20/06/2026 La Nación - Nota - Espectáculos - Pag. 4
De los estadios a las salas. Las estrellas que cambiaron el fútbol por el cine y también triunfaron Marcelo Stiletano En 2007, un representativo grupo de directores, guionistas y críticos convocado por el hoy inactivo sitio online especializado en cine Film Film eligió a Escape a la victoria (Escape to Victory, 1981), de John Huston, como la mejor película de la historia con temática futbolística. Si esa misma encuesta se hiciera hoy, el resultado seguramente no se alteraría. Pasaron 45 años del estreno de Escape a la victoria, y a pesar de ser una de las obras menos personales de la gran trayectoria de Huston, su repercusión mundial fue suficiente como para que perdure en la memoria. El recuerdo más poderoso de esta película responde a sus connotaciones emocionales: el eje argumental es un partido de fútbol que enfrenta a soldados nazis y prisioneros en un campo de prisioneros en plena Segunda Guerra Mundial, organizado a instancias del coronel Klaus Von Steiner (Max Von Sydow), un fanático del fútbol. Pero sus planes fracasan a partir del penal atajado por el personaje que encarna Sylvester Stallone y todo culmina con una fuga masiva. Al reconocimiento alcanzado en 2007 como mejor film futbolero de la historia habría que agregar otro: Escape a la victoria también es la película que mejor recordamos con reconocidos futbolistas profesionales transformados en actores. Toda una rareza para un deporte que en la inmensa mayoría de los casos hizo su contribución a la pantalla desde la vía documental (grandes partidos, torneos memorables y retratos de grandes jugadores) o a través de historias de ficción en las que los protagonistas en la cancha terminan interpretándose a sí mismos. Dos nombres casi contemporáneos encontraron por encima de todos los demás un lugar para dedicarse al cine y vivir de la actuación después de colgar los botines: el inglés Vinnie Jones, de 61 años, y el marsellés Éric Cantona, de 60. Debajo de ellos se suman menciones de algunos jugadores del montón que encontraron en la pantalla oportunidades de lucirse tras el retiro y unos cuantos futbolistas célebres ocasionalmente convocados para interpretar personajes que les permitieron lucir su talento con la pelota. Es lo que ocurrió en Escape a la victoria, que convocó a dos verdaderos seleccionados. Uno de estrellas del cine (Stallone, Von Sydow y Michael Caine) y otro específicamente futbolístico, encabezado por Edson Arantes do Nascimento, el Rey Pelé, que participó de esa película apenas retirado del fútbol profesional: jugó hasta 1980 y su último equipo fue el Cosmos de Nueva York. En la película, el astro brasileño (por entonces reconocido de manera unánime como el mejor futbolista de la historia), personifica a Luis Fernández, uno de los grandes responsables del plan de escape de la prisión nazi a partir de su talento para jugar al fútbol. Allí se sumó a otros exfutbolistas famosos que completaron esta coproducción internacional: el inglés Bobby Moore, el polaco Kazimierz Deyna, el belga Paul Van Himst y el escocés John Wark. También tuvo un papel destacado en la película nuestro compatriota Osvaldo Ardiles, que risueñamente se cansó de contar que Stallone, cuyo conocimiento del fútbol era nulo, tuvo que repetir 34 veces la toma en la que aparece atajando el penal decisivo. “Si ves la luz en la cancha hay un sol muy fuerte, muy lindo. Y cuando ataja el penal pasaron 34 tomas. Se hizo de noche. Casi nos quedamos sin escape”, recordó con el muy buen humor que lo caracteriza. Ardiles reveló cómo fue la participación de Pelé en el film dentro de un campo de juego: “Jugó 8 minutos y se fue porque le estaban pegando. Jugamos 10 contra 11 todo el partido. Perdíamos 4 a 0 y cuando estábamos 4 a 4 dijo 'I'm OK' y entró de nuevo”. Debut Escape a la victoria se estrenó en octubre de 1981 en los cines de la Argentina. Diecisiete años después, un exjugador de la primera división de Inglaterra y nueve veces internacional con el seleccionado de Gales llamado Vincent Peter Jones, conocido por todo el mundo como Vinnie Jones, debutaba en el cine de la mano de Guy Ritchie interpretando a un matón a sueldo llamado Big Chris en Juegos, trampas y dos armas humeantes (Lock, Stock and Two Smoking Barrels, 1998). A Jones le fue tan bien allí y se sintió tan cómodo en los sets que, desde ese momento, ya retirado del fútbol, se dedicó por completo a la actuación. Su primer papel se adaptaba a la perfección a su estilo de juego temperamental, agresivo, de pierna fuerte y temerario para los rivales. Se acostumbró muy rápido a crear personajes duros, belicosos y de pocas palabras. Ningún otro exfutbolista llegó de manera permanente en el cine tan lejos como Jones, sumando apariciones en algunas películas taquilleras y de gran producción como 60 segundos (Sixty Seconds, 2000); Swordfish, acceso autorizado (Swordfish, 2001); Escape imposible (Escape Plan, 2013) y La trampa (The Big Bounce, 2014). Hubo unas cuantas más. Jones se convirtió en uno de los actores predilectos de Ritchie, que volvió a convocarlo en Cerdos y diamantes (Snatch, 2000) y The Gentlemen (2004), la serie inspirada en Los caballeros. En el mundo de la TV y el streaming también podemos