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26/07/2026 Perfil.com - Nota

Verdadero riesgo K
Jorge Fontevecchia - Cofundador de Editorial Perfil - CEO de Perfil Network.

Los discursos del ministro y del viceministro de Economía comparten un triunfalismo tal que genera sospecha de sobreactuar lo opuesto. Para Luis Caputo comenzaron (hace tres meses) los mejores 18 meses de la economía argentina y en ella ya hay brotes verdes para José Luis Daza. Y de distintas formas ambos se quejan de la incapacidad de muchos de percibir “lo bien que nos va en economía”. Sobreactuar lo opuesto es un mecanismo de defensa –formación reactiva para la psicología freudiana– donde la persona no está fingiendo a propósito, sino que precisa actuar inconscientemente lo contrario para reducir la ansiedad que le causaría lo que realmente piensa y reprime.
Nadie puede discutir que la reputación crediticia de la Argentina mejoró notablemente y eso es positivo. Como nadie puede negar que simultáneamente la mayoría de la población empeoró sus condiciones de vida. Y de la misma forma que lo último posibilitó lo primero, tampoco nadie puede negar el temor de los agentes financieros a que la mayoría de la sociedad que se perjudicó reclame dejar de hacerlo votando un plan económico que priorice mejor la calidad de vida y empeore la reputación financiera. Un clásico trade-off donde elegir más de A significa resignarse a menos de B.
La hipótesis de que la elección de Javier Milei en 2023 fue un gran malentendido porque muchas de las personas que lo votaron no comprendían lo que decía que iba a hacer quedó superada por el triunfo electoral del Gobierno en octubre de 2025, cuando ya había demostrado lo que hacía. Eso hace plausibles las posibilidades reelectorales de Milei en 2027. ¿Por qué entonces esa necesidad de sobreactuar optimismo de los conductores del Ministerio de Economía?
Quizás comprenden que llegaron al punto crucial de su plan económico, en el que el “cansancio material” por falta de recursos económicos de quienes lo apoyan pueda estar alcanzando su límite y se genere un switch donde el sistema de creencias pase de círculo virtuoso a vicioso y allí sí enfrenten lo que fatasmáticamente llaman riesgo kuka, una población dispuesta a votar mayoritariamente un plan económico distinto.
Ese riesgo no será mérito de los kukas, sino desmérito del propio gobierno, por lo que de existir no deberían sentirse víctimas ajenas a la situación ya que sería consecuencia de lo que el oficialismo habría producido con su falta de éxito en satisfacer las expectativas.
Kristalina Georgieva llegará a Buenos Aires mañana en un viaje de inequívoco apoyo al Gobierno. Previo a las elecciones de la primavera de 2025 la presidente del Fondo Monetario Internacional ya había pedido a los votantes argentinos que apoyaran el rumbo económico de Milei y dependiendo de las reuniones que realice esta vez podrá palpar un humor social distinto al del triunfo electoral oficialista de octubre.
Sus apoyos anteriores cosecharon el repudio de gran parte de la oposición con Axel Kicillof acusándola de intentar “elegir quién debe gobernar”, sumado al envío de una carta formal al directorio del FMI exigiendo una investigación interna sobre Georgieva por violar el deber de imparcialidad. En este viaje, partidos de izquierda, agrupaciones sociales y sectores sindicales combativos harán marchas de repudio y actos de “malvenida” frente a la sede del Ministerio de Economía donde Kristalina tiene agendada una conferencia de prensa con Luis Caputo.
En su canónico Tractatus logico-philosophicus , Ludwig Wittgenstein revolucionó la filosofía con “juegos de lenguaje” (sprachspiele). Lo hizo desdoblando su propio apellido “Wit”, que en inglés significa ingenio; y “stein”, que significa piedra en alemán convirtiendo su apellido en “ingenio atrapado en una piedra”. Un juego de lenguaje se podría hacer también con la inhabitual letra K en nuestras palabras en español. Durante las últimas décadas, K era sinónimo de kirchnerismo. Cristina Kirchner llegó a decir en un discurso: “Si pudieran prohibir la letra ‘K’ del abecedario, lo harían”. Hoy, un malentendido de lenguaje en forma de chiste sería el de un militante que grite en Plaza de Mayo: “Hay que resistir el avance de la K”, mientras un libertario le responda: “Por fin estamos de acuerdo”, y el otro aclare: “Estoy hablando de Kristalina Georgieva y su apoyo al ajuste de Milei”.
Pero otro juego de lenguaje con la letra K está relacionado con el funcionamiento de la economía, cuando al comienzo del gobierno de Milei se discutía si la recuperación se produciría en forma de “V” (rápida), de “U” (lenta) o de “W” (a los saltos) y para los más pesimistas, en forma de “L” (nunca se recuperaría). A treinta y dos meses de economía libertaria, se puso de moda entre los economistas (inspirado en la creatividad de Claudio Zuchovicki citado ayer en su columna por Carlos Burgueño) sostener que se comporta como una “K”, donde con mucha fuerza hay algunos sectores (un 30% del total) que imitan el brazo ascendente de la letra K y con la misma velocidad, intensidad y fuerza el resto de los sectores (70% del total) imitan el brazo descendente de la letra K.
Crédito viene de ser creíble, en el caso de la mejora en las calificadoras de riesgo de nuestro país, que ya pasó de 342 puntos en el mejor momento de Macri al ganar las elecciones de medio término en noviembre de 2017 a 2.573 puntos en la primavera de 2019 tras perder Macri las PASO. ¿Lo mismo sucedería a Milei si hubiera PASO y saliera derrotado por un candidato peronista en agosto de 2027? Quizás por eso quiere eliminar las PASO para no correr ese riesgo dos meses, de agosto a octubre.
Probablemente, la clave de la definitiva estabilización macroeconómica argentina no sea resultado de la reelección de un candidato de centroderecha como Macri en 2019 o de extrema derecha como Milei en 2027, sino, como pasó en Brasil en 2002, cuando ganó Lula por primera vez la presidencia: el riesgo país de Brasil subió de 700 puntos a 2.436 pocos días antes de su elección. Un año después (Lula había designado un presidente del Banco Central muy respetado: Henrique Meirelles) el riesgo país era algo superior a los 400 puntos básicos, como el actual de la Argentina, y Lula terminó su primer mandato con 155 puntos.
Ahora que Milei fue a ofender a nuestro principal vecino llamando a Lula “basura socialista” y “ladrón”, al FMI, además de preocuparse por las relaciones exteriores de la Argentina con su mayor socio comercial, le valdría mirar el ejemplo de Brasil: la clave no es la reelección de Milei, sino que, habiendo alternancia en el poder haya la misma solvencia.


Imagen: perfil.com


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