Logo Ejes
04/07/2026 Página 12 - Nota - Opinión - Pag. 6

Lamelas, el Virrey
Luis Bruschtein

Panorama | Político

Por Luis Bruschtein

Un obediente Javier Milei prefirió asistir a la celebración de la independencia norteamericana convocada por el embajador Peter Lamelas y desairó la integración regional. El festejo de Lamelas daba tiempo para participar también en la reunión del Mercosur en Paraguay, pero el presidente argentino confirió a la fecha una fuerte carga simbólica. Traducido: Milei festejó la independencia de Estados Unidos y la dependencia de su país al mismo tiempo.

Hay una relación estrecha entre integración regional y soberanía. El planeta está conmocionado por fuertes presiones militares y económicas por la profunda reconfiguración de alianzas y la incorporación de nuevas tecnologías que modifican las formas de acumulación y de circulación del conocimiento y la información. La integración regional constituye una forma de fortalecer la preservación de intereses nacionales y regionales.

En sus 250 años de independencia, Estados Unidos no sólo promovió ni ayudó a las luchas por la independencia de los demás países americanos sino que, por el contrario, a algunos les arrebató territorio -como a México-, a otros los invadió -como a México, Nicaragua, Santo Domingo, Panamá, Granada, etcétera- y a otros los manejó como títeres, incluyendo las dictaduras militares de Argentina.

Pero la del siglo XXI, del presidente Donald Trump, ya no es la gran potencia de los años 90. Arrinconada por el ímpetu de la economía china, Washington busca asegurar la provisión de materias primas para sus alicaídas industrias, controlar rutas comerciales, corredores marítimos y territorios estratégicos en lo que considera su zona de influencia, su retaguardia, lo que la Alemania nazi definía como su Lebensraum.

El Súper RIGI, las leyes de extranjerización de la tierra, las modificaciones a la ley que protegía los glaciares, las restricciones a las formas de integración regional y a las relaciones con China, los acuerdos de la Armada Argentina con la cuarta flota del Comando Sur de Estados Unidos para el control del Mar Argentino y el puerto de la armada norteamericana en Ushuaia constituyen la expresión más visible en Argentina de lo que ha sido para Venezuela el secuestro de su presidente, el bloqueo más inhumano de la historia a Cuba, las amenazas de intervención armada a México y los anuncios de apropiación de Canadá y Groenlandia.

Ninguno de esos actos, ni ninguna de esas leyes promovidas por el gobierno expresan una relación igualitaria. Por el contrario son formas de agresión y sometimiento.

“El presidente Milei no va a poder hablar, me tendrá que escuchar a mí, ja, ja”, dijo Lamelas. Obvio que sería así. La asistencia por primera vez en la historia de un presidente argentino a conmemorar la independencia norteamericana en su embajada fue un acto de sumisión realizado en forma pública para que los argentinos visualicen su nueva condición.

El proyecto que representa para Argentina la relación que promueve Milei con Estados Unidos es de saqueo extractivista de minerales, energía y alimentos y el aprovechamiento de sus puntos estratégicos para el control del Atlántico Sur y la proyección a la Antártida. El cubano Lamelas se alegra del sufrimiento de sus compatriotas cubanos por el brutal bloqueo que le aplica el gobierno que él representa.

En eso se parece a Milei porque para los argentinos el proyecto que impulsan dejará un país sin educación ni desarrollo industrial, con una clase media mínima y un sector enorme de trabajo informal sin derechos ni protección legal. Es un cuadro de cero movilidad social y con la mayoría de la población bajo la línea de pobreza.

Como dijo Milei, ni siquiera las dictaduras militares pudieron avanzar tanto en la destrucción de este país. El hombre alucina en economía e impresiona a los tontos con fórmulas inextricables, pero Estados Unidos avanza con una idea concreta que convertirá el país en una colonia en la que el poder real estará en la embajada de Washington y no en la Rosada, como lo demostró esta semana.

Las elecciones de 2027 no serán normales porque se estará definiendo la Argentina futura en un momento clave. Si se consolida el gobierno libertario, habrá que olvidarse de la Argentina conocida, con sus limitaciones, pero inclusiva, con cierta movilidad social ascendente, con salud pública, alto nivel educativo y universidades de alto nivel académico. La que venga será de muchos locales cerrados y mucha venta callejera. Pocos obreros de ocho horas diarias y muchos rappies y uber de 16 horas en la calle. Será otro país del que antes se quería mejorar.

El cambio es absoluto y destructivo y se producirá cuando en todo el mundo las nuevas tecnologías producen grandes transformaciones. El país quedará muy atrás y le será todavía más difícil recomponerse.

Pero ese proyecto requiere de la fractura del movimiento popular que aún no termina de reponerse de los golpes que ha sufrido. En ese contexto, si llega dividido o debilitado, se perderá la posibilidad de detener la destrucción que más tarde será tan difícil de reconstruir. El internismo en esta etapa puede convertirse en socio del proyecto libertario.

La condena absolutamente irregular a Cristina Kirchner, exacerbada con restricciones a su encarcelamiento demuestra su vigencia como líder popular. Ella y Axel Kicillof son los dirigentes que tienen el respaldo para convertirse en los candidatos del campo nacional y popular. Pero Cristina, además, fue proscripta y Kicillof pasó a convertirse en el centro de una campaña de demolición. El flamante jefe de Gabinete, Diego Santilli, lo calificó como “el peor gobierno bonaerense de la historia”.

En las elecciones de 2023, Santilli que aspiraba a ser gobernador de la provincia de Buenos Aires, perdió la interna con Néstor Grindetti, que perdió frente a la reelección de Kicillof. La base más peronista que tuvo en sus primeras elecciones Milei se alejó y quedó la que llegó del PRO, que en la provincia encabeza Santilli.

El analista Alfredo Serrano Mancilla difundió un cuadro comparativo entre el gobierno del PRO, de María Eugenia Vidal, con el de Kicillof, que la supera en casi todos los indicadores socioeconómicos, algunos con cifras que duplican los de la gestión del PRO, que tuvo el respaldo generoso del presidente Mauricio Macri. Aun con el respaldo que pudo haber tenido, Kicillof fue reelecto después de una pandemia desastrosa.

Se habla de ruptura entre ambos dirigentes y, más allá de los motivos que se pudieran conjugar para ese desenlace, el que sale perdiendo es el país.

Milei atraviesa la crisis Adorni que necesita terminar. El nombramiento de Santilli hasta el distanciamiento del armador en la provincia de Buenos Aires, Sebastián Pareja, lo muestra cediendo poder al PRO. Pero su fiesta en la embajada lo muestra tratando de equilibrar esa movida con el respaldo de su protector norteamericano.

Las encuestas le dan un poco más del nivel histórico del PRO, un 30 por ciento de imagen positiva. Pero en la asunción de Santilli, que fue pocos minutos antes de la fiesta de Lamelas, estuvieron 14 gobernadores, algunos de ellos de origen peronista, que deambulan en una neblina entre la extorsión del Gobierno y su desgaste. Milei les dio la décima parte de lo que prometió y sin embargo acuden a ese besamanos limosnero a cambio de sus votos en leyes que entregan riqueza y soberanía.

Con las elecciones en puerta, el escenario se asemeja una danza al borde del abismo.


Menciones: cnot


#69011271   Modificada: 04/07/2026 03:05 Superficie artículo: 738.86 cm²
Cotización de la nota: $29.712.655
Audiencia: 22.950