04/07/2026 Perfil - Nota - Política - Pag. 4
Puños abajo: Kicillof pide silencio a su tropa ante el agite del kirchnerismo Rosario Ayerdi LA INTERNA PERONISTA EN EL MAYOR DISTRITO ELECTORAL. Puños abajo: Kicillof pide silencio a su tropa ante el agite del kirchnerismo. El gobernador bonaerense evita contestar los dardos que lanzan distintos dirigentes sobre su figura y la gestión. Una disputa que no se siente en las recorridas del gobernador. El temor que se va perdiendo a las críticas del kirchnerismo. La necesidad de concentrarse en ganarle a Javier Milei. El pedido del mandatario también incluye a los intendentes del MDF. La intimidad de un encuentro que busca reducir daños después de la última escalada. Rosario Ayerdi: Axel Kicillof repite hace días la misma consigna a su tropa: no responder a los dardos que se intensificaron en las últimas semanas provenientes de los dirigentes que suelen responder a Cristina Kirchner. El gobernador bonaerense parece sacado de la escena más repetida de Peaky Blinders entre las conversaciones de sus fanáticos: la de la boda de Tommy Shelby, cuando junta a toda la familia en la cocina, minutos antes de la ceremonia, y les baja la orden uno por uno. Nada de peleas con los invitados, nada de problemas con la familia de la novia: alcanza con sostener una copa y sonreír. Por eso, en el último cruce de la Legislatura, los kicillofistas no respondieron y Verónica Magario, como autoridad del Senado, esquivó al máximo las chicanas que lanzaron Sergio Berni y Mario Ishii. El exintendente de José C. Paz había pedido el tratamiento de dos proyectos propios —emergencia alimentaria y sanitaria— y, ante la negativa, cuestionó al gobernador por no recorrer el Conurbano. Sergio Berni salió en su defensa y recordó a Magario que tanto ella como Kicillof llegaron a sus cargos gracias al aval de Cristina Kirchner. Magario cortó el micrófono a los dos. Ningún senador del MDF pidió la palabra. En La Plata leen los dardos como una regla de supervivencia ajena. Si del otro lado no tienen la pelea con Kicillof, al kirchnerismo le hace difícil sobresalir: necesitan dar esa batalla para demostrar poder público, aunque sea poder de daño. Ahí mismo admiten que el fuego cruzado llega a un sector demasiado politizado. En las recorridas, los que se acercan al gobernador le piden que saquen a Javier Milei del Gobierno, le cuentan los dramas económicos que atraviesan y, si mencionan a Cristina Kirchner, es para pedirle que le mande saludos. Pocos bonaerenses están al tanto de la interna en el testeo callejero. El miedo a que CFK levantara la voz contra Kicillof también se fue perdiendo. En la Gobernación sabían que la derrota de octubre del año pasado podía traer la primera crítica fuerte, y llegó: tras la remontada de La Libertad Avanza en las legislativas del 26 de octubre, la expresidenta publicó una carta abierta de cuatro páginas en la que cuestionó al gobernador por la decisión de desdoblar las elecciones bonaerenses. Pero sorprendió que esas palabras estuvieran lejos de retumbar como las primeras cartas que la entonces vicepresidenta le enviaba a Alberto Fernández. Sin un nuevo cruce directo entre CFK y Kicillof, fue Máximo Kirchner el encargado de apuntar contra el gobernador en el acto de Parque Lezama, el sábado 20 de junio, cuando cuestionó sin nombrarlo a quienes “hablan de unidad” pero no visitan a la expresidenta en San José 1111. Desde ese día, Kicillof pidió silencio. No solo a su equipo: también se lo pidió el jueves a los intendentes del Movimiento Derecho al Futuro, en un encuentro que se extendió casi cuatro horas en el local platense de La Patria es el Otro. Ahí insistió en que no hay que distraerse ni en la interna ni respondiendo cruces, y remarcó que el único adversario del espacio es Milei. El cierre fue el resumen del mensaje que baja desde hace más de una semana: “No pretendo ganar una discusión, pretendo ganar las elecciones. Hay que ganarle a Milei, y para eso hay que representar a la gente”. El escenario en el que lo dijo no es un dato menor ya que La Patria es el Otro es la organización comandada por Andrés “Cuervo” Larroque. A esta figura el kirchnerismo duro mira con mayor desconfianza que a Kicillof. La ruptura del vínculo con Máximo no tiene retorno y muchos creen que el jefe provincial se deja llevar por esta pelea personal. En el axelismo ya no tienen miedo ante la posibilidad de que Cristina levante la voz. El problema es que la orden de silencio comenzó después de que Berenice Iañez había sostenido, en un acto de Madres de Plaza de Mayo, que Cristina está bastante equivocada al pretender bajar línea desde un lugar de superioridad y que quienes alzan la bandera de su libertad no llegaría a la Casa Rosada. La frase tardó en viralizarse, pero cuando lo hizo reabrió la herida: en el Instituto Patria la leyeron como la confirmación de un sentimiento que, dicen, atraviesa buena parte del entorno del gobernador. Kicillof seguirá pidiendo prudencia. La incógnita es cuánto tiempo más puede sostener la escena familiar de Peaky Blinders cuando la pelea parece inevitable. CAUTELA EN LA TORMENTA. El gobernador bonaerense no quiere que escale la tensión con el cristinismo. MÁXIMO. El camporismo redobló la presión desde Parque Lezama. Menciones: cpol1 cnot
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