09/08/2026 Perfil - Nota - Política - Pag. 6
Algo se rompió en el oficialismo y ya nada será igual: el límite de la tierra Rodrigo Lloret Milei debió retirar la venta de tierras a extranjeros de su reforma. Una fuerte marcha atrás política. Entre la caída de confianza, el alza de la pobreza y el endeudamiento récord, el oficialismo empieza a enfrentarse a sus propios límites. De familia patricia, criado entre París y la estancia familiar La Porteña en San Antonio de Areco, Ricardo Güiraldes fue el gran escritor argentino que ayudó a consolidar la identidad nacional. Esa doble pertenencia cultural, centrada en su formación cosmopolita, tanto aristocrática como rural, le permitió delinear una particular perspectiva, que se convertiría en un antecedente fundamental para entender la complejidad de su obra. Güiraldes escribió sobre el campo pero no lo hizo desde el lugar del terrateniente alejado de la realidad que lo rodeaba, sino desde la mirada de alguien que reivindica ese mundo como patrimonio simbólico de la argentinidad. Y lo hizo, precisamente, cuando el proceso aluvional de la inmigración masiva de principios del siglo XX ponía en cuestión al "ser argentino". Pero para Güiraldes no había dudas: la tierra sería siempre sinónimo y, a su vez, definición de la nación. En Don Segundo Sombra, su obra más acabada y uno de los textos fundacionales de la literatura argentina del siglo XX, es donde mejor se expresa esa concepción. El protagonista es Fabio Cáceres, un niño huérfano que se cría junto a Don Segundo Sombra, un gaucho que lo inicia en los oficios manuales de la vida en el campo, como la doma, el arreo o la faena, pero también le inculca conceptos morales vinculados a la filosofía campestre, como la sobriedad, la palabra empeñada y el estoicismo frente a la adversidad. Antes del final, Fabio descubre que es hijo natural de un estanciero que ha fallecido y hereda grandes extensiones de tierras. Se construye así un desenlace triunfal: el gaucho errante, que encuentra en la tierra su oficio y saber, termina fundiéndose con el estanciero, que ostenta el territorio como patrimonio. Esa fusión es la que funciona como alegoría de la identidad nacional en el legado de Güiraldes. ¿Por qué recalar en una obra popular concevida hace más de cien años? Porque es en la tierra, como valor simbólico y político, precisamente, donde Javier Milei conoció esta semana su propio límite. Como nunca antes había sucedido desde que logró un amplio margen legislativo en las elecciones de 2025, el Presidente tuvo que retroceder en una reforma por una razón que no fue presupuestaria ni del orden de alianzas parlamentarias, sino estrictamente política: la venta de tierras a extranjeros. La marcha atrás representó la primera vez que el Gobierno debió mostrarse en retirada por una cuestión que el resto de la sociedad, no solo los legisladores, interpretó como una "causa nacional". Nación y tierra: Güiraldes. El recorrido del propio proyecto es elocuente. En pocas semanas, la Casa Rosada pasó de proponer la eliminación de prácticamente todas las restricciones a la compra de tierras por parte de extranjeros, a ofrecer un tope del 25%, y finalmente a retirar el capítulo entero, ante la certeza de que sería rechazado en el recinto. El responsable político de la iniciativa, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, vio así frenada una de las banderas más identitarias de su reforma. El impulso de El Coloso se verá desde ahora seriamente cuestionado. Pero es interesante detenerse no tanto en el repliegue libertario, sino en los actores que lo obligaron a retractarse. Porque ese paso en falso confirma que ya nada será igual: algo se rompió esta semana en la coalición oficialista. No fue solo la oposición kirchnerista la que trabó la reforma. Fue una combinación heterogénea la que se plantó y dejó a Milei atrapado en una particular pirueta: si tan solo algunas horas antes se había ofrecido para "defender al país" de la "campaña anti-Argentina" que se había orquestado en el exterior, ahora terminó siendo señalado y cuestionado por un impensado arco político bajo la consigna "la patria no se vende". La trama "antipopular" ya se venía tejiendo previamente. El trasfondo económico no ayuda, y en las últimas semanas se volvió más elocuente. El Índice de Confianza en el Gobierno que elabora la Universidad Torcuato Di Tella viene de una caída del 6,5% en julio, que llevó la contracción acumulada desde fines de 2025 al 21,5%. Es la novena baja mensual, con la excepción de junio, y ubica el promedio de la gestión en su nivel más bajo desde el inicio del mandato: por debajo, incluso, de la comparación con Mauricio Macri en el mismo tramo de gobierno. El aumento de la pobreza como principal preocupación de los argentinos es algo que fue confirmado por Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA. Salvia sostuvo esta semana que la tendencia descendente que exhibía el Gobierno como uno de sus logros centrales se cortó y empezó a revertirse: según sus cálculos, en el primer trimestre del año cerca de un millón de personas volvieron a caer bajo la línea de pobreza y unas 250.000 ingresaron en la indigencia. En ese marco, el Observatorio de la UCA relativizó ahora el 30% como un piso ya desactualizado y proyectó que, de continuar la tendencia, el índice podría acercarse al 35% hacia fin de año. El tercer vector es el endeudamiento de los hogares, que crece a pasos agigantados. La morosidad de las familias con el sistema financiero tocó en mayo el nivel más alto en más de dos décadas, con un salto que multiplicó varias veces el registro de hace apenas dieciocho meses. Pero, al referirse a esa crisis, el ministro de Economía, Luis Caputo, fue categórico: el Gobierno no tiene previsto ningún esquema de asistencia para las familias endeudadas porque se trata, dijo, de un acuerdo entre privados. Es ese peligroso combo, que mezcla preocupación por el desempleo, la pobreza y el endeudamiento récord, por un lado, y un oficialismo que se muestra más interesado por favorecer la venta del territorio a extranjeros que por proteger a los excluidos de un modelo que empieza a mostrar su peor cara, por el otro, donde se erosiona el margen de maniobra político del Gobierno para sostener nuevas reformas extremas. Quizá es tiempo de que Milei deje de leer a Murray Rothbard y preste atención a los consejos de Güiraldes en Don Segundo Sombra: "El que sabe de los males de esta tierra, por haberlos vivido, se ha templado para domarlos". LA CONSIGNA. El oficialismo no pudo revertir el mensaje anclado a la defensa de la soberanía. Menciones: cpol1
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