25/07/2026 Página 12 - Nota - Espectáculos - Pag. 29
La cultura es un lugar peligroso para el poder Laura Gomez Sentada en un camarín del Teatro San Martín frente a un espejo iluminado, con aura mítica y una brocha en la mano, Marilú Marini celebra la llegada de Manifestum a su vida. Se trata de una conferencia performática ideada por Oria Puppo (con dramaturgia de Eugenia Pérez Tomas) que incluye textos de varios artistas: María Belén Correa, Andrea Cukier, Esther Díaz, Daniel Link, María Lugones, Gaita Nihil, Javier Sáez, Cande Schamun, Alejandro Tantanian, Liliana Viola y Marlene Wayar. En diálogo con Página/12, la actriz valora un proyecto que aborda “la aceptación de la diferencia y la libertad que deberían tener todos los cuerpos para hacerse tal como ellos sueñan ser y no a partir de lo que está pautado tradicionalmente en términos binarios que limitan la sexualidad”. Marini entiende de libertad y también de cuerpos. En los años 60, antes de su exilio en Francia, fue una de las protagonistas indiscutidas de la contracultura porteña y encabezó junto a otros colegas un movimiento revolucionario como el del Instituto Di Tella. Además, antes de ser reconocida como actriz, directora y dramaturga, inició su camino como bailarina de danza contemporánea, un oficio que nunca se deja atrás del todo. Eso puede verse en cada uno de sus gestos frente al espejo, en sus maneras de ocupar el espacio, en el movimiento de sus manos y en las poses que prueba frente a la cámara durante la sesión de fotos. Sus 86 años no le impiden tener alma joven y un pensamiento que en muchos aspectos es más progresista que el de las nuevas generaciones de este tiempo. “Cuando leí el proyecto, me conmovió mucho porque todos los textos tienen una fuerza que no está en la queja, sino en la energía arrolladora para crear una realidad que nos corresponda, algo que no sea impuesto socialmente por el patriarcado. Me conmovió esa energía para proponer y crear. Si nos comunicamos, podemos hacer muchas cosas. Eso es algo que me motivó a participar de la obra, además considero que es muy importante hablar de estas cuestiones porque por momentos parece que volvimos a la época de la Inquisición, a una mentalidad que creíamos enterrada para siempre y, sin embargo, aparece representada políticamente. Esto me hace mal”, se lamenta. Marini vivió su juventud durante los años 60 y 70, una época en la que había mucha represión sobre los cuerpos pero en la que también había espacio para el pensamiento crítico, la rebeldía juvenil y las incipientes luchas feministas. “La repercusión del movimiento feminista era muy reducida. Frente a nuestras luchas había una respuesta patriarcal que nos tildaba de locas”. Al mismo tiempo, había una gran libertad y una apertura frente a lo establecido. Por supuesto, el contexto social, político y económico en el mundo era muy diferente: nosotros soñábamos con romper el sistema y crear otro mundo. Éramos unos hippies con unas utopías totales”, recuerda con una sonrisa luminosa. En un pasaje de su propio manifiesto, la actriz dice que la utopía no es un lugar sino “un cuerpo que aprendió que tiene derecho a ser exactamente lo que sueña ser”. Es una idea sencilla y, a la vez, muy bella. “Lo digo yo, que soy actriz. Mi cuerpo sigue siendo mi cuerpo, pero se transforma en los cuerpos de otros entonces hay algo que me corresponde mucho. Personalmente, pienso que todo es cuerpo; todo pasa por el cuerpo, todo tiene que hacerse carne. Este espectáculo habla de eso”, subraya. Una actriz siempre aloja otros cuerpos en el suyo. ¿Cómo te llevás con eso en este momento de tu vida? Como lo he hecho tantas veces y de maneras tan diferentes, lo vivo como algo que está completamente integrado a mí. Hoy tengo un acceso a esa posibilidad de devenir otro en mi propio cuerpo que no sé si es más fácil pero sí más fluido. En este momento de mi vida tengo más fluidez, estoy más tranquila con respecto a eso. Por supuesto esto no impide que me ponga nerviosa los días previos al estreno. Me sigo poniendo nerviosa pero son unos nervios amorosos, de excitación. Tengo ganas, deseos y, al mismo tiempo, me da miedo. Pero eso es lo que pasa siempre: lo que más deseamos es lo que más miedo nos da. Cuando una toca el deseo, es tan luminoso que da miedo quedarte ciega. Encarnar a otros seres en mí es algo que no puedo dejar de hacer. La artista define los escritos de esta pieza como “textos de trinchera que van hacia adelante, que crean y proponen”, y aclara que “esa energía positiva está expresada desde la exclusión”, porque la autoría quedó a cargo de “gente que incluso hoy en día lucha mucho para ser aceptada y poder tener los derechos que les corresponden socialmente”. Marini señala también los “enormes problemas económicos que atraviesan muchas minorías” en la Argentina y en el mundo. Ese carácter propositivo es uno de los rasgos característicos del género manifiesto y estos textos en primera persona, pero la pieza incluye además una dimensión cuantitativa con datos duros necesarios para entender un escenario complejo. Quien acompaña a la actriz en escena es Franco Torchia, reconocido periodista especializado en diversidad sexogenérica. En algún momento leen una serie de datos estadísticos a dúo para explorar la evolución del derecho a la vivienda de la comunidad travesti/trans en unos pocos años. En 2005, Lohana Berkins y Josefina Fernández publicaron La gesta del nombre propio. Informe sobre la situación de la comunidad travesti en la Argentina (Ediciones Madres de Plaza de Mayo). Uno de los ítems analizados en este primer informe sobre la comunidad travesti/trans fue el acceso a la vivienda. El 31% de las personas encuestadas vivían en una propiedad alquilada, el 1% era propietaria, el 30% vivía con amigxs. En 2007, 257 personas travestis y trans participaron del informe que culminó en la obra Cumbia, copeteo y lágrimas, encabezada por ALITT (organización que lideraba Berkins). Allí, el 26% de lxs encuestadxs vivía en vivienda alquilada y el 14,8% vivían con amigxs. Mientras que en 2012, la Primera Encuesta sobre Población Trans: Travestis, Transexuales, Transgéneros y Hombres Trans (Informe técnico de la Prueba Piloto Municipio de La Matanza) arrojaba que, sobre una muestra de 206 personas, el 22,3% alquilaba el lugar donde vivía y el 46,5% vivía en viviendas deficitarias. Manifestum no se queda entonces en una zona declamatoria sino que aporta datos concretos para pensar cómo se traducen las injusticias al modo de vida de las personas que forman parte de esas minorías. “A veces la sociedad los mira de una manera que parece graciosa pero resulta muy ofensiva, hablan del puto de grupo o del peluquero del barrio como si fueran una flor rara que se acepta. ¡No! Son pares”, destaca Marini, y explica que a través del arte muchas personas de esas comunidades pudieron expresarse y simbolizarse. Por otra parte, la actriz destaca el trabajo de Puppo y Torchia a la hora de recolectar los textos que forman parte de la obra. “Franco está muy en contacto con estas comunidades y tiene una gran militancia desde el periodismo, es un gran conocedor de toda la literatura, la filosofía y el arte que acompaña este movimiento. Para mí es un placer y un honor compartir el escenario con él porque es una persona que tiene un peso y un valor muy importante como representante de estas corrientes. Pienso que ya no tendrían que ser corrientes, deberían estar verdaderamente integrados, pero seguimos en esta fase”, advierte. —Otra de las cosas que mencionás en tu manifiesto es el exilio, esto de pensar o soñar en otra lengua. ¿Qué marcas registrás de aquella experiencia después de tanto tiempo? -Ahora eso está mucho más integrado, pero el exilio siempre se lleva adentro; ese estar extrañado en otra cultura y otra lengua es algo que persiste. Es una fisura pero también es como si tuvieras que aprender todos los códigos sociales de nuevo. Eso está más aliviado en este momento porque finalmente viví más tiempo en Francia que en la Argentina, tengo mi familia allá: mi hija, mis nietos. Claro que ese viaje que hice en 1975, cuando me fui a Europa, queda grabado para siempre. Es un recuerdo que no está perdido, siempre está ahí presente. Expresarte o simbolizar en otra lengua es algo que consume mucha energía, incluso hay algo físico que sucede ahí: es otra voz, otro cuerpo. Una lengua es una concepción del mundo. Para reflexionar sobre el español rioplatense, Marini recuerda algunos conceptos de Juan José Saer y Copi, a quienes conoció durante su exilio parisino. “La lengua también es cuerpo”, desliza, y remata: “La palabra es muy poderosa”. A lo largo de su trayectoria Marilú no solamente conoció a prestigiosos artistas sino que también trabajó con muchos de ellos. Hace unos años fue dirigida por el director teatral inglés Peter Brook en una versión de La tempestad, de William Shakespeare, y en cine fue dirigida por la directora francesa Claire Denis (por mencionar algunos hitos). En la