18/07/2026 Página 12 - Nota - Opinión - Pag. 10
Carnaval David Cufré La convocatoria al Fan Fest de Palermo en los partidos de la selección viene siendo estupenda, con más de 30 mil personas que pasaron el último miércoles por Plaza Seeber para disfrutar el triunfo de la Scaloneta sobre Inglaterra. Desde que arrancó el Mundial, el Gobierno de la Ciudad reportó 235 mil visitantes al predio, que tiene entrada libre y gratuita, pero con acceso restringido a la comida y bebida por parte del público. Se invita, en cambio, “a comprar en los food trucks del amplio patio gastronómico, ya que el evento está diseñado para ofrecer una experiencia completa con alternativas para toda la familia”. La sugerencia, que en la práctica obliga a los visitantes a consumir antes de ingresar o dejar en la puerta cualquier bebida o vianda que hayan llevado, se topó con una sorpresa tan grande como el disparo cruzado de Enzo Fernández para Jordan Pickford, quien no tuvo más remedio que aceptar la realidad y terminó dando golpes contra el suelo. Del mismo modo, las puertas de acceso al Fan Fest de Palermo empezaron a registrar desde temprano -el partido era a las 16- que cada vez más familias reclamaban entrar con las heladeras que transportaban, con bebidas, sandwiches y snacks para afrontar las largas horas de la previa, el partido y los esperados festejos. En especial, el público del conurbano, que había viajado largo rato en tren o colectivo y le esperaba un regreso similar. La presión fue subiendo. Los bolsillos de la mayoría no estaban para afrontar precios de food trucks, mientras que con las provisiones compradas en el barrio el paseo era posible. La negativa inicial que transmitía el personal en los accesos empezó a dar lugar a escenas inesperadas, como que se empezó a agolpar más gente afuera que adentro, con muchos comiendo o tomando gaseosas, cerveza, fernet o vino, haciendo la fiesta ahí, mientras los food trucks en el patio gastronómico estaban más para decorar que para atender público. Familias enteras afuera de la plaza vallada adonde los habían invitado a disfrutar de un evento masivo, popular y único para los argentinos, como una semifinal del Mundial, nada menos que contra Inglaterra, de pronto se encontraban con que iban a mirar el partido bien lejos de la pantalla gigante. La situación no daba para más. Los nervios por el partido hicieron lo suyo y el clima se fue espesando, hasta que paulatinamente, primero con disimulo y como si fuera una excepción, los controles empezaron a permitir que el público entrara con las heladeras, hasta que finalmente eso se convirtió en la regla. El peso de la realidad de los bolsillos flacos y la pasión desbordante por la selección se terminó imponiendo a la restricción que buscaba generar un negocio para los concesionarios de comida. De hecho, las expectativas, la inversión y la estructura montada por los food trucks era para sostener un ritmo de entre 20 y 25 personas haciendo fila para comprar, con personal dispuesto para tal fin, pero lo que terminó ocurriendo el miércoles fue que la mayor parte del tiempo no había más de 2 o 3 personas esperando en la caja. Las ventas estuvieron muy lejos de lo previsto, aunque la fiesta por el partido fue fenomenal. A 20 cuadras de allí, en el corazón de los bares de Palermo, entre las plazas Serrano y Armenia, los locales gastronómicos registraron una situación similar respecto a la debilidad del consumo. Cervecerías, restaurantes, bares y demás locales con pantallas a la calle tuvieron muy buena convocatoria en los partidos de Argentina, pero con el público consumiendo lo básico y necesario. Y en otros partidos del Mundial, la demanda fue todavía más limitada. “No estalló el consumo ni mucho menos, como pasó por ejemplo en el mundial de Qatar, aunque es cierto que aquella vez era verano”, reporta el responsable de uno de esos bares. “Tampoco hay ni cerca la cantidad de turistas extranjeros que había en el otro mundial, y también bajó muchísimo la estadía en los departamentos que se alquilan por aplicación”, agrega en la comparación. La fiesta no está en el consumo, pero está en la calle. Se palpa la emoción, la alegría y el desenfreno. En las celebraciones en el conurbano se escuchan y se cantan las canciones de los Redondos y el Indio Solari. La energía liberada que habilita para los argentinos el carnaval del mundial, que envalentona, reduce a la nada el miedo al ridículo, que desborda, enloquece, emociona y desahoga, entre los múltiples efectos que se ven por todos lados, encontró, como si eso no alcanzara, un resonante estimulador político. Histórico. Inolvidable. Los jugadores que acababan de ganarle a Inglaterra desplegaron una bandera con la frase Las Malvinas son Argentinas, lo que dejó en ridículo al gobierno de Javier Milei en su intento de prohibir alusiones al tema en el estadio de Atlanta, Estados Unidos. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, había anunciado el día anterior desde Casa Rosa que se prohibía llevar objetos “que pudieran ser una provocación”, apuntando sin decirlo a cualquier mensaje sobre Malvinas. Los jugadores, desafiantes, pusieron el reclamo por Malvinas en la escena mundial y pasaron por arriba el intento de censura del Poder Ejecutivo nacional, nada menos. Y como mínimo le empardaron la mística a las famosas camisetas con el escudo cosido la noche anterior al partido contra Inglaterra, en el Mundial del 86, con la bandera que tomaron desde la tribuna y agitaron con valor, hecha con una sábana de hotel, pintada con aerosol. Otra semejanza entre el mundial de hace 40 años y el actual es la pasión de los argentinos por los festejos, y dentro de eso, la locura de tantos por trepar a semáforos, paradas de colectivos, postes de luz, alambrados, rejas, monumentos, plataformas, todo lo que se pueda trepar, allí habrá un fanático. El argentino, liberado a sus instintos, que es lo que permite el festejo del Mundial, se pone a trepar. La pregunta que responderá el tiempo es si después del carnaval de la cita deportiva volverá el rico a su riqueza y el pobre a su pobreza, o si los síntomas de hartazgo y rebeldía frente a una realidad económica agobiante para las mayorías encontrará cauce para propiciar alguna transformación política. Menciones: cnot
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