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18/07/2026 La Nación - Nota - Espectáculos - Pag. 8

El fin de las boleterías en los teatros porteños
Alejandro Cruz

ESCENA. El 90% de las entradas hoy se vende por canales digitales

Durante décadas, tal vez, la función de una obra de teatro se iniciaba cuando una persona se acercaba a la boletería horas o días previos a que un espectáculo formalmente levantara o corriera su telón. Si el bolsillo lo permitía, el futuro espectador “invertía” sus minutos eligiendo la mejor localidad en un tablero de madera que reproducía el plano de la platea con sus butacas. En cada tablero con agujeritos que reproducía la ubicación de cada asiento se ponía su ticket correspondiente que había sido enrollado manualmente. En perspectiva, cada tablero era una obra de arte de pequeño formato. A veces, en el momento de la selección de la butaca, se escuchaba cierta palabrita clave: “Por favor, de las buenas...”. Mágicamente, magia ayudada por algún billete extra, aparecían las ubicaciones más deseadas. En ese momento, el primer telón se acababa de levantar.

Para un sub-30, todo esto de un tablero con tickets enrollados prolijamente le sonará a ciencia ficción pura. Es que en los tiempos que hace tiempo vienen corriendo, la gran mayoría de las ventas de entradas teatrales se resuelve en modo remoto. Todo es más sencillo desde el teclado de una computadora o de un celular (aunque, claro, esa comodidad implique pagar de un 12 a un 13 por ciento en concepto del famoso service charge). Tan significativo es este cambio de hábito de consumo cultural que, en lo que se refiere al circuito del teatro comercial de Buenos Aires, alrededor del 90 por ciento de la venta se resuelve vía un call center o por la web. Continúa en la página 8.

Chequeo de entradas S. AZNAREZ. Las marquesinas en la avenida Corrientes ocupan todo el espacio.

Cambio de hábito: el fin de las boleterías en las principales salas porteñas. La compra digital de entradas en el circuito comercial ya alcanza al 90 por ciento de las ventas; una tendencia irreversible. Viene de tapa.

Ya en 2020 el experimentado productor Carlos Rottemberg marcaba en un posteo una data importante: “Hace 50 años un teatro tenía la cantidad de boleteros simultáneos para atender la taquilla en proporción a 380 butacas nominales colocadas en las salas. Hace 6 años, esa proporción había pasado a 870 por boletero a raíz del crecimiento de la compra vía Internet”. Se puede sumar otro dato de esta transformación: hasta no hace tanto, en el Teatro Gran Rex, el más grande del país, trabajaban 15 boleteros en turnos rotativos. En la actualidad, son tres. Antes, eran todos hombres. Ahora, mujeres. El dato lo aporta Andrés Cordero, el señor de fina estampa cuyo abuelo inauguró el Teatro Gran Rex hace 89 años. De hecho, en esa magnífica sala donde se está presentando Charlie y la fábrica de chocolate, el tanque actual, de las dos grandes boleterías de la sala solamente una está habilitada para su uso original.

Claro que la mutación de la compra presencial a la remota no se reproduce igual en todos los circuitos teatrales. En el Complejo Teatral de Buenos Aires, organismo del gobierno porteño que congrega a 8 salas, la compra remota de entradas teatrales, según datos oficiales requeridos por LA NACION, ronda el 70 por ciento. En el amplio circuito del teatro alternativo que atraviesa una delicada situación (cerró la sala Mil80 Teatro, de Javier Margulis; y está por cerrar Estudio Los Vidrios, de Lisandro Rodríguez), no hay información sobre cómo es el hábito de adquisición de localidades. Pero, según datos de la página Alternativa Teatral (plataforma clave para el sector) solicitados por la nota, se pasó de 720.000 entradas vendidas en 2014 a 1.054.000 espectadores, en 2024.

