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04/07/2026 Página 12 - Nota - Justicia - Pag. 15

Es necesario dar a conocer esta masacre
Oscar Ranzani

En una Argentina donde los discursos negacionistas y reivindicadores del terrorismo de Estado vuelven a ganar volumen, el cine aparece —una vez más— como territorio de disputa por la memoria. Los fusilados de Racing, documental dirigido por Rodolfo Petriz, se inscribe con contundencia en esa batalla: reconstruye un crimen de la dictadura cívico-militar que permaneció oculto durante más de cuatro décadas y que ocurrió en un lugar tan inesperado como simbólico: el paredón del estadio de Racing Club en Avellaneda. Tendrá estreno para televisión hoy a las 21 en el ciclo de documentales Octubre TV por Página/12.

La madrugada del 22 de febrero de 1977, seis personas —cuatro hombres y dos mujeres— fueron bajadas de un vehículo por fuerzas conjuntas del Ejército y la Policía bonaerense, fusiladas y luego presentadas como parte de un falso enfrentamiento. El episodio, ocurrido a metros de la Puerta 19 del Cilindro, quedó sepultado por el terror de época y el silencio social. Apenas sobrevivió como recuerdo fragmentado en la memoria de testigos ocasionales, entre ellos el ídolo académico Oreste Corbatta, que aquella noche se topó con los cuerpos.

Décadas más tarde, una investigación periodística iniciada por la periodista Micaela Polak y un testimonio clave brindado en 2016 ante la Justicia reabrieron el caso. A partir de allí, Petriz —docente y realizador— emprendió un trabajo de más de cuatro años que combina archivo, testimonios, reconstrucción y una pregunta: ¿quiénes fueron los fusilados de Racing? El documental no solo aporta nuevas pruebas —incluida una denuncia judicial impulsada por el director—, sino que pone en escena las dificultades de investigar el terrorismo de Estado a casi 50 años: el miedo, los documentos manipulados, las identidades borradas.

Los fusilados de Racing parte de una pregunta muy concreta, la identidad de las víctimas, pero abre un panorama mucho más amplio sobre el terrorismo de Estado. Consultado acerca del momento en el que entendió que la película excedía el caso puntual, Petriz señala: “Desde el momento en que empecé a filmar. Si bien desde un comienzo me interesé por el caso, me parecía que era una masacre que había que dar a conocer —y dentro de dar a conocer implicaba también que yo asumiese la responsabilidad de intentar identificar a las víctimas. Me di cuenta de que podía ser un caso testigo para explicar el mecanismo mucho más amplio para eliminar personas detenidas en centros clandestinos”.

Rodolfo Petriz y el documental Los fusilados de Racing, en Página/12

“Es necesario dar a conocer esta masacre”

El realizador combinó imágenes de archivo, una investigación propia y varios testimonios para reconstruir lo sucedido el 22 de febrero de 1977. El documental se verá hoy.

-El hecho de que el crimen haya ocurrido en un espacio tan popular como un estadio de fútbol genera un contraste muy fuerte. ¿Qué te interesaba trabajar desde ese cruce entre lo cotidiano y el horror?

-Me interesaba mostrar al menos cómo ámbitos que eran muy transitados por la ciudadanía en ese momento, muy cotidianos, estaban atravesados por el genocidio y los crímenes de lesa humanidad. La población estaba sometida a un régimen de terror que se hacía presente en todas las esferas de su vida. Entre ellos, una cancha de fútbol, uno de los lugares más emblemáticos que tenía Avellaneda. Era poner a la luz cómo funcionaban los mecanismos de detención y la atemorización de la población.

-Te encontraste con silencios persistentes, incluso décadas después del fin de la dictadura.

¿Qué te reveló ese miedo que todavía aparece?

-Estamos hablando de un suceso o de años que fueron muy traumáticos para la mayor parte de la población, lo cual les generó un temor que no se pueden sacar de encima. Eso es un poco lo que me dieron a entender todos los que decidieron no responder preguntas. Por supuesto que también hubo gente que habló y decidió contar lo que sabía. Pero me encontré con muchísimos posibles testimoniantes que no quisieron prestarse a las entrevistas.

“Fueron años muy traumáticos para muchos: es lo que me dieron a entender todos los que decidieron no responder preguntas.”

-La película combina recursos del documental clásico con una lógica casi policial. ¿Por qué elegiste ese tono narrativo para abordar un crimen de lesa humanidad?

