06/06/2026 Perfil - Nota - Internacionales - Pag. 30
Perú enfrenta un balotaje muy reñido, con dos modelos políticos opuestos Lola Blasco Los peruanos, desencantados con la política, volverán a las urnas para elegir a su próximo presidente en una segunda vuelta que enfrenta a dos figuras con trayectorias, propuestas y bases electorales muy diferentes. La candidata conservadora Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular, y el dirigente de izquierda Roberto Sánchez buscarán imponerse en un escenario atravesado por la inseguridad, el descontento ciudadano y una prolongada crisis política que ha erosionado la confianza en las instituciones. La elección llega después de una primera vuelta altamente fragmentada. Fujimori obtuvo el primer lugar con poco más del 17% de los votos, mientras que Sánchez logró acceder al balotaje por una diferencia mínima frente al exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga. Ambos intentan ahora conquistar a un electorado que reclama principalmente estabilidad económica, seguridad y gobernabilidad. Los últimos sondeos mostraban un escenario muy parejo. De acuerdo a la consultora Ipsos, hay 43,8% de intención de voto a favor de Sánchez, y un 43,2% para Keiko Fujimori. En los hechos, esto implica un empate técnico. Reclamo popular. La inseguridad se convirtió en una de las principales preocupaciones de los peruanos y ocupa un lugar central en el debate electoral. Fujimori hizo de la promesa de restablecer el orden uno de los pilares de su campaña. La candidata propone endurecer la lucha contra el delito, fortalecer a las fuerzas de seguridad, ampliar la infraestructura penitenciaria y promover un clima favorable. “Queremos un gobierno que nos traiga paz, que recupere el orden. Queremos un gobierno confiable. Nosotros representamos progreso, ellos retroceso. No los voy a defraudar”, afirmó. En materia económica, Keiko plantea mantener la disciplina fiscal y atraer inversiones para impulsar el crecimiento, un mensaje dirigido especialmente a los sectores empresariales y a los votantes preocupados por la incertidumbre económica. Sánchez, en cambio, sostiene que los problemas del país requieren transformaciones más profundas. Su propuesta combina una mayor intervención estatal en la economía con un fuerte énfasis en políticas sociales y educativas. Entre sus principales iniciativas figura la convocatoria a una Asamblea Constituyente para reemplazar la actual Constitución, una medida que divide profundamente a la sociedad peruana. El candidato también propone ampliar el acceso a la educación superior, fortalecer los servicios públicos y otorgar un papel más activo al Estado en áreas consideradas estratégicas. Sánchez prometió “democracia” real y sostuvo que este balotaje “será el fin del caos, el fin de la señora K (Keiko), el fin de los asesinatos, la corrupción, la impunidad”. Herencia política. Más allá de las propuestas, la elección enfrenta dos tradiciones políticas que siguen marcando la vida pública peruana. Fujimori busca llegar por cuarta vez a la presidencia tras haber perdido los balotajes de 2011, 2016 y 2021. Su figura continúa asociada al legado de su padre, Alberto Fujimori, un liderazgo que todavía divide a la sociedad entre quienes destacan la estabilidad económica alcanzada durante los años noventa y quienes recuerdan las denuncias por corrupción y violaciones a los derechos humanos de ese período. Del otro lado, Sánchez intenta capitalizar el respaldo de sectores rurales y populares identificados con el expresidente Pedro Castillo. El exministro y actual congresista se presenta como continuador de esa experiencia política y ha defendido públicamente al exmandatario destituido en 2022. Desafío. Quien resulte vencedor enfrentará un escenario complejo. Perú llegará al próximo 28 de julio con su noveno presidente en apenas una década, una muestra de la inestabilidad institucional que caracterizó al país durante los últimos años. Además de responder a las demandas de seguridad y crecimiento económico, el próximo mandatario deberá convivir con un Congreso fragmentado y reconstruir consensos en un sistema político marcado por los enfrentamientos entre el Ejecutivo y el Legislativo. Por eso, además de definir quién ocupará el Palacio de Gobierno durante los próximos cinco años, el balotaje pondrá a prueba la capacidad del sistema político peruano para recuperar estabilidad y confianza institucional. El resultado de este domingo marcará no solo el futuro inmediato del país, sino también el rumbo que tomará una de las democracias más inestables de América Latina. Menciones: cnot
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