En algunos teatros el oficio de boletero se iba heredando de padres a hijos. Hace casi 50 años, Ricardo Marino se convirtió en el primer boletero de una sala de Rottemberg en Mar del Plata. En aquella lejana temporada de 1979 el joven empresario teatral estaba parando en el hotel Corbel. Como necesitaba que alguien le confeccionara un telón para el debut de la obra Pijama de seda, que protagonizaban Susana Campos y Rudy Carrié, el conserje del hotel, Ricardo Martino (padre), le aconsejó contactar a su mujer. Luisa, la que eligió la tela, terminó confeccionado el telón. De paso, Ricardo Marino, hijo de la pareja, se convirtió en el primer boletero del empresario teatral con 51 años de actividad. Actualmente, Ricardo Marino (hijo) es apoderado de Rottemberg en Mar del Plata.

En un reportaje publicado en el diario La Capital, aquel joven boletero recordaba varias anécdotas. Una de ellas remite al éxito que tuvo La cena de los tontos, aquella versión que protagonizaron Guillermo Francella y Adrián Suar. “Había dos colas: la de la gente de los comercios que no puteaba y la del que estaba por llegar y se quedaban sin entradas. Probamos de abrir la boletería a las 8, pero a las 9 no teníamos más localidades. Estaban los dos boleteros, yo, y tres acomodadores que venían a la mañana para organizar todo. Hicimos la prueba de mandar a uno de ellos a calcular cuál era el límite para avisar que, a partir de ese lugar, no garantizaba que llegara a conseguir”, contó. La medida parece que funcionó a medias. Entonces, probaron con dar números. Era otros tiempos.

En la actualidad, la venta de entradas para los tanques que, por ejemplo, protagonizan Francella y Suar (Desde el jardín y Sottovoce, respectivamente) se resuelve casi en su totalidad desde teclados varios. Nada de numeritos para los que aguardan en la cola.

Claro que el arrollador protagonismo que tiene la venta remota no necesariamente se replica del igual modo en otras plazas del país. Volvamos a Mar del Plata. Allí, durante la temporada de verano, Carlos Rottemberg considera que el porcentaje de venta en modo no presencial es del orden del 60 por ciento. “En Mar del Plata el ir a sacar las entradas es un plan en sí mismo”, asegura. Por eso, cuenta, para aquellos espectáculos más rendidores en términos de audiencia ya antes de la apertura de las boleterías a las 10 de la mañana suele haber una cola de gente esperando adquirir la suya. Esperan su turno mientras hacen malabares con la sombrilla, termos, bolso con milanesa y sus termos bajo la norma de un estricto dress code en el que las ojotas cumplen un papel fundamental.

“La compra de entradas mediante plataforma es una modalidad de consumo que se suma al estilo de vida actual”, reflexiona Andrea Stivel, la directora artística del Teatro Astros, cuyo tanque actual es la obra de las hermanas Marull, María y Paula, que presentan Lo que el río hace. La modalidad de lo remoto claramente abarca a otros productos culturales. El padre de la gestora del Astros fue David Stivel, el gran director, que en plena década del 60, dirigió el ciclo televisivo Cosa juzgada. Por allí pasaron jóvenes actores como Carlos Carella, Emilio Alfaro, Bárbara Mujica, Juan Carlos Gené, Norma Aleandro o Marilina Ross.

Sobre este hábito de compra de entradas teatrales a distancia Andrea Stivel aporta un dato generacional. “A las personas mayores les cuesta. Por eso, tanto el boletero como el personal de sala, siempre ayudan a aquellos espectadores que no pueden encontrar su correo electrónico o su código QR. Con que nos digan su DNI le resolvemos el problema”, señala sobre un papel vital que cumplen los trabajadores de las salas para que la experiencia de ir al teatro sea lo más amable y placentera posible aún antes de que se levante el telón.


Menciones: cnot


#70039643   Modificada: 18/07/2026 04:52 Superficie artículo: 630.54 cm²
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