-Me parecía que podía generar expectativa en el espectador y podía interesar más a aquel que va a ver el documental. Básicamente siempre estuvo pensado, desde que quise hacer el documental, que fuese una suerte de policial negro. Por supuesto, un policial negro no sobre un caso ficticio, sino sobre un caso horrorosamente real. Desde ese punto de vista podía ser una forma narrativa que cautive un poco más al espectador y lo meta en la historia. Y que no dijese “Es meramente un documental sobre el crimen de lesa humanidad”. Eso le daba un plus. Y al ser una investigación que iba a desarrollar yo mismo, en tanto realizador, básicamente con esta idea de quiénes fueron las víctimas, eso tenía que estar contado.

-En un contexto político donde reaparecen discursos que relativizan o reivindican la dictadura, ¿el documental adquiere un nuevo sentido o urgencia?

-Siento que sí, llega en un momento en el que es importante seguir hablando de esos temas. Y seguir mostrándole a la población, y a aquellos quizás más jóvenes que no vivieron aquellos años, el tamaño de los crímenes cometidos por la dictadura. Llega en un momento que, desde el punto de vista mío, fue azaroso. Yo empecé a filmar en 2019. Realmente no pensé que íbamos a llegar a un 2026 con un gobierno nacional que niega o incluso reivindica los crímenes de lesa humanidad. En ese sentido, bienvenido que haya llegado en este momento.

“Sigo queriendo conocer la identidad de esas seis personas”, señala Petriz.

-El vínculo con Racing atraviesa toda la película, no sólo como escenario, sino como comunidad. ¿Cómo lees el papel de los clubes en la construcción de memoria colectiva?

-Tanto Racing como otros clubes se han ocupado muy fuertemente durante los últimos años en generar acciones para contarle a la comunidad lo que fueron los crímenes de lesa humanidad. Reivindico el rol que han tenido esos clubes. Racing fue uno de los clubes pioneros en tomar las banderas de Memoria, Verdad y Justicia como propias y generar conciencia acerca de eso. Me parece fundamental que los clubes tomen esta acción sobre todo porque llegan a un montón de gente a la que, quizás, no se llegaría por otros medios. Muchísimos hinchas siguen la actualidad de esos clubes. Y si en la actualidad de esos clubes aparecen constante o regularmente acciones en pos de levantar esas banderas, se va a enterar parte de la población que tal vez no se enteraría de ese tipo de acciones o contenidos.

-Trabajaste con archivos de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la provincia de Buenos Aires (Dippba), testimonios orales y peritajes. ¿Cómo se construye verdad cuando las fuentes son fragmentarias, contradictorias o fueron producidas por el propio aparato represivo?

-Yo intenté construir verdad de los hechos de aquello que podía estar o que estaba comprobado siguiendo los métodos de rigurosidad que lleva el periodismo: intentar contrastar fuentes y encontrar varias que reivindiquen o que reprendan lo que uno sospecha. En el documental se presenta como verdadero aquello que tiene ese nivel de contrastación. Después hay muchísimas cuestiones que se presentan de modo hipotético. Quizás por esto mismo, no es que llegué a un grado de certeza que me permita demostrarlos. Por poner un ejemplo, si los sucesos en la cancha de Racing fueron solamente para ejercer algún tipo de apriete sobre quien era presidente del club en ese momento. Eso aparece como hipotético, pero verosímil también. Nuevamente, aquello que se presenta como verdad tiene que ver con contrastarlo con la mayor cantidad de fuentes posibles. En el caso de los asesinatos en Racing, el parte secreto que apareció en la Dippba, que fue elaborado por las propias autoridades policiales, habla de un enfrentamiento. Ahora, por supuesto, distintos testigos con sus testimonios afirman que se trató de un fusilamiento, con gente que fue bajada de un camión y asesinada vilmente en ese lugar. Éste es un dato verdadero porque hay varios testimonios que indican que fue así, más allá de ese parte secreto, que fue una puesta en escena para dotar a este fusilamiento o asesinato con la característica de enfrentamiento de un grupo subversivo.

Las seis personas fueron fusiladas por fuerzas conjuntas del Ejército y la Policía Bonaerense.

-La decisión de presentar una denuncia judicial a partir del documental no es habitual. ¿Qué te llevó a dar ese paso? ¿Y qué expectativas tenés sobre el avance de la causa?

