04/07/2026 Perfil - Nota - Policiales - Pag. 38
Turismo delictivo: el impactante modus operandi de la banda de chilenos que le robó a Del Potro Federico Pérez Vecchio El golpe que sufrió el extenista argentino en su casa de Tandil no fue un hecho aislado, sino parte de una modalidad que desde hace casi una década preocupa a las autoridades de Estados Unidos. Por el caso hay cinco detenidos, uno de ellos con arresto domiciliario. Se sospecha que también habrían actuado en Canadá y en Europa. Cómo operan estas organizaciones que viajan exclusivamente para robar simulando ser turistas. Por qué eligen a deportistas y celebridades y de qué manera el delito se transmite entre familiares y amigos hasta convertirse en un “oficio”. Federico Pérez Vecchio. El robo que sufrió Juan Martín del Potro en su casa de Tandil en mayo pasado parecía, en un primer momento, un episodio más de inseguridad. Sin embargo, la investigación dio un giro cuando dos de los detenidos fueron identificados como ciudadanos chilenos buscados por el FBI por integrar organizaciones dedicadas a cometer robos contra deportistas de élite en Estados Unidos. Se trata de Bastián Jiménez Freraut (28) e Ignacio Zúñiga Cartes (21), a quienes la Justicia del Departamento de Azul les dictó recientemente la prisión preventiva junto a sus cómplices, Eduardo Gallardo Espinoza y Esteban Escobar Cartes. En el caso también fue arrestado el argentino Walter D'Amelio, quien se cree que solo lo habrían contactado para realizar un viaje por una aplicación. La causa reveló algo más grande: detrás existe un fenómeno criminal que desde hace años preocupa a las fuerzas de seguridad estadounidenses y que registró víctimas en distintos estados del país, además de Canadá y Europa. La particularidad es que no se trata de una única organización, sino que existe una comunidad de delincuentes que comparte métodos, contactos y logística, formando pequeñas bandas que nacen, se disuelven y vuelven a reorganizarse. “No son oportunistas; esto es algo que aprenden desde chicos”, explicó a PERFIL el detective Jesús Bonilla, integrante del Major Case Squad del Departamento de Policía del condado de Nassau, en Long Island, uno de los investigadores que más tiempo lleva siguiendo este fenómeno. Comenzó a detectar un patrón alrededor de 2017, cuando distintos condados del estado de Nueva York registraron robos con características similares. La respuesta llegó desde California, donde ya seguían a grupos de ciudadanos chilenos que ingresaban a Estados Unidos como turistas para cometer robos en viviendas de lujo. Según detectó, el fenómeno se expandió después de que Chile ingresara al Sistema Electrónico de Autorización de Viaje (ESTA), que permite viajar por turismo durante 90 días sin visa. Por eso, mediáticamente comenzó a hablarse de “turismo delictivo” o “turistas del crimen”. Para Bonilla, sin embargo, el caso Del Potro fue una excepción. “Argentina siempre es el carril de paso para ellos, porque cruzan la frontera con documentos falsos y después viajan a Estados Unidos, México o Canadá con ayuda de un ‘coyote’”, explicó. El investigador privado David Bolton coincidió y sostuvo que muchos ladrones chilenos fueron detenidos utilizando licencias falsas y pasaportes argentinos, además de definir al país como un lugar “muy fácil para entrar y salir”. La hipótesis coincide con la investigación de la Policía de Investigaciones (PDI) de Chile. Según esa fuerza, Freraut y Zúñiga Cartes habían ingresado a Argentina por un paso no habilitado de la cordillera. Antes, un tercer sospechoso buscado por el FBI fue detenido junto a ellos en la comuna de Lampa. El comisario Enrique Gutiérrez, de Interpol Chile, destacó que el trabajo conjunto entre distintos países permitió identificar el modus operandi de la banda y sostuvo que los sospechosos enfrentarán a la Justicia en Estados Unidos o Argentina, ya que no registraban antecedentes relevantes en Chile. Una modalidad que se aprende. Después de años interrogando a decenas de detenidos, Bonilla llegó a una conclusión: “No tienen un jefe, funcionan como una red”. Describe una estructura flexible, donde pequeños grupos se forman alrededor de personas con experiencia. Luego, algunos se independizan y reclutan a conocidos. “Todos me cuentan la misma historia: mi papá robaba, mi tío robaba, mi hermano robaba. En los barrios de donde vienen, esa es la carrera de ellos”, relató. A diferencia de otras bandas, no eligen a sus objetivos al azar. Cuando apuntan contra deportistas o celebridades, detrás del golpe hay días de observación. Las redes sociales son el principal punto de partida: analizan fotos y videos publicados por las propias víctimas para identificar viviendas, accesos y posibles puntos de ingreso. Luego utilizan plataformas de geolocalización hasta ubicar exactamente la propiedad. Una vez identificada la casa, vigilan durante varios días en auto los movimientos del barrio y esperan el momento en que queda vacía. En el caso de los deportistas, consultan calendarios de competencia para saber cuándo juegan como visitantes o están disputando torneos lejos de sus hogares. Generalmente buscan propiedades cercanas a zonas boscosas o poco iluminadas, ingresan por detrás, rompiendo ventanas o forzando puertas corredizas y aprovechan cambios de turno de personal de seguridad. Los grupos consiguen vehículos, alquilan viviendas a través de plataformas como Airbnb y se conectan con compradores. Bolton detalla que sus tácticas permiten que realicen los robos en muy poco tiempo, eludiendo los sistemas de alarma, utilizando inhibidores de señal Wi-Fi para bloquear las conexiones inalámbricas y desactivar dispositivos, con los llamados ‘jammers’. Entre las víctimas más resonantes aparecen el mariscal de campo Patrick Mahomes, figura de los Kansas City Chiefs; su compañero Travis Kelce -conocido también por ser el esposo de la cantante Taylor Swift-; y el basquetbolista Jamel ‘Ja’ Morant. En la mayoría de los casos, aprovecharon que los jugadores estaban compitiendo para entrar y llevarse relojes de lujo, joyas, dinero en efectivo y otros objetos de alto valor. Se cree que el valor total de lo que llevaba robado la banda que asaltó al tenista argentino supera los dos millones de dólares. Menciones: cnot
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