22/08/2026 La Nación - Nota - Sup. Espectáculos - Pag. 1
¿Qué pasó con aquellos héroes infalibles, íntegros y protectores? Paula Vázquez Prieto CINE. Desde La Odisea a Robin Hood, los paladines modernos sufren de humanidad y no gozan con sus poderes; una tendencia que busca acercar más al públicoEn La Odisea, Spider-Man y La muerte de Robin Hood los protagonistas sufren conflictos normales "No hay héroes más humanos que los de estos tiempos", podríamos afirmar sin sonrojarnos al ver los últimos estrenos de Hollywood en los que los protagonistas, no importa si se llaman Odiseo, Spider-Man o Robin Hood, ven raídos sus poderes ya no ante el capricho de los dioses sino antes sus propios vicios y debilidades. Es cierto, nos hemos quedado solos, podrían pronunciar ante la orfandad de un camino en el que los mandatos y designios parecen haber expirado. Hombres comunes, signados por la duda y el arrepentimiento, algunos por la temprana responsabilidad de la adultez, como el joven Peter Parker expulsado del paraíso de la amistad y relanzado a la soledad de un altillo y el encierro de un disfraz al que solo anónimos veneran. Otros por la vejez, como el anciano Robin Hood, cuyas mieles del triunfo clandestino han quedado desdibujadas en el pasado, escondidas para siempre. O la gesta del regreso de Odiseo, preñada de dudas y sinsabores, que ya no surgen del capricho de los dioses sino de la soberbia propia. ¿Qué ha pasado con esos héroes infalibles, íntegros y protectores? Han recibido un baño de realidad en el que la suerte se escribe cada día como una película de Hollywood que ya no garantiza un final feliz. Uno de los primeros señalamientos ante el estreno de la última película de Christopher Nolan fue la ausencia de los dioses. En The New Yorker, el crítico Richard Brody escribe que, mientras en La Odisea de Homero "la primera escena muestra un consejo en el palacio de Zeus, en el monte Olimpo, donde los dioses discuten sobre el destino de Odiseo, en la película de Nolan, aunque se menciona a los dioses, no hay debates divinos en el Olimpo. Continúa en la página 7 Viene de tapa. Y, de hecho, el único miembro del panteón griego clásico que aparece es Atenea (Zendaya), quien observa la acción intermitentemente. No es casual esta decisión: el abordaje del director de El origen se concentra en el drama humano, incluso más allá de su conciencia histórica y de las dimensiones del destino planteadas en ese tiempo antes de Cristo. Con los dioses afuera no solo el hombre queda librado a su albedrío sino también debe asumir las debilidades de su propio accionar y los temores ante su falta de voluntad. A lo largo de La Odisea imaginada por Nolan, el Ulises de Matt Damon se interroga sobre aquello que parece extraviado de su memoria como un antídoto posible al trauma bélico. ¿No es entonces su estancia en los brazos de Calypso (Charlize Theron) el vahído fruto del estrés postraumático después de los hechos de la Guerra de Troya? Las ambiciones de los nobles de Ítaca son fruto de la codicia humana; la búsqueda de emancipación de Telémaco (Tom Holland) es evidentemente edípica para cualquier adolescente; el deseo femenino de Penélope (Anne Hathaway) es a las luces moderno en su expresión; y los tejes y manejes políticos del palacio son fruto de la vida pública de cualquier país, incluso de la Grecia antigua. En Spiderman: Un nuevo día, la renuncia a sus amigos Ned (Jacob Batalon) y MJ (Zendaya) se ha convertido en un castigo difícil de soportar. No solo no puede compartir la camaradería de sus horas como adolescente ordinario, sino que su condición extraordinaria lo ha privado de esa memoria compartida. Para ellos es un extraño, un nombre impreso en los titulares cuando lleva el disfraz y un ignoto nerd que se cuela en una fiesta cuando viste de civil. La aparición de Jean Grey (Sadie Sink) como espejo de su posible oscuridad agita esos fantasmas interiores. Para aquella alumna de los X-Men la pérdida de un ser querido no deviene en sacrificio crístico sino en fría venganza, siendo mucho más humana que lo que su poder telepático podría sugerir. ¿Y si el propio Peter Parker se rebelara frente a esa condición superheroica que no ha solicitado y le ha caído del cielo como una maldición? No solo ha perdido a su tía May (Marisa Tomei) y ha debido renunciar a su irresponsabilidad juvenil, sino que ahora ha sido condenado a la más oscura soledad, sin amigos, sin grupo de pertenencia, sin aquello que todavía lo hace humano. Ahora bien, ¿no es justamente esa condición de marginado, de condenado al ostracismo para preservar el poder de su condición de enmascarado, aquello que debería hacerlo empatizar con los rotos y despojados de este mundo? De eso se trata ese "nuevo día" para el atribulado Spider-Man, no de comprender que debe ser héroe porque tiene un poder supremo, sino que debe serlo porque son justamente aquellos que no lo tienen quienes lo necesitan. Es ese destello humano que late dentro suyo pese al egoísmo natural de su adolescencia el que habilita la empatía y la persistencia en una batalla que, en definitiva, a menudo le exige demasiado. Sobre héroes y tumbas. La nueva película sobre la figura de Robin Hood ya anuncia el destino de su héroe en el título. La muerte de Robin Hood es el relato del crepúsculo de una gesta que termina con la desaparición. En la versión que encarna Hugh Jackman y dirige Michael Sarnoski, un veterano Robin Hood convive con una doble fama, la que le atribuye la leyenda en la que roba a los ricos para dar a los pobres, y aquella que emana de la realidad, en la que las víctimas de sus fechorías esperan su turno para ajustar cuentas. Es una especie de antihéroe que combina golpes y cinismo en equivalente proporción para convivir con un deterioro inevitable y con la conciencia evidente de que no le espera la gloria sino el olvido. Sin embargo, lo que atañe a la leyenda -al igual que en el original homérico pertenecía a los dioses- sufre el pulso constante de la deconstrucción, mostrando que aún con las mejores intenciones no todos los "beneficiados" quedan satisfechos. Antes que discutir los sacrificios, como ocurría con el joven Peter Parker en el inicio de una vida adulta donde la conciencia de la pérdida se hacía agobiante, lo que persigue el veterano Robin es desarmar la mistificación de su propia condición, aquella que podría trasladarse a los que seguirán su estela y sufrirán el mismo desencanto. Una relectura del valor del crimen como camino hacia el bien, una reflexión sobre la ilusión de reparar la desigualdad apenas con un gesto individual. Si primero los villanos se humanizaron y consiguieron sus propias historias en primera persona, como Maléfica o el Joker, ahora son los héroes quienes han asumido sus profundas oscuridades, enfrentado responsabilidades y consecuencias de sus actos sin excusas del destino o coartadas de los dioses, enterrando los pies en el fango de la disputa bélica o la ceremonia política, más allá de las mascaradas y las vindicaciones públicas. Matt Damon en La Odisea Hugh Jackman es el nuevo Robin Hood - AIDAN MONAGHAN Menciones: cnot
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