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22/08/2026 Página 12 - Nota - Opinión - Pag. 32

La tripa fétida del fascismo
Sandra Russo

Nada podría sintetizar mejor la locura criminal que traen los tecnofachos que el episodio Cerimedo. Ninguno de los Chucky que promueven y hacen ganar en la región de modo sucio puede gobernar sin la ayuda de algún Cerimedo en la oficina de al lado.

Están desplegando justo ahora su pseudogramsciana “batalla cultural”. El escándalo también hace trizas esa idea de un Gramsci que nunca estuvo a su alcance: no concibió a los intelectuales orgánicos como matones ni corruptos hasta la médula ni estafadores. El fascismo no puede argumentar ni crear porque su lenguaje es falso, es un pobre rejunte de falacias, números falsos, operaciones de cancelación y gente de mierda.

El caso Cerimedo trae también la problemática de género como telón de fondo. Esa con la que la ultraderecha se está metiendo para eliminar todas las conquistas y devolvernos al centro del hogar, porque los varones y mujeres –patriarcado 2.0 full– que la encarnan necesitan infancias a su disposición. El detalle es que sus políticas de hambre en todos los países que cayeron en su red impiden que haya varones proveedores. Una vez más, además de crueldad con las mujeres, locura y perversión. Como en Chile, donde Kast quiere que las mujeres violadas sean obligadas a escuchar los latidos de feto antes de abortar. Que se lo cuenten a Cerimedo.

Van por la derogación de las leyes de interrupción voluntaria del embarazo, la educación sexual integral, y la baja de la figura de femicidio en todos los países donde meten la bota, que ahora se llama algoritmo. Tomo este eje aunque podría tomar cualquier otro, en los que están funcionando como una motosierra institucional y vital. Lo tomo por el síntoma Cerimedo. Es el principal operador de la ultraderecha en la región desde que comenzó el proyecto de la internacional fascista. El que fundó junto a su mujer –que él llama “su mentora”– La Derecha diario en plena pandemia, cuando Milei hacía sketches idiotas en televisión. El que responde al norte, al que Cristina decía que había que mirar si le pasaba algo. Trabaja en todas partes, como en Honduras, intentando crear una realidad paralela de noticias falsas para abortar –eso sí les cabe– cualquier intento de gobierno popular en el patio de atrás. Organizó miles de cuentas falsas que llamaron a los bolsonaristas a intentar el golpe de enero de 2023. Ahora mismo se encontraron en su casa boliviana gran cantidad de boots a favor de Milei.

Y de pronto, azarosamente, porque Nadia Beller sobrevivió por milímetros y el húmero fracturado le protegió el pulmón, la verdad de su propia naturaleza criminal está expuesta. Y no solo la suya: expone la tripa fétida del fascismo, que contiene lo peor de la condición humana. Cerimedo es una de las herramientas indispensables para construir lo que estos pervertidos llaman “gobernabilidad”. ¿Cómo se defiende? “Un autoatentado”. Como dijeron de Cristina. Se repiten. Están gastados. Repitiendo gansada tras gansada, porque ahora del otro lado no los escucha una masa alienada de pelotudos, sino un pueblo desesperado que está podrido de que este tipo tenga en mente hacer otro recital. La gente se muere y él piensa en él. Cerimedo, el tipo que hace ganar elecciones a los presidentes “celestes”, manda a matar a su pareja embarazada. No más palabras, ¿no?

El rey ya estaba desnudo, no sólo por sus debilidades evidentes y su inferioridad ética y estética. Milei es como todos los demás engendros. Pero el episodio Cerimedo, en esta etapa que comenzó con su propia detención y siguió con las explosivas declaraciones de su víctima frustrada, lo que deja ver no es la desnudez de la ultraderecha global, sino su tripa: y está podrida. Milei es el que vimos con los ojos estallados. Nada le cierra y ofende con su ensimismamiento, burlándose de los millones de personas que no llegan a fin de mes. Todo se le cae. Thiel se le borró de la cumbre. Lo resiente que exista gente de carne y hueso. Gente que es del mal, porque quieren que haya un Estado que regule, que ampare, que se ponga del lado suyo y no del de su verdugo. Que exijamos vivir y pensar y comer nos hace “malditos”.

Milei está chocando de frente contra la verdad, porque nunca hubo posverdad. Hubo manipulación y encubrimiento. Eso es Cerimedo además de un femicida, o mejor dicho de un feminicida, porque nada menos que el Jefe de la Policía boliviana fue su cómplice. La verdad sigue viva y presente en los estómagos y el desánimo de la buena gente que ya no tiene ganas de vivir. Y está viva y arde en la ira que sentimos. Es el momento de aullar.

[Epígrafe: Fernando Cerimedo en un acto de afiliación a La Libertad Avanza. Foto: Enrique García Medina]


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