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31/05/2026 La Nación - Nota - Opinión - Pag. 2

Milei aconseja: "Haz lo que yo digo, no lo que yo hago"
Pablo Sirvén

Un grave equívoco que sobrevuela a Javier Milei -y nos transfiere a los demás con procacidades y estridencias innecesarias- es creerse que cuenta con los mismos derechos que cualquier ciudadano de a pie para defenderse de las críticas.

Minimizar la trascendencia del cargo que ocupa -en sus redes sociales se presenta simplemente como “economista”; en la reciente fiesta patria no lució los atributos del mando, tal como lo hacen habitualmente en esa fecha los presidentes de la Nación- no lo exime de las altas responsabilidades que el mismo conlleva.

Al empeñarse en redoblar la apuesta por cada observación justa o injusta que recibe del periodismo y de otros líderes de opinión suele explicar, muchas veces de manera soez y desmedida, que lo hace como lo haría cualquier otro argentino. No asume, ni está dispuesto a reconocer, la asimetría que le da hacerlo desde lo más alto del sistema político. Cuenta con un poder de difusión incomparable que, mal usado, funciona como latigazos poco republicanos y del todo alejados de la ejemplaridad que debe observar quien ha sido elegido por una mayoría de sus compatriotas para dirigir los destinos de todos con sabiduría y templanza.

“Nunca en la historia de la Argentina hubo un spread tan grande entre lo que está ocurriendo en la economía y lo que dicen los medios. Nunca se vio un ataque tan desproporcionado e injusto hacia un gobierno”, volvió a victimizarse el primer mandatario cuando habló frente a 300 empresarios el jueves en el Latam Economic Forum. Palabras más, palabras menos, la queja de los presidentes intolerantes cuando son criticados.

Es curioso que le siga asignando tal trascendencia al sistema tradicional de medios de comunicación cuando él mismo y sus adláteres en la vida real, y especialmente en las redes sociales, no se cansan de repetir que el periodismo murió y que ha perdido influencia sobre la sociedad. ¿No es una contradicción que se obsesione tanto con comunicadores a los que supuestamente nadie lee y escucha?

¿Por qué no reacciona más relajado como propuso al calificar como “exagerada” la posición del arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, cuando en el tedeum del 25 de Mayo se refirió al “terrorismo en las redes”?

Apelando a su expertise como influencer de gran predicamento, que lo es, con millones de seguidores, le explicó a Eduardo Feinmann, por Radio Mitre: “A mí no me parece que personas en Twitter diciendo lo que piensan sea terrorismo”.

El Presidente se autopercibe como “uno más”: cualquier exabrupto que pueda cometer (o reproducir los de otros), razona, es propio de esa red y no tiene la menor importancia. Casi que lo asimila al inocente “ring raje” con el que los chicos de varias décadas atrás se divertían a tocar timbres de casas y, de inmediato, salir corriendo.

Pero el primer mandatario no es un niño al que se le pueden perdonar ásperas travesuras en las redes sin mayores consecuencias. Su condición de presidente (lo es 24x7) es el gran diferencial que dramatiza todo lo que hace. Encima, no es que cuando sale del mundo virtual se comporta en todo momento con los modales de un lord. También cuando visita a sus amigos de los streamings Carajo y Neura lo hace sin la menor inhibición y con fuerte tendencia a la grosería muchachista.

“Si no le gusta una red social, se baja o bloquea a quien quiera”, adoctrinó desde Radio Mitre, como si se tratara de un simple asunto de degustación.

Si fuera así de simple, ¿por qué no aplica el mismo razonamiento a los medios de comunicación y al periodismo en general que tanto fastidian?

“No es fácil entender y asimilar el mundo de las redes”, alerta Milei, más como influencer que como presidente. Y agrega algo interesante: “Si usted va a pasear por Twitter y ve su lógica claramente no es la forma en la que después la gente se vincula. Tiene una forma de expresión que usted tiene que entenderla y asimilarla. Si no le gusta vaya y se baja de la red. No es tan problemático”.

Dos cosas: 1) Milei da consejos sobre las redes que no aplica a los medios tradicionales con los que prefiere confrontar y no ignorar; 2) acierta cuando afirma que en el mundo real “la gente se vincula” de manera diferente que en la web, donde los usuarios suelen mostrarse más atrevidos y pendencieros. La excepción a la regla sería él mismo, que distribuye exabruptos tanto en el mundo online como en el real.

Al año y tres meses de haber asumido arrecian las críticas, incluso desde su propia fuerza, hacia el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi. “Si hay gente que no está conforme -reconoció el mandatario del país vecino con humildad- es porque algo no está saliendo bien”.

Qué distinto a Milei, ¿no? Y eso que en Uruguay la inflación anual se parece a la mensual nuestra.


Menciones: Javier Milei, Jorge García Cuerva, Eduardo Feinmann, Radio Mitre, Latam Economic Forum, Yamandú Orsi, Twitter, Uruguay, Argentina, Carajo, Neura


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