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28/06/2026 Perfil - Nota - Opinión - Pag. 64

Adorni, Milei y 2027
JORGE FONTEVECCHIA

“El carácter de un hombre es su destino”, se le atribuye a Heráclito; y: “El carácter de un hombre se refleja en sus acciones, no en sus palabras”, a Zenón, quien era estoico, como se autopercibe Javier Milei. Para la filosofía estoica, es en la práctica donde se encuentra la virtud: en la forma en que nos comportamos ante situaciones difíciles.

En la nota de ayer en PERFIL de Juan Pablo Kavanagh y Pablo Varela se reprodujo una fuente cercana a Milei que justificaba la tardanza en pedirle la renuncia a Adorni de esta manera: “Al Presidente no le gusta que le impongan la agenda. Mucho menos, con un puesto tan importante como el del jefe de la administración. Si al Presidente le decís ‘A’, naturalmente se va a inclinar hacia ‘B’”.

Ese carácter indómito que lo llevó al éxito en algún momento lo llevará al fracaso cumpliendo el axioma que “se muere de éxito” por repetición. El daño autoinfligido durante un trimestre completo por empecinarse en mantener a su jefe de Gabinete, obstinación que aumentaba ante cada prueba que reclamaba lo contrario a su actitud, define a Milei y es trasladable a otros enfrentamientos que tendrá con la realidad, como toda persona en la vida que no siempre acierta ni es siempre bien tratada por las fuerzas del cielo.

“Al Presidente no le gusta que le impongan la agenda”, vaticina en algún momento futuro un drama shakesperiano, porque ¿quién cree Milei que le impone la agenda? es la cuestión. El Presidente piensa que es el periodismo, pero quien se la impone es la realidad; por eso su frase repetida ahora por su nuevo vocero, Adrián Ravier: “Nunca antes hubo una discrepancia tan grande entre los logros que tuvo un gobierno y la conversación pública”, y en su último reportaje desde Madrid el propio Milei dijo: “Si fuera peronista o tuviera sobornados a los medios de comunicación, como hacen otros, ya habría calles con mi nombre”.

Así como “Milei a lo Marx traspone mecanismos de la religión al mercado” (ver el recuadro del reportaje de PERFIL de hoy al profesor sueco Carl Ohman), también traspone la realidad al periodismo, o sea, hechos a su comunicación. Con el periodismo puede pelearse con consecuencias más o menos ponderables, pero pelearse con la realidad lleva a todos los grandes personajes a la destrucción. Y la realidad, con el tiempo e inevitablemente, irá informándole consecuencias no deseadas de sus acciones, errores conceptuales, errores instrumentales propios de cualquier plan, propios de las diferencias entre el momento de ensoñación necesario al comenzar un proyecto, pasado el tiempo suficiente, el contraste con la realidad, donde nunca nada es sin sinsabores.

Y como las expectativas proféticas que tiene de sí mismo son inalcanzables, el solo devenir irá generando frustraciones que un carácter así no podrá procesar de otra forma que no sea buscando culpables externos para descargar su ira y agravar su propia situación.

¿Se imaginan el carácter de un Milei presidente en 2030, cuando la Argentina no sea Irlanda ni haya multiplicado su PBI per cápita, sino que haya seguido creciendo sostenidamente al 3% o incluso el 5% anual, pero una parte significativa de la población esté disconforme con su propia suerte, porque haya empeorado o no mejorado todo lo que esperaba, algo desde siempre previsible? O más cerca en el tiempo, ¿se imagina a un Milei reelecto en 2028 con crecientes expresiones de descontento masivo como enfrentó Carlos Menem en 1997 tras haber sido reelecto? Menem tenía un carácter que le permitía digerir las frustraciones con menores dosis de violencia.

Eso se pregunta el círculo rojo que apoya su rumbo. ¿Es el carácter de Milei el adecuado para la segunda fase de este proyecto económico? Después de la negación de la realidad en el caso Adorni, esta pregunta se volvió más asidua.

