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El desafío será regenerar empleo Raúl Dellatorre El proceso económico ejecutado por el gobierno de Milei no sólo destruyó industrias y eliminó empleos, sino que además demolió la formación profesional, técnica y hasta empresaria de quienes migraron del sector manufacturero o se vieron convertidos en importadores. Más grave es el caso del sistema científico y técnico, con el alejamiento de investigadores de distintos organismos especializados y científicos desplazados de empresas nacionales de ciencia y tecnología. Este daño al entramado productivo y a las capacidades laborales del capital humano es quizás una de las peores herencias que dejará el actual proceso político-económico, tanto por el impacto sobre las posibilidades de desarrollo, como por los años que demandará recomponer el tejido productivo (físico y humano) destruido. El tema fue exhaustivamente analizado en un trabajo realizado por el especialista José María Fumagalli, ingeniero químico, consultor de empresas e integrante del Movimiento Productivo 25 de Mayo y del Foro de Economía y Trabajo. En el documento, titulado “Reconstruir la industria y regenerar el empleo”, llama la atención sobre “el impacto que tiene sobre nuestra sociedad el desperdicio que significa que personas calificadas para desempeñar un trabajo deban dedicarse a otras actividades de menor rango con el único objetivo de sobrevivir”. El retroceso El análisis detalla las cifras de pérdida de unidades productivas y de empleos entre noviembre de 2023 y marzo de 2026, destacando que los sectores más afectados han sido la industria, la construcción, actividades pesqueras y el comercio. Incluso un sector de crecimiento destacado, como el de Intermediación Financiera, exhibe caída en el número de empresas y de empleados. Destaca Fumagalli, además, otros “casos de gravedad, como el abandono de investigadores del sistema científico, tecnológico y de innovación; según un informe del Ciicit (Centro Interamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación), entre diciembre de 2023 y marzo de 2026 un total de 6.376 investigadores abandonaron el sistema, que se desempeñaban en el Conicet, el INTA, el INTI, la CNEA y otros organismos. A ellos se suman otros 767 científicos pertenecientes a empresas nacionales de ciencia y tecnología, como Arsat, Fadea y NASA, entre otras”. La destrucción del aparato productivo y la fuerza laboral A cuánto estamos de una recuperación con el desguace de la fuerza productiva es el tema de análisis de situación ante una nueva etapa. Calibración y Medición, uno de los servicios del INTI a la industria eliminados por el actual gobierno. Si le sumamos los trabajadores especializados que pueda haber entre los 79 mil puestos perdidos en esos 29 meses en la industria manufacturera, los 80 mil de la construcción y los 17 mil de Intermediación Financiera, que además no fueron absorbidos por los pocos sectores que aumentaron su dotación, ¿dónde fueron a parar todos ellos? ¿En qué trabajan? “Tomando por ejemplo el caso de un industrial que debió reemplazar la actividad productiva por la importación —sugiere Fumagalli-, nuestra sociedad pierde toda la experiencia y los conocimientos que habilitan a ese industrial para producir. Similar situación se verifica con los trabajadores calificados que deben dedicarse al trabajo mediante plataformas como repartidores, remiseros u otras actividades”. “Con mayor impacto algo similar ocurre con los educadores, los científicos e investigadores, con los médicos; con el agravante de que cuando abandonan el país, como se da en muchos casos, esa pérdida es completa”, agrega. “Extendiendo la mirada más allá, algo similar está ocurriendo con los integrantes de nuestras fuerzas armadas, hoy instados por el gobierno nacional a uberizarse a causa de la falta de presupuesto operativo necesario para el ejercicio de sus funciones mínimas”, apunta el autor del trabajo. ¿Correspondería pensar qué país queremos, pero todavía desconocemos cuál será el punto de partida. Lo que resta de la gestión puede ser para peor”. Hacia dónde apuntar En base a lo expuesto, sugiere el autor, “correspondería pensar y consensuar qué país queremos, aunque comenzar por definir qué industria queremos reconstruir y qué empleo regenerar constituye un paso primero e ineludible”. Sin embargo, admite que “el punto de partida todavía es desconocido, ya que hasta ahora no sabemos hasta dónde llegará la destrucción productiva, en especial la industrial, ni sabemos el nivel de desempleo que deberemos afrontar cuando finalice la actual gestión. Todo indica que lo que viene, en lo que resta de su gestión, será para peor”. “Es evidente que no podemos aspirar a reconstruir el entramado industrial alcanzado en los dos primeros gobiernos de Perón, que con sus más y sus menos se mantuvo hasta el inicio de los gobiernos neoliberales en 1976”, señala. “En esos años nuestra industria fue capaz de fabricar automóviles, barcos, vagones y locomotoras, tanto a vapor como diésel y eléctricas, así como gasoductos y muchos otros productos con una muy elevada integración de las respectivas cadenas productivas y con mínimos requisitos de importación de insumos o partes no producidas en nuestro país”. ¿Y hoy? Una reconstrucción del entramado industrial requerirá una mayor y adecuada interacción entre las empresas, en especial las pymes, la ciencia, la tecnología y la innovación, sostiene Fumagalli. Indudablemente, es una tarea en la que es fundamental la presencia y el impulso del Estado. Sólo con esa mirada será posible aumentar la agregación de valor, mayor integración de las cadenas productivas, mejorar la distribución territorial en favor del Norte y de la Patagonia, para mejorar su intensidad productiva, y aumentar las exportaciones al tiempo de reducir la demanda de importaciones. Pero a su vez se hace necesario proyectar una regeneración del empleo, con una orientación muy diferente a la trazada por el gobierno actual a través de su ley de “modernización” y lo que deja expuesto la transformación productiva en marcha contra las actividades manufactureras. La propuesta del trabajo incluye como objetivos un esquema de formalidad total del empleo, eliminando el trabajo en negro e incluyendo al trabajo en plataformas; mejorar remuneraciones, que contribuyan a sostener la demanda y un crecimiento sostenido; formación continua y una alianza entre sindicatos y el empresariado que, sin renunciar a los derechos laborales, promueva la mejora competitiva de la producción. José María Fumagalli señala que, “en respuesta al descalabro social, económico y productivo, distintos equipos político-técnicos de la oposición vienen trabajando en la elaboración de programas destinados a un próximo gobierno que permitan avanzar hacia dichos objetivos y otros similares. Destaca en ese sentido la propuesta de los sindicatos industriales (Cisra), “La industrialización del país como política de Estado”, un aporte que reafirma el rol del Estado en la definición de la política pública y, en particular, de la política industrial. Así como las propuestas del Foro Economía y Trabajo sobre política tributaria, tratamiento de la deuda externa, jubilaciones, política de ingresos y política federal productiva, y otros aportes de organizaciones empresarias pymes y organizaciones sociales, como el MP25M. “Con seguridad deben existir otras iniciativas que, en lo posible, deberían confluir en un programa consensuado para que el próximo gobierno ponga fin al desguace productivo y la desintegración social que hasta aquí venimos sufriendo”, concluye el documento. Menciones: Raúl Dellatorre, José María Fumagalli, Javier Milei, Ciicit, Conicet, INTA, INTI, CNEA, Arsat, Fadea, NASA, Movimiento Productivo 25 de Mayo, Foro de Economía y Trabajo, Cisra, MP25M
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