ver a Jones en La ley y el orden: crimen organizado, Deception, MacGyver, Arrow y NCIS: Los Angeles. Poco antes del debut de Vinnie Jones en el cine, Éric Cantona cerraba en Manchester United una trayectoria deportiva que lo llevó a ser uno de los grandes goleadores del fútbol europeo entre finales de la década del 80 y mediados de la siguiente. El equipo inglés alcanzó su máxima expresión como delantero tenaz, incansable y ambicioso. También empezó a destacarse por su personalidad carismática y casi arrolladora, además de un temperamento difícil de controlar. Dejó el fútbol con apenas 30 años después de ganar cuatro campeonatos en cinco años con el United y una fama de énfant terrible que se recuerda, sobre todo, por el tristemente célebre episodio en el que agredió en pleno partido con una patada voladora a un simpatizante que se paró al borde de la cancha para insultarlo. Fue inhabilitado por ocho meses y condenado a dos semanas de cárcel, luego reemplazadas por 120 horas de servicio comunitario que cumplió en una escuela para niños de Manchester. Apenas retirado, no tardó en encontrar su nuevo lugar en el mundo dentro del cine. Su debut fue en 1998 interpretando a un embajador francés en Elizabeth, la superproducción de época con Cate Blanchett que logró siete nominaciones al Oscar. A partir de allí su carrera como actor no se detuvo y encontró sus mejores momentos en La fortuna de vivir (Les Enfants Du Marais, 1999), de Jean Becker; Juntos es demasiado (Ensemble, C'est Trop, 2010), de Léa Fazer, y Buscando a Éric (Looking for Éric, 2009), atípica comedia del laureado director británico Ken Loach en la que se interpreta a sí mismo ayudando al protagonista, un fanático del United cuya vida se desmorona, a reencontrar la paz y el optimismo. El mes pasado, en el último Festival de Cannes, Cantona reapareció con un protagonismo que llevó a algunos medios a definirlo como “el actor más activo” de toda la muestra. Hasta allí llegó para acompañar la presentación de dos títulos en los que reincide como intérprete. En Marvellous Mornings, de Avril Besson, encarna a un comerciante de vinos, y también tuvo un papel destacado en el corto The Sentinel, de Ali Cherri. Pero su presencia en Cannes tuvo como punto central el estreno de Cantona, el documental de David Tryhorn y Ben Nicholas que recorre su vida, su trayectoria deportiva y una posterior carrera actoral que ya alcanzó las tres décadas. “No soy como otros actores, nunca fui a una escuela de teatro. Aprendí solo, observando a todos los que me rodeaban y tuve mucha suerte de empezar con un gran actor francés llamado Jacques Villeret, que me dio toda la confianza. Así logré que la gente aceptara a alguien que viene de otro mundo con ganas de expresarse como actor”, dijo Cantona en Cannes. Una lista extensa Otro astro británico del fútbol que, de habérselo propuesto, pudo haber hecho carrera en el cine es el londinense David Beckham. Su nombre aparece en el título (Bend It Like Beckham) de una película británica de 2002, estrenada en la Argentina como Jugando por un sueño, en el que la hija de una familia tradicional india radicada en Gran Bretaña se rebela contra el tradicionalismo de sus padres y decide sumarse a un equipo de fútbol femenino. De Beckham en el cine sobre todo recordamos su breve aparición en El Rey Arturo: la leyenda de la espada (King Arthur, 2017), de Guy Ritchie, que a esta altura se va perfilando como un experto en llevar al cine a futbolistas famosos. Ritchie volvió a convocar al actual propietario del Inter Miami (el equipo en el que juega Lionel Messi) para un cameo en su adaptación de El agente de C.I.P.O.L. (The Man from U.N.C.L.E, 2015). La lista de futbolistas que probaron suerte en el cine suma más nombres, pero en su mayoría se trata de exdeportistas que pasaron muy pocas veces (en la mayoría de los casos con un solo intento) por la pantalla grande. Allí están los ejemplos del francés Zinedine Zidane (Astérix y los juegos olímpicos), el alemán Paul Breitner, el escocés Ally McCoist, el brasileño Neymar (como un monje que aparece en un solo momento de la serie española La casa de papel) y el mexicano Cuauthémoc Blanco. Quizás la excepción sea otro mexicano, Arturo Carmona, que encontró un lugar como actor de telenovelas en su país después de una discreta carrera como futbolista profesional. En la Argentina, Diego Maradona siempre se movió con comodidad frente a las cámaras y hasta llegó a tener programa propio de televisión. Apareció por primera vez en el cine en los albores de su inmensa fama deportiva personificando a un futbolista muy joven acompañando a Palito Ortega, Luis Sandrini y Niní Marshall en la comedia musical ¡Qué linda es mi familia! (1980). Un año después hizo un cameo haciendo de sí mismo en Te rompo el rating, junto a Jorge Porcel. No fue el único. En la década del 60 empezó a destacarse en el fútbol local un marcador de punta con pinta de galán que brilló en Ferro Carril Oeste, Boca Juniors y el seleccionado argentino. El rubio siempre elegante Silvio Marzolini jugó a ser actor por una vez, sin dejar de ser él mismo, en Cuando los hombres hablan de mujeres (1967), de Fernando Ayala. Menciones: cnot
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