Argentina, Marini era muy amiga de Danielito Tinayre, quien a su vez era muy amigo de Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares. “Ellos comían juntos y veían una película todos los viernes por la noche. Mi marido adora la literatura argentina, entonces yo había conseguido para él una primera edición de La invención de Morel. Le pedí a Danielito si Bioy la podía firmar y dedicársela a Rodolfo, mi marido, así que allá fuimos. Él era una persona encantadora —recuerda la actriz—. Conocía mi trabajo y me dio una obra inédita de Silvina para ver si podía hacer algo con ella. Él sabía que yo había trabajado mucho en el Di Tella pero no me conocía, creo que me dio esa obra porque Danielito le daba confianza. Fue algo muy mágico”. La obra en cuestión se titula La lluvia de fuego y se podrá ver a partir del 28 de agosto también en la sala Casacuberta del teatro San Martín. Esta vez Marini se ocupará de la dirección al frente de un elenco integrado por Valeria Lois, Carolina Saade, Agustín Rittano, Damián Mai y Mercedes Beno Mendizábal. “La obra es muy Silvina”, dice la directora sobre este texto desconocido que estrenó en París en 1997, y que recrea una atmósfera surrealista cargada de humor y suspenso. “Es la obra de teatro de una poeta. Siempre hay algo que está corrido en ella, me encanta esa malicia que tiene. La obra fue hecha junto a Juan José Hernández y me imagino cómo se habrán divertido escribiéndola. Siento que esta obra tiene una carga de argentinidad muy grande porque retrata una época”, declara Marini. Es posible tender un puente entre ambos proyectos: Manifestum invita a pensar (y problematizar) el cuerpo y la diferencia a través de testimonios en primera persona y materiales históricos, mientras que La lluvia de fuego explora la reconstrucción de la identidad de su protagonista, Adelaida, frente a la decadencia social de una clase. El erotismo, por ejemplo, es algo que aparece en las dos piezas: Adelaida está tironeada por el deseo y es estafada, mientras que en Manifestum Esther Díaz reflexiona sobre el sexo después de los 50, Andrea Cukier habla del sexo en los cuerpos autistas y Javier Sáez piensa el rol de la analidad en la cultura. Marini reflexiona: “Con Oria creemos que si Silvina estuviera viva, seguramente habría escrito un texto para Manifestum. El asunto de la analidad es algo muy prohibido y muy inquietante porque es la otra posibilidad. Hay que luchar mucho contra esa idea sobre cómo debe ser lo masculino y cómo debe ser lo femenino. Se supone que las mujeres somos colores, muy sensibles y delicadas, que debemos ser protegidas. Me parece que el ser humano debería ser protegido más allá de su condición de género. En la cultura aparece esta idea de que el culo es un lugar de vergüenza porque es algo sucio y algo que hay que preservar y dejar cerrado. No hay que integrarlo como un factor de placer y una posibilidad de otra situación erótica y amorosa”. El texto de Sáez señala: “El ano representa exactamente eso que el poder odia: la posibilidad de apertura”. Cuando se le consulta por su mirada en relación a la situación de la cultura en aquellos lugares donde le toca trabajar, la actriz asegura que “la reducción de los presupuestos para proyectos culturales existe en la Argentina y en Europa”, y recuerda que hace poco hubo una manifestación en el Festival d'Avignon frente al anuncio de más recortes. “El poder piensa que la cultura no es constitutiva de lo social, lo cual es un error enorme porque la cultura construye tejido social. La cultura es un lugar peligroso para el poder porque es donde uno puede simbolizar libremente y eso es algo que inquieta. Gilles Deleuze decía que el poder no quiere tristes, y eso se manifiesta en el menosprecio de los distintos gobiernos hacia el quehacer de la trama cultural. La cultura es un lugar de efervescencia, de conversación e intercambio, genera diversidades”. Y concluye: “No sólo tenemos que ofrecer resistencia sino alimentar nuestra invención y nuestra imaginación. Cosas que imaginaron los artistas del siglo XIX o XX se están cumpliendo ahora, así que tratemos de imaginar cosas constructivas”. Manifestum puede verse de miércoles a sábados a las 19.30 y domingos a las 18.30 en la sala Casacuberta del teatro San Martín (Av. Corrientes 1530). Las entradas están disponibles por Entradas BA o en la boletería. La lluvia de fuego se podrá ver a partir del 28 de agosto en la misma sala. Menciones: cnot
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