27/06/2026 Clarín - Nota - Internacionales - Pag. 25
Crecen las quejas en Venezuela por la falta de equipos y afirman que se escuchan gritos bajo los escombros Desesperación. Un hombre, con el rostro angustiado y sin ayuda a su alrededor, revisa los escombros de un edificio completamente desplomado en la localidad de Catia La Mar. Hay escasez de rescatistas y maquinaria para remover en los derrumbes. Temen una enorme cifra de víctimas. La ayuda internacional con especialistas y perros entrenados comienza a llegar. LA GUAIRA Y CARACAS. AP, AFP, EFE Y CLARÍN. Los venezolanos tomaron la iniciativa este viernes en la búsqueda de sus seres queridos tras los terremotos consecutivos, debido a la escasez de rescatistas gubernamentales, mientras el saldo de víctimas ascendía a al menos 920 muertos y más de 3.360 heridos según datos provisorios. La cifra de personas desaparecidas trepaba por encima de los 45.000. En las ruinas, afirman testigos, se escuchan gritos de sobrevivientes, lo que amplifica la angustia. Los ciudadanos que excavaban entre los escombros de sus casas dijeron haber visto pocos equipos de rescate estatales en las zonas más afectadas por los devastadores sismos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron el país la noche del miércoles, a pesar de que las autoridades proyectaban una imagen de una sólida respuesta gubernamental. La falta de ayuda agravó la desesperación de las familias, ya que la presión por encontrar sobrevivientes sepultados aumentaba con cada hora que pasaba. El viernes, la nación sudamericana conmemoró casi dos días desde el desastre. Las agencias de ayuda consideran que las primeras 48 a 72 horas son cruciales para rescatar personas con vida, aunque este período se extiende si tienen acceso a alimentos y agua. Además de los costos inmediatos, la tragedia amenaza con consecuencias de largo plazo. La Organización Internacional para las Migraciones calcula que hasta 6,76 millones de personas en Venezuela podrían verse afectadas por los terremotos, unas 2 millones solo en Caracas. Loyce Pace, directora regional de la Cruz Roja, dijo que “la gente tiene miedo de regresar a lo que fueron sus hogares” y mucho de ellos no podrán hacerlo por los daños estructurales. Al cierre de esta edición el régimen indicó: 920 muertos y 3.360 heridos. Mientras tanto, se intensificó la ayuda internacional a gran escala, con más de dos docenas de equipos de rescate de todo el mundo llegando a Venezuela o a punto de llegar. “Cada persona salvada es un milagro”, dijo Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional. “No vamos a ocultar absolutamente nada sobre la magnitud de esta tragedia”. Familias desesperadas en todo el norte de Venezuela buscaban entre las ruinas de los edificios a sus familiares y lo que quedaba de sus vidas. Suman 383 los edificios caídos completamente, hay otras 1002 estructuras afectadas, entre ellas 13 hospitales, y 25 grandes plazas comerciales. Nazareth Jiménez sollozaba en el hombro de un ser querido mientras observaba a los vecinos intentar cortar losas de concreto con martillos y herramientas eléctricas en un edificio reducido a una montaña de escombros. “Dios mío, ¿cómo vamos a sacarlos de ahí?”, murmuró. Se encontraba en el estado norteño de La Guaira, al norte de Caracas, donde se produjo parte de la peor destrucción. Jiménez estaba angustiada mientras esperaba ver si sus hermanos, sobrinos, sobrinas y amigos saldrían con vida de entre los escombros. “Hacemos un llamado a los gobiernos de países de todo el mundo para que nos ayuden”, dijo, suplicando maquinaria industrial capaz de mover las estructuras colapsadas. “Todavía hay gente con vida ahí dentro”. Las fuerzas gubernamentales distribuyeron alimentos y agua a los sobrevivientes en La Guaira, mientras que la presidente interina Delcy Rodríguez, hermana del jefe del Parlamento, afirmó que su gobierno estaba “trabajando incansablemente” para brindar una respuesta integral. Dio la bienvenida a la llegada de rescatistas y ayuda humanitaria de todo el mundo. Indicó que La Guaira, donde hubo saqueos, había sido militarizada y que más ayuda estaba en camino, aunque los residentes afirmaron que solo representaba una fracción de la ayuda que necesitaban. El desastre supone un enorme desafío para Rodríguez, la exvicepresidenta que asumió el cargo en enero tras la captura y destitución del entonces autócrata chavista Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos. El régimen no ha cambiado, continúa con los parámetros de una dictadura, solo que esta ahora patrocinada por EE.UU. Los sistemas de represión que maneja el hombre fuerte del país, el ministro Diosdado Cabello, continúan indemnes. La desesperación comenzó a crecer este viernes, ya que muchas familias aún no habían encontrado a sus seres queridos desaparecidos, contaban con equipo mínimo para las labores de rescate y seguían durmiendo en la calle. En Catia La Mar, una comunidad cercana al principal aeropuerto del país, que está cerrado por graves daños, la gente rodeó una camioneta civil que repartía pan y agua. Un soldado intervino para permitir que el vehículo se marchara. En otro barrio, la gente convirtió el estacionamiento de una farmacia en refugio improvisado instalando lonas, hamacas y tiendas de campaña. Omar Reyes caminaba entre los restos de lo que una vez fue su hogar, llamando a su esposa e hijos. No obtuvo respuesta. Alrededor de 20 miembros de la familia han fallecido. Dos de sus cuatro hijos están sepultados bajo los escombros. “Me he quedado solo en esta vida”, dijo en voz baja. Las autoridades venezolanas informaron el viernes que 861 voluntarios internacionales de México, Estados Unidos, El Salvador, Suiza, Colombia y otros países estaban trabajando en Venezuela. Se esperaba la llegada de mucho más de otros países en las próximas horas y días. La ONU informó que 1.000 socorristas, distribuidos en 25 equipos de búsqueda y rescate de todo el mundo, estaban en camino. En la principal carretera del país, caravanas de fuerzas estatales, personal de emergencia, camiones volquete y maquinaria pesada se dirigían hacia la zona de la tragedia. Una camioneta civil que transportaba colchones delgados tenía las ventanas marcadas con el letrero “Ayuda de Trujillo”. El gobierno venezolano informó que había desviado los servicios de emergencia al estado de La Guaira. Bomberos del estado de Táchira, fronterizo con Colombia, se encontraban entre los desplegados en La Guaira. El general de bomberos Antonio Briceño informó que 45 bomberos y un perro entrenado, llamado apropiadamente Rescate, esperaban llegar a las zonas afectadas en los próximos días. Menciones: polint cnot
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