Paradójicamente, la oposición, al proyectar que la estabilidad macroeconómica, independientemente de sus consecuencias, se mantendría todo 2027 pudiendo superar las turbulencias del proceso electoral, imagina que Javier Milei tiene entre siete y ocho posibilidades sobre diez de ser reelecto. Y partiendo de esos cálculos, sectores que la integran están menos decididos a competir a todo o nada por la presidencia y concentran sus esfuerzos en ver cómo obtener la mayor cantidad posible de posiciones de poder local o legislativo. Para el peronismo, la provincia de Buenos Aires, donde hay veinte veces más candidatos a gobernador que a presidente, o, con una estrategia sin internas, pero partiendo del mismo diagnóstico, la ciudad homónima para el PRO, con un único candidato, Jorge Macri, mientras que candidatos a presidente se barajan una docena de nombres incluyendo al propio Mauricio Macri, pero agregando gobernadores y hasta outsiders.

Y lo mismo a nivel legislativo: sectores cercanos a La Cámpora y a Cristina Kirchner, al asumir que Axel Kicillof perdería un balotaje con Milei, bombardean la candidatura del hoy gobernador con dos objetivos: 1) que le ceda más lugares en las listas a cambio de no dividirle el PJ o 2) competirle dividiendo la candidatura presidencial del peronismo, pero garantizándose, por ejemplo, con un 15% de los votos totales, más legisladores propios que si integraran una lista de unidad en minoría que obtuviera el 30% en primera vuelta.

Pero eso de colocar un candidato a presidente “para perder”, pero conseguir la mayor cantidad de territorios y legisladores se podría chocar con otra realidad: que ese que iba a perder gane, porque el carácter del Presidente haya generado algún hecho disruptivo que trascienda lo económico, de índole político, como haberse emperrado con Adorni, o personal; por ejemplo, no soportar el espejo de sí mismo que le devuelva la realidad, y se autoproduzca alguna forma de daño que, consciente o inconscientemente, lo saque de la competencia presidencial en 2027.

Suena inimaginable, pero vale recordar que siempre el alma se tiñe del color de los pensamientos, y noches enteras rumiando por la ingratitud de una sociedad que no reconoce su obra como debiera (“calles con mi nombre”) podrían derivar en un orgullo herido de quien, como un niño, se lleva la pelota para salirse del juego, y hasta podría autojustificarse: “Las reformas yo ya las hice; ahora que las sigan los que vengan y se arreglen”, y se ha anticipado, aunque para 2031: “No me ven más en el cielo, yo desaparezco. Me voy al medio del campo solo con mi perro”, planeado por Milei para retirarse definitivamente de la política y alejarse de la vida pública una vez finalizada su tarea.

Así como nuestro sistema electoral de tres tiempos -PASO, primera vuelta y balotaje- complejiza la elección de candidatos, porque quien es mejor para una etapa no lo es para la otra, suma incertidumbre. La volátil coyuntura política hace imposible planificar 2027 en términos políticos, cuando, paradójicamente, es más planificable en términos económicos.

Percibir la acción política como una lucha de vida o muerte impide aceptar críticas y correcciones. A Milei, que con su megalomanía le gusta compararse con grandes personajes de la historia, lo ayudaría, además de volver al psicólogo (y al nutricionista), ver cómo a Julio César, Napoleón y Churchill la realidad los pasó a retiro después de grandes éxitos. Aquel que se suicida al subirse a la cima de su ego, va a caer desde allí.

PROFECÍA. Milei dijo hace un mes: “Prefiero perder las elecciones a echar a alguien que no lo merece”.

Así como Milei traspone la religión al mercado, también traspone la realidad al periodismo.


Menciones: Javier Milei, Adorni, Jorge Fontevecchia, Carlos Menem, Juan Pablo Kavanagh, Pablo Varela, Adrián Ravier, Carl Ohman, Mauricio Macri, Jorge Macri, La Cámpora, Cristina Kirchner, Axel Kicillof, Julio César, Napoleón, Churchill, PERFIL, Argentina, Irlanda


#68569004   Modificada: 28/06/2026 04:59 Superficie artículo: 716.12 cm²
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