26/07/2026 Página 12 - Nota - Opinión - Pag. 2
Noticias falsas que alentaron el ingreso al FMI Raúl Dellatorre Por Raúl Dellatorre ¿Qué tiene que ver el ingreso de Argentina al FMI con una campaña de noticias falsas? Mucho, pero es una historia que pocos conocen y, entre quienes la conocen, hay varios que habrán preferido olvidarla. Un desarrollo de la industria nacional, la Locomotora Justicialista (1949/52); el ingreso de la Argentina al FMI y el Banco Mundial (1956) y un crédito internacional multimillonario para comprar locomotoras importadas (en el mismo año, 1956), son los tres elementos centrales de esta historia. ¿Cómo se buscó justificar el abandono de la producción en el país de 240 locomotoras, para reemplazarlas por equipos importados? Esa fue la tarea de una campaña de noticias falsas, que descalificaron el proyecto nacional y abrieron el camino a la llegada triunfal y recepción con los brazos abiertos a los créditos del FMI y el Banco Mundial, según denunció el especialista en desarrollo ferroviario y titular de Aimas, Jorge De Mendonça, en diálogo con Página/12. Repasemos los hechos. Todo se vincula a la decisión de la dictadura surgida del golpe de 1955, contra Juan D. Perón, de ingresar como miembro del Fondo Monetario Internacional y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF, hoy Banco Mundial). En abril de 1956, por decreto-ley del gobierno de facto de Pedro Eugenio Aramburu, se dispuso “iniciar los trámites necesarios para el ingreso del país al FMI y al BIRF”. Estos organismos internacionales estaban llamados a cumplir el rol de financiar la consolidación de la cruzada golpista llamada a sí misma “Revolución Libertadora” (aunque pasó a la historia como “revolución fusiladora”) y participar en lo que fuera necesario para destruir todo resquicio de lo que quedara en economía de la etapa peronista, culminada en el golpe militar de septiembre de 1955. La historia comienza en 1946. El ingeniero Pedro Saccaggio, que ya se había destacado en Inglaterra en el diseño de prototipos para la fabricación de locomotoras diesel, se desempeñaba en el Ferrocarril Sud y le pide a un coronel amigo que le haga llegar a Juan D. Perón el siguiente mensaje: el sistema ferroviario va a tener graves problemas de tracción en diez años, porque las viejas locomotoras a vapor “no van más”, y las novedosas locomotoras Diesel podrían fabricarse en el país. Después de unas primeras pruebas con prototipos para trocha angosta “que no pasan del bastidor”, se pone en marcha a partir de 1949 el desarrollo y puesta en marcha del proyecto Locomotora Justicialista, de dos cuerpos y 2400 HP (caballos de fuerza). A partir de 1952, las primeras locomotoras hacen sus primeros recorridos de prueba, alcanzando velocidades récord para la época de 150 km por hora, en los tramos Estación Constitución - Mar del Plata (3 horas 45 minutos), Constitución - Bariloche (22h 10 minutos), Constitución - Bahía Blanca (6h 23 min) y Mendoza - Buenos Aires (11h 40 min). En 1955, se inicia la producción en escala de la Locomotora Justicialista en talleres de la provincia de Córdoba (que luego serían Materfer) de una serie de 240 unidades, para proveer a todo el servicio ferroviario nacional de transporte de pasajeros y de carga. El golpe de septiembre de 1955 interrumpe el proyecto. La producción de las nuevas locomotoras queda demorada, hasta que entre el 11 y 12 de julio de 1956 ocurre un suceso, para la época, muy llamativo: los diarios vespertinos del lunes 11 y matutinos de martes 12 coinciden en abrir sospechas de corrupción detrás del proyecto Locomotora Justicialista y publican infundadas descalificaciones hacia su mentor, el ingeniero Pedro Celestino Saccaggio. “Causó graves perjuicios un lavacopas erigido en técnico ferroviario”, fue el título incendiario del vespertino Crítica del lunes 11. El diario daba la versión que el mismo día repitió un amplio abanico de medios nacionales, refiriendo que “el único antecedente ferroviario” que se le conocía a Saccaggio, director técnico del proyecto nombrado por “el tirano pófugo” Juan D. Perón, era haber sido lavacopas en el ex Ferrocarril Oeste. La misma “información” nutría la nota de La Nueva Provincia de la mañana del martes 12, titulada “Otro negociado: la fabricación de locomotoras en el país”. La Razón, en tanto, había titulado el día 11 a la tarde: “Costó millones la fábula sobre locomotoras justicialistas”. La nota de La Nación del día 12 también sembraba sospechas al cuestionar el proyecto, mencionando costos de una de esas locomotoras de fabricación nacional en comparación a una similar importada, señalando que la última podía adquirirse a una tercera parte del valor de la primera. No aclaraba la nota, advierte el especialista De Mendonça, que el valor que toma de referencia para la locomotora de origen nacional no es el de la producción en serie, sino el de la unidad prototipo de la etapa de diseño, “que suele ser cinco o diez veces superior al costo de fabricación posterior”. Lo más llamativo del caso es que no fueron sólo esos medios los que publicaran, en el mismo día, información descalificadora del proyecto Locomotora Justicialista. También lo hicieron La Prensa, La Capital y El Atlántico de Mar del Plata, medios del interior y todos en el mismo tono de denuncia y descalificación, advirtiendo que tales “desvíos” ponían en serio riesgo el funcionamiento de todo el sistema ferroviario. El interrogante sobre el por qué de esa campaña de noticias falsas sobre el proyecto y su mentor pareció quedar despejada en otras informaciones aparecidas en los días posteriores, ambas dentro de la semana posterior. Una, casi de inmediato tras el lanzamiento de la campaña, fue la “confirmación” de que Argentina había logrado su ingreso al FMI y al BIRF (Banco Mundial). Un par de días después, vendría la “buena noticia” que despejaría el temor a quedarse sin tren, al haber quedado la fabricación de la Locomotora Justicialista definitivamente clausurada: el Banco Mundial anunciaba la concesión de un crédito multimillonario para la Argentina para adquirir 200 locomotoras importadas. Se iniciaba, así, una vinculación entre los organismos de créditos internacionales nacidos del Acuerdo de Bretton Woods y el país, signada por el crecimiento de la deuda externa, la dependencia del extranjero y, adicionalmente, el cercenamiento al desarrollo industrial. Lateralmente, frustrando o destruyendo a quienes promueven el desarrollo nacional con sus innovaciones. El ingeniero Saccaggio, denostado y abandonado tras la campaña de mentiras en su contra, falleció apenas tres años después. Cuando hoy una alta autoridad nacional dice que sin importaciones sólo nos quedaríamos con el birome y el dulce de leche, que es lo único que sabemos hacer, puede parecer que peca de ignorante. Pero, lo más probable, es que esté intentando, como hicieron en 1956 los detractores del proyecto de locomotora nacional, convencernos de que este país no puede ni debe tener industria. Menciones: Raúl Dellatorre, Juan D. Perón, Pedro Eugenio Aramburu, Pedro Celestino Saccaggio, Jorge De Mendonça, FMI, Banco Mundial, BIRF, Locomotora Justicialista, Aimas, Página/12, La Nación, La Razón, Crítica, La Nueva Provincia, La Prensa, La Capital, El Atlántico, Argentina, Ferrocarril Sud, Ferrocarril Oeste, Córdoba, Materfer
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