-Me llevó a dar ese paso que luego de estar investigando esta masacre durante más de cuatro años, caí en la cuenta de que no había ninguna causa judicial que estuviese investigando lo sucedido. Y era un paso natural asumir la investigación. Intenté desde un principio averiguar cuál era la identidad de las víctimas. No lo conseguí. En algún momento me di cuenta de que eso estaba fuera de mi alcance por no poder acceder a documentación, y por las limitaciones que tengo como investigador. Me parecía que lo natural es que la Justicia intente desentrañar no tanto qué sucedió esa noche porque eso ya se sabe, sino intentar conocer quién fue o quiénes eran los asesinados, para que los familiares de esas personas puedan saber cuándo murieron sus allegados. Era parte del compromiso que asumí desde el momento que empecé. Me parece importante, aunque creo que posiblemente no se logre averiguar nunca la identidad de las víctimas. Más allá de eso, tiene que haber constancia judicial de que ese crimen sucedió. Tiene que tener una causa.

-¿Qué implica desde lo político y lo humano que esas personas continúen sin nombre?

-Desde el punto de vista humano es una tragedia que haya familias que no sepan en qué circunstancias murieron sus seres queridos, como son tantísimos los desaparecidos. Me parece fundamental intentar al menos llevar ese consuelo a cada una de las familias. Desde lo político habla de una suerte de falencia social, algo que como sociedad tenemos que intentar resolver. Que haya un grupo de personas que no sepan qué pasó con sus familiares, indudablemente tiene que ver con un problema político. Esto es una tarea colectiva que tiene que ser llevada adelante tanto por aquellos organismos de Derechos Humanos que llevan 50 años batallando por el tema, como por un Estado que asuma esta responsabilidad y la asuma plenamente.

“El film llega en un momento en el que es importante seguir mostrando el tamaño de los crímenes cometidos por la dictadura.”

-¿Pensás que el documental puede contribuir a que aparezcan nuevos testigos o información? ¿Te pasó algo de eso desde las primeras proyecciones?

-Encaré el documental con ese objetivo también. Me parece un buen vehículo para que la comunidad conozca esto. Si bien esta masacre tomó estado público a partir de una nota que escribió Micaela Polak, Página/12 también, y a partir del libro de Alejandro Wall, Corbatta, el wing, me parecía que un documental le da mucha más visibilidad. Lo asumí con ese objetivo y esa suposición: si más gente que fue testigo o que supo sobre este hecho lo refleja en el documental, ofrece su testimonio, sería fantástico. A partir del documental tuve llamados de gente que conoció el hecho y de gente que fue testigo indirecto. Lamentablemente no pudieron aportar datos nuevos que colaborasen al objetivo primordial de la identidad de las víctimas. Pero al menos ya algunos se comunicaron conmigo para refrendarme lo que pasó esa noche y ofrecerse a lo que pudiera hacer falta.

-En varios momentos aparece la tensión entre la memoria individual y la memoria colectiva. ¿Qué aprendiste sobre esa relación?

-Primero, lo frágil que es la memoria. En el documental se ve que un mismo hecho es recordado de distintas formas. Habla de las dificultades que tiene reconstruir la memoria colectiva a partir de las memorias individuales una vez que pasa muchísimo tiempo. Por otra parte, uno puede trazar un paralelo entre las memorias individuales y colectivas respecto de cómo se generan traumas en esas memorias. La memoria colectiva del pueblo argentino sufrió un hecho muy traumático como fue la dictadura militar, y eso se sigue arrastrando. Y para poder exorcizar esos demonios o superar esos traumas es fundamental conversar públicamente.

-¿Qué recepción notaste en las nuevas generaciones que no vivieron la dictadura? ¿Aparecen preguntas diferentes a las de quienes sí la atravesaron?

-Yo creería que sí. Preguntan indudablemente, quizás por desconocimiento. Los que la atravesaron y eran conscientes de lo que pasaba, conocían los crímenes que había. Las generaciones nuevas desconocían un montón de aspectos, con lo cual desde ese punto de vista surgen preguntas de cómo era esto o lo otro. O cómo funcionaba el mecanismo de desaparición, tortura y muerte de las personas. También noté diferencias de lo emocional. Mucha gente que vivió esa época se angustió más después de ver el documental. Se conmovió porque era volver a pasar por su cuerpo lo que fue el horror de aquellos años. Las generaciones nuevas se espantaron al tomar conocimiento de cosas que desconocían. Pero me parece que ese espanto no es lo mismo que la angustia que sintió la gente al rememorar. Y eso lo noté en las proyecciones que hablé con el público y gente de determinada edad que quedó profundamente conmovida. Quizás no fue tanto en los más jóvenes, que lo veían con horror, pero sin ese nivel de angustia.


Menciones: cpol2


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