29/08/2026 Perfil - Nota - Política - Pag. 12
Santiago Oría y la guerra de guerrillas dentro de la comunicación libertaria Nicolás González Tras el cortocircuito en la vocería oficial y el blooper técnico de las presuntas cuentas automatizadas en la red social X, el director audiovisual de Javier Milei comenzó a centralizar la matriz digital del Gobierno. Los trascendidos detrás de escena en una Casa Rosada cruzada por la fatiga del algoritmo. En medio de la disputa por el control del relato oficial, crecen las tensiones entre quienes manejan la comunicación del Presidente de la Nación. Detrás de la cámara que registra a Javier Milei en un plano picado permanente, Santiago Oría debió ensayar esta semana un movimiento atípico: atajar los penales de una descarnada interna palaciega. El realizador audiovisual del oficialismo, consolidado como Director de Realizaciones Audiovisuales de la Presidencia, quedó en el centro de las miradas tras una serie de cortocircuitos institucionales y técnicos en Balcarce 50. Los trascendidos sobre una supuesta reformulación de la matriz comunicacional del Gobierno ganaron espacio, exponiendo las tensiones que cruzarían el anillo de máxima confianza de la Jefatura de Estado. El escenario cobró relevancia luego de que PERFIL revelara este 26 de agosto la "fatiga digital" del Poder Ejecutivo, un fenómeno de desgaste métrico expresado en la caída del impacto de las cuentas oficiales. En los pasillos de la Casa Rosada se especula con un presunto avance de la terminal de Karina Milei, orientada a dotar de un sesgo más doctrinario al relato gubernamental. Esta hipótesis ubicaría a Oría como una pieza clave para disputar el control de la narrativa pública, un territorio asociado a Santiago Caputo. Sin embargo, el desembarco del cineasta en las plataformas digitales habría expuesto las fricciones de una incipiente guerra de guerrillas comunicacional. El cortocircuito en la vocería oficial. La trama palaciega sumó confusión administrativa durante la habitual conferencia de prensa en la Casa de Gobierno. Ante la consulta sobre las atribuciones de Oría en las redes oficiales, el vocero Adrián Ravier ensayó una respuesta ambigua: "Entiendo que sí". La confirmación informal encendió las alarmas operativas. El impacto obligó a la Jefatura de Presidencia a activar un rápido operativo de contención de daños para relativizar las versiones de un desplazamiento interno. Horas después, Ravier debió utilizar su cuenta oficial en X para emitir una aclaración, asegurando que no se habría producido ningún cambio en el organigrama formal del Estado. De manera casi simultánea, Oría replicó el mensaje del vocero en un intento coordinado por disipar los trascendidos de una fractura expuesta dentro del denominado Triángulo de Hierro de Olivos. Al barro de las desmentidas institucionales se sumó un tropiezo técnico que expuso las costuras de la infantería digital del karinismo. En su afán por potenciar mensajes favorables a la gestión, el equipo del realizador audiovisual habría incurrido en un error de programación al desplegar una presunta red de cuentas automatizadas. La maniobra, destinada a generar un falso clima de consenso en las redes, terminó convirtiéndose en un búmeran de burlas y suspicacias por parte de la oposición y de los analistas del sector tecnológico. Según la revista Noticias, la urgencia por copar la agenda pública dejó al descubierto el funcionamiento de una "granja de bots" deficientemente configurada. El detalle de la filtración reportó la irrupción de perfiles exóticos vinculados a la comunidad cripto internacional, con denominaciones como "oxhusk" y "glyphrot". El error informático crucial radicó en que los mensajes de apoyo incluyeron el comando técnico "Reply", delatando la matriz artificial de la interacción y quebrando la pátina de organicidad que el relato oficial suele pregonar. La respuesta del cineasta frente a las críticas no tardó en exacerbar los ánimos de la interna libertaria. Lejos de apelar a la prudencia, Oría arremetió en sus redes con un posteo deliberadamente hostil que incluyó una frase tajante dirigida a sus detractores: "larguen la merca". El exabrupto profundizó el malestar del periodismo tradicional y habría generado un fuerte pase de facturas puertas adentro de la militancia oficialista, donde conviven visiones contrarias sobre el profesionalismo de la comunicación estatal. La transmutación de Oría de realizador estético a divulgador ideológico -a través de los cuadernillos que distribuye desde su Círculo de Pensamiento Liberal- chocaría con el pragmatismo de las segundas líneas. De acuerdo con versiones del entorno de los influencers libertarios, las huestes alineadas con Santiago Caputo habrían iniciado un apagón digital. En un gesto de sutil venganza palaciega, estos sectores comenzaron a deslizar mensajes irónicos reclamando el retorno de técnicos como Fernando Cerimedo para ordenar los servidores, evidenciando el recelo que despierta el apuro por estatizar el relato. Las vueltas de la vida suelen jugar pasadas incómodas en la arena pública. Mientras el estratega intenta calibrar el código informático de sus plataformas de contención, las redes sociales reflotaron un viejo blooper de la campaña de 2023, donde se observa al realizador sufrir un aparatoso tropezón físico durante un acto partidario. En Balcarce 50, el algoritmo parece ceder ante la fatiga de la gestión. La anécdota funciona como metáfora de los riesgos de perder el equilibrio en la primera línea del poder, mientras el futuro de la narrativa oficial sigue abierto en Olivos. CÍRCULO DE PENSAMIENTO LIBERAL. Es la usina desde la cual el jefe de audiovisuales de la Presidencia presentó tres cuadernillos de formación política. Menciones: cpol1 cnot
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