Logo Ejes
25/07/2026 LaNacion.com - Noticias

La campaña proargentina de la que pocos hablan
Fernando Laborda

Fernando Laborda/n

El equipo de Messi y Scaloni protagonizó un fenómeno internacional que, en las últimas horas, fue tapado por críticas en buena medida infundadas
Entre los hinchas argentinos, hubo una alta proporción de extranjeros en los estadios, como el de Kansas CityAníbal Greco
En los últimos días, poco después de la finalización del campeonato mundial de fútbol, los medios de comunicación se centraron en una supuesta campaña antiargentina, alimentada en buena medida por la desinformación y amplificada desde redes sociales que, con frecuencia, equiparan la verosimilitud a la verdad.
La Argentina ha construido la riqueza de su identidad a partir de la diversidad de orígenes étnicos y culturales de su sociedad. Solo un ignorante puede afirmar que la Argentina es racista porque en su seleccionado nacional de fútbol no haya jugadores de raza negra. No deberíamos desechar la posibilidad de que, de aquí a algunos años, pueda surgir de la pequeña comunidad de senegaleses, que desde hace relativamente poco tiempo habita nuestro país, algún joven crack que pueda vestir la casaca albiceleste. Pero, al menos por ahora, no es el caso.
Lo realmente llamativo es que, a lo largo de estos días, nos hiciéramos eco de críticas sin demasiado fundamento, en lugar de reflejar otro fenómeno que sí debería conmovernos y alegrarnos. Se trata del sorprendente apoyo que recibió el equipo argentino en todos los estadios de los Estados Unidos por parte de un público extranjero que, desde variadas latitudes, se congregó para vestirse con nuestros colores. Fue la campaña proargentina de la que pocos hablan.
Alrededor de la mitad de las decenas de miles de camisetas argentinas que se vieron en Kansas City, en Dallas o en Atlanta no eran portadas por argentinos, sino por simpatizantes de nuestra selección provenientes de distintos lugares del mundo: desde estadounidenses, centroamericanos y mexicanos hasta fanáticos llegados de la India, China, Japón y, por supuesto, Bangladesh, país donde la pasión por la selección argentina alcanza ribetes de locura. En medio de los festejos tras el triunfo ante Cabo Verde, este cronista se topó en Miami con una pareja proveniente de Kenia, que cruzó el Océano Atlántico para ver a Lionel Messi y que lucía con orgullo la camiseta albiceleste. El cariño que algunas poblaciones locales, como la de Kansas City, les prodigaron a los visitantes argentinos también merece una mención especial.
El eterno abrazo de Messi y Scaloni, tras la victoria ante el seleccionado inglés, en AtlantaPrensa AFA
La selección de Lionel Scaloni cayó en la final del Mundial ante España, pero ganó lo más importante: terminó de conquistar con su desempeño y su entrega el corazón de la inmensa mayoría de los argentinos y también la simpatía de muchos extranjeros. Porque no son campeones lo que siempre ganan, sino los que nunca se rinden y luchan hasta el último minuto.
Para los argentinos, más que un Mundial, fue un viaje al interior de nosotros mismos. Una vorágine de emociones que no puede ser explicada exclusivamente por lo futbolístico y que, por momentos, se asoció a una suerte de película épica cuyo guion no podía haber sido imaginado ni por el mejor dramaturgo.
Fuimos testigos de los pasos de baile finales de un hombre que se convirtió en leyenda como Messi, que con 39 años de edad siguió brillando y conmoviéndonos hasta llevarnos a su tercera final por una copa del mundo.
Tanto Messi como Scaloni nos enseñaron que se puede liderar desde la humildad, un estilo de liderazgo al que los argentinos estamos desacostumbrados, muy distante de la prepotencia.
El equipo argentino nos mostró que, muchas veces la paciencia -y no la ansiedad- es el mejor remedio para enfrentar con éxito la adversidad
Hay que destacar, en particular, la figura del director técnico argentino, que demuestra que la firmeza puede convivir con la mesura, la sencillez y el sentido común, sin necesidad de estridencias ni de humillar a nadie para afirmar su autoridad. Un estilo completamente alejado de la soberbia, que se advirtió especialmente cuando reconoció que la derrota en el partido final solo se debió a que nuestro rival fue superior.
El liderazgo de Messi, por su parte, se destaca por su cercanía al resto de sus compañeros de equipo para inspirarlos, brindarles confianza y hacerlos mejores, al tiempo que muestra su costado más sensible cuando el capitán del seleccionado se emociona y hasta cuando se equivoca. Porque el mejor futbolista del mundo también es un ser humano capaz de cometer errores.
Fue así como la selección argentina se convirtió en un verdadero equipo donde cada uno es parte del todo y donde las individualidades están al servicio de un objetivo común a todos. Un equipo que nos mostró que, muchas veces, la paciencia -y no la ansiedad- es el mejor remedio para enfrentar con éxito la adversidad, combinada con la perseverancia y la convicción sobre el camino correcto.
Se trata de la mejor lección para no pocos argentinos que habitualmente pretendemos conseguir beneficios de manera rápida y con el mínimo esfuerzo. Y, en particular, para los más jóvenes. Una lección sustentada en valores como el del esfuerzo por encima de la excusa, y el de la cooperación por sobre los caprichos personales y las divisiones estériles.
La celebración de un gol argentino en BangladeshPrabir Das
Tal vez por eso este grupo haya unido a toda una nación a lo largo de 39 días, al margen de cualquier diferencia ideológica o partidaria. Tal vez sea el espejo en el que deberíamos intentar reflejarnos todos los argentinos y, en especial, la dirigencia política a la hora de cimentar liderazgos.
Hubo, desde ya, hechos que pudieron empañar la imagen argentina, como las agresivas actitudes de algunos miembros del plantel argentino antes sus pares españoles. Aunque evitables y lamentables, no dejaron de ser episodios aislados. Sería tan injusto no condenarlos como también resultaría inmerecido pretender descalificar por eso la actuación argentina a lo largo de todo el torneo.
Se trata de valorar todo lo bueno que deja este ciclo, sin dejar de considerar los argumentos fundados de quienes, definitivamente, son críticos de la fanfarronería que muchas veces nos caracteriza y que ha llevado a que se bromee con la idea de que la infidelidad para un argentino es dejar de mirarse en el espejo.
Lo peor que podríamos hacer ante una serie de expresiones detestables es refugiarnos en un simple y tosco patrioterismo. Como Messi y Scaloni, de lo que se trata es de escuchar.
Esta selección argentina, aun con sus defectos, es probablemente una de las mejores versiones de una nación que sueña con dejar atrás sus peores problemas y que, como la Scaloneta, podrá sortear adversidades si el trabajo, el esfuerzo, la constancia y la humildad se imponen a la arrogancia y la demagogia.


#70575824   Modificada: 25/07/2026 01:40 Cotización de la nota: $2.556.000
Audiencia: 855.000



Acceda a la nota web del medio