Logo Ejes
31/05/2026 Perfil - Nota - Opinión - Pag. 64

La doble extorsión
Jorge Fontevecchia

El sentimiento que Cristina Kirchner genera es tóxico para la política actual. Sus partidarios le reclaman a todo candidato peronista a la presidencia que antes de abordar cualquier tema tenga que primero hacer demostración de fe pronunciando en su discurso el mantra “¡Cristina libre!”, anulando así sus posibilidades de ser electo en el balotaje. Y lo extorsionan con la amenaza de dividirle la candidatura del peronismo con otro postulante puramente cristinista para hacerlo perder directamente en primera vuelta.

El mileísmo extorsiona a todos aquellos que rechazan sus formas y el extremismo de una política económica que parcialmente comparten, acusándolos de ser funcionales al regreso del kirchnerismo; que si dividen el electorado no peronista facilitando el regreso de los “kukas”. Milei dice yo o el kirchnerismo. Cristina dice yo o el mileísmo.

La doble extorsión que se ejerce sobre cualquier candidato peronista que no se someta a Cristina, y la extorsión a cualquier candidato no peronista que no se someta a Milei, tiene como destinatarios a todos los argentinos en un falso dilema Milei-Cristina tan útil para Milei al punto de ser esa disyuntiva partera de su emergencia ex nihilo a la presidencia.

Un candidato a presidente del peronismo que diga: “no voy a indultar a Cristina”...

El obsesivo ritual de colocar el cartel ¡Cristina libre! es antropofágico, nihilista, devorador del propio peronismo. No es que el peronismo esté secuestrado por el kirchnerismo, a secuestrado todavía se le puede devolver con vida, el peronismo está siendo devorado, deglutido y transformado en desecho como todo aquello previamente tragado. Deja de existir.

Para muchos, el peronismo dejó de existir con la muerte de Perón en 1974, pero no es así. Tras la derrota de los peronistas “ortodoxos” frente a Alfonsín, la renovación peronista de Cafiero, Menem, De la Sota, Duhalde y varios más recreó el peronismo que recuperó su fortaleza electoral con las diferentes tonalidades que le permitieron conducir el gobierno nacional y la mayoría de los gobiernos provinciales en los últimos cuarenta años, incluyendo todo el siglo XXI, a excepción de los cuatro años de Mauricio Macri y lo que va de Milei.

Es muy ilustrativo de ese proceso el relato en primera persona del exjuez de la Corte Suprema Juan Carlos Maqueda en el reportaje largo de hoy en PERFIL, quien atravesó, desde la previa al regreso de Perón al país hasta el primer año de Milei, todos los cargos públicos a los que un político puede aspirar, hasta ser el único argentino después de Figueroa Alcorta en haberse desempeñado en la cúpula tanto en el Poder Ejecutivo, como Legislativo y Judicial nacionales.

No es extraño que la extorsión sea doble, igualmente ejercida por Cristina y Milei, porque finalmente son las dos caras que expresan el mismo problema: el retorno circular del opuesto como fuente del opuesto. El “che, Milei” de Cristina transmite un fondo gozoso compartido de haber transformado la política en una práctica agonal. Una forma de reconocimiento mutuo a la capacidad histriónica de hipnotizar a sus audiencias.

Pero el primer responsable causal es el kirchnerismo, Milei es su consecuencia, el mileísmo es un producto parasitario del kirchnerismo, que encuentra su energía en la negatividad que emana de su fuente en gran parte de la sociedad. Y la solución también debería venir de la causa, ya sea porque el emergente supérstite del 2003, Cristina Kirchner, tuviera la inteligencia suficiente para comprender el daño que produce a su campo político con las reivindicaciones que persigue en el presente, demostrando finalmente su pequeñez de no saber correrse a tiempo, como porque el resto del peronismo se emancipara y pudiera decir que la libertad de Cristina es un tema de la Justicia y no de la política, que si hubiera habido fallos procesales tiene la Corte Interamericana a la que la Argentina está adherida por tratados internacionales de cumplimiento obligatorio, y que gane la interna como candidato a presidente 2027 del peronismo quien explícitamente diga: “No voy a indultar a Cristina”.

Y que lo diga en voz alta y no desprendido tácitamente por omisión ni se responda con la excusa de “Cristina no quiere un indulto”, y responda: “Lo quiera o no, no la voy a indultar”. Si la Argentina es un Estado de derecho, no se pueden seguir sosteniendo esquizofrénicamente soluciones que no sean jurídicas. Así como Cristina Kirchner dijo “hagan un partido político y ganen las elecciones”, la respuesta equivalente sería que consigan los consensos necesarios para conformar una Corte Suprema que en un futuro y de corresponder pueda rever judicialmente las condenas, como se hizo en Brasil con Lula pero ajustado a derecho. Probablemente no se aspira a ese camino por la diferencia entre el caso de corrupción que se le adjudicaba a Lula y los múltiples casos de corrupción que cargan sobre la pesada herencia que Néstor Kirchner legó a su viuda.

La centralidad que la prisión de Cristina Kirchner tiene en la política argentina atraviesa todo el debate: cuando Mauricio Macri toma distancia de Milei y envía señales de competirle en 2027, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, dice que la candidatura del fundador del PRO sería “funcional al kirchnerismo” y luego Macri respondiéndole: “Hay que preguntarle a Cristina si favorecimos al kirchnerismo”.

El viernes, frente a la casa de la expresidente, el peronismo porteño realizó un acto cuando faltan días para que se cumpla el año de su prisión domiciliaria. El presidente del PJ local Mariano Recalde dijo: “Así como algunos vivos vieron que, durante su proscripción, no se podía hacer peronismo sin Perón, ahora no se puede hacer peronismo sin Cristina”.

Cristina Kirchner es el nudo gordiano que ata toda la política argentina imposible de resolver hasta que, como hizo Alejandro en Gordio, venga un peronista y lo corte, liberando al debate del estancamiento que ya acumula una década de poskirchnerismo irresoluto porque Milei no es la superación de esa neurosis –superarla sería dejando atrás al kirchnerismo como tema–, sino la ampliación de esa neurosis.

La extorsión es una violencia que nos obliga a actuar en contra de nuestra voluntad, literalmente “torcer hacia afuera”, prácticamente en este caso, a votar en contra de nuestra voluntad a alguien que sin la existencia de esa amenaza no votaríamos, nos obliga a perder alternativas y genera un consentimiento viciado y no elegir.

BALCÓN DE CRISTINA. Ella saluda a sus adherentes que fueron a pedir por su libertad este viernes.


Menciones: Cristina Kirchner, Javier Milei, Mauricio Macri, Martín Menem, Mariano Recalde, Juan Carlos Maqueda, Peronismo, Kirchnerismo, PRO, PJ, Argentina, Brasil, Lula da Silva


#62945470   Modificada: 31/05/2026 02:47 Superficie artículo: 712.71 cm²
Cotización de la nota: $13.375.437
Audiencia: 35.000