba justamente por qué la dictadura no pudo controlar el teatro y controló mucho más el cine. Justamente los militares subestimaban el teatro en un primer momento como un actor de una mirada contracultural respecto de lo que ellos planteaban. Y la otra originalidad de la serie es la multiplicidad de actores que hablan. Hemos hecho unas treinta entrevistas en profundidad, de las cuales una parte sola pudimos colocar, pero hay una pluralidad político-partidaria, por un lado, y una pluralidad de perspectiva de profesionales, historiadores, artistas, estudiantes, hijos de desaparecidos, sociólogos, hijos de torturadores. Después, también está muy claramente colocada la perspectiva de derechos humanos de la mano de Baltasar Garzón, Carlos Arslanian, Moreno Ocampo. Son miradas que se complementan desde perspectivas distintas.
–¿Cómo construyeron ese coro de voces y qué buscaban que ocurriera entre testimonios tan diversos?
Carolina Scaglione: –La construcción en el audiovisual es una tarea compleja. Se trata de ir tejiendo esa estructura dramática a partir de estas distintas voces que iban aportando y la voz en off también. La serie está narrada por Alejandra Flechner. La idea era ir construyendo los retazos de esta historia porque obviamente es nuestra mirada y son estos capítulos que abordan estas temáticas particulares para ir construyendo esta narrativa. Una cosa que aporta el capítulo 2 es el nacimiento de las Madres, la gran resistencia que surgió en ese momento. No lo mencionamos particularmente, pero es fundamental porque ahí podemos ver cómo esas mujeres que eran amas de casa se vieron obligadas a dejar sus casas y salir a caminar para buscar y exigir por la vida de sus hijos. La serie también está construida no solo a partir de estas entrevistas, sino también materiales de archivo que tienen un gran trabajo de restauración y toda una línea narrativa creada con inteligencia artificial. Son experimentaciones que también nos permiten plantear una mirada distinta en estos hechos que no tienen imagen, que no tuvieron registro por ser del terrorismo de Estado y clandestinos y les podemos poner nuestra imagen: lo que imaginamos de eso a partir de la inteligencia artificial también fue un desafío interesante.
–Precisamente, el tercer capítulo ingresa en uno de los aspectos más difíciles de representar: los centros clandestinos de detención, la tortura. ¿Cómo se decide cuánto mostrar y cuánto sugerir cuando se trabaja con experiencias de una violencia tan extrema?
T. B.: –Siempre tengo como modelo a uno de los escritores que más me gusta, Franz Kafka. Cuando estaba vivo, Kafka mandó a quemar toda su obra cuando se muriera. Una de las pocas que se publicaron de él es La metamorfosis. Y él se enteró de que un ilustrador francés iba a dibujar la portada del libro. Y entonces Kafka, muy preocupado, tomó su pluma y le envió una carta: "Por favor, le pido si quiere muestre al padre y a la madre mirando tras la ventana, tras la puerta. Si quiere muestre la mancha de humedad. Si quiere muestre un plano general del cuarto, pero bajo ningún concepto dibuje el insecto. La imagen del insecto la tiene que construir el lector". Generalmente en el cine que hago, y en este caso en particular, la mirada es utilizando el recurso de la IA, como dice Carolina, pero siempre con una mirada contenida, dejando al espectador la posibilidad que también de imágenes que no han sido registradas, él tenga la posibilidad de crear y de evocar cómo habrá sido ese mundo. Y muchas veces nos quedamos con la palabra, por ejemplo, de los testigos. Un niño que los 8 años es tomado por el grupo del "Turco Julián" y recuerda al día de hoy, que tiene 50 años, cómo tiraban de su pelo casi hasta sacarle el cuero cabelludo o cómo cargaban la ametralladora sobre sobre su sien. Y me parecía más potente el testimonio en vivo que hacer una reconstrucción mediante inteligencia artificial o fílmica de esos acontecimientos tan espantosos y tan dramáticos.
–Teniendo en cuenta que la serie combina archivo, testimonio y reconstrucciones con la IA, ¿qué otras posibilidades y qué riesgos se encontraron al utilizar una tecnología contemporánea para reconstruir un pasado traumático?
C. S.: –Desde lo técnico estético, es una herramienta que está naciendo y se desarrolla rápidamente semana a semana, mes a mes. Cuando nosotros iniciamos la serie, las posibilidades que teníamos de creación de imágenes eran muy distintas a las que estamos teniendo ahora, porque hubo un desarrollo rapidísimo y eso nos permitió profundizar esa experimentación. Siempre con esto que decía Tristán: tener muy claro qué era lo que estábamos buscando de la herramienta, porque esa herramienta es maravillosa. Puede no serlo también, pero si uno la toma con todas esas posibilidades que nos permite hoy creando imágenes y escenas y reconstrucciones que serían imposibles de otra manera, es una maravilla. Siempre con esta claridad de qué estábamos buscando en lo estético.

La mirada del dictador genocida Jorge Rafael Videla, recreada con IA.

"José Alfredo Martínez de Hoz fue muy claro y planteó que, para terminar con el peronismo, había que terminar con los trabajadores."

"No los métodos atroces, pero la tensión entre modelos continúa hasta hoy. Y nuestra historia va de un lugar hacia el otro."


Menciones: cnot


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