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17/05/2026 La Nación - Nota - Información General - Pag. 1

Ushuaia, sin miedo: no creen que allí haya surgido el hantavirus
Fabiola Czubaj

USHUAIA.- Los aviones llegan repletos de turistas y los locales mantienen su ritmo normal, a pesar de estar en el ojo de la atención mundial porque desde aquí partió el crucero "Hondius", en el que se desató un brote de hantavirus, que costó la vida a tres personas y enfermó a 11. Todos están tranquilos. En ningún punto de Tierra del Fuego hay registros de este virus, que es de notificación obligatoria. Aún es una incógnita el paso por Ushuaia del "caso cero" del brote, el ornitólogo neerlandés Leo Schilperoord, primero en morir a bordo, que estuvo con su esposa algo más de dos días en esta ciudad. Continúa en la página 24.

En el lugar del que hace dos semanas partió el crucero de exploración antártica en el que se desató un brote de hantavirus que tiene en alerta a más de una decena de países, nada parece haber cambiado. Esta ciudad y su puerto, con la oferta de excursiones y avistajes más australes del país, siguen siendo un imán para el turismo. La posibilidad de contraer un virus como el Andes Sur en Tierra del Fuego no existe para los locales ni preocupa a los visitantes. "El vínculo del contagio con hantavirus acá es muy forzado", definió un infectólogo, jubilado, que acompaña a su esposa a observar aves como lo hacía la pareja de neerlandeses que fueron los primeros en enfermar en altamar.

La mayoría de los testimonios de esta ciudad tienen algo en común: alguna referencia a no entender por qué "todo el mundo" mira a Tierra del Fuego por el crucero que atrae atención internacional por la búsqueda de quienes pudieron tener contacto con los pasajeros que desembarcaron en islas del Atlántico, como Tristán de Acuña o Santa Elena, para regresar a casa.

Sin embargo, desde esta provincia se puede ir desandando un camino que ayudaría a grupos de investigación de más de 20 países a conocer cómo se originó un brote por un virus que trascendió, por alta mar, a los dos países donde es endémico: Argentina y Chile. "No nos preocupa", dijo Ximena, oriunda de Cochrane, del otro lado de la Cordillera. Ahí, dirige un complejo de cabañas. Junto al cartel de Ushuaia, sobre la costanera, con la salida al canal Beagle de fondo, esperaba con su esposo tomar una foto.

"Nos informamos sobre el brote del que habla el mundo y sabemos que somos los únicos con los argentinos que conocemos de qué se trata por los casos que hay en ambos países. Hemos tenido pérdidas de vidas, como ustedes acá, y sabemos que si se detecta a tiempo se pueden evitar. A bordo, sin información ni recursos, fue más complejo", agregó a punto de seguir viaje a Tolhuin.

Acá, la noticia del brote en el MV Hondius llegó, primero, por redes sociales. "Nos enteramos cuando se difundió el caso", contó Nicolás Gómez, un joven que atiende su carrito con souvenirs y prendas de abrigo a metros del puerto. "En Tierra del Fuego no hay casos de hantavirus. Me pareció raro que aseguraran que acá se habían infectado porque es un virus que tiene una incubación de entre dos y tres semanas. No dan los tiempos. El hombre que enfermó primero tuvo que haberse contagiado en otro lugar del continente", agregó a LA NACION, resguardado del frío y el viento.

Florencia, que trabaja en un restaurante céntrico al que suelen ir pasajeros de los cruceros por proximidad con el puerto, se enteró al mirar las noticias. "Hubo gente que fue a consultar por síntomas al hospital, pero no era nada. Tenía que ver con el frío", contó mientras esperaba el colectivo en la avenida Prefectura Naval Argentina, a pasos de uno de los atractivos locales, el remolcador "Saint Christopher", encallado hace 60 años. "Estamos más expuestos por los turistas que llegan del mundo. Así nos pasó con el Covid. Tomo precauciones en el trabajo cuando arriban los cruceros", dijo.

"Amigables y simpáticos"

En los comercios más céntricos, donde el movimiento cesa de pronto a la hora de la siesta, las respuestas se repiten. En la parrilla La Estancia, sobre Godoy Cruz, a paso de la avenida principal, recordaron la última cena de la tripulación del "Hondius". Esa partió de una fotografía del grupo que posteó el chef del crucero la noche previa a la partida del buque el 1° de abril. "Fue una cena de cierre de travesía del crucero", detalló Armando Guillén, mozo que los atendió. Razones climáticas habían demorado un día la salida. La reserva quedó a cargo de una guía argentina. "Eran muy amigables y simpáticos", agregó el mozo que tomó los pedidos de los comensales provenientes de distintos países.

"Es común que acá vengan a comer las tripulaciones y los pasajeros de los cruceros que llegan o los turistas", siguió Guillén mientras el lugar se llenaba de clientes, en su mayoría extranjeros. "No notamos que haya cambiado algo", coincidieron con Leonardo, propietario del lugar.

En las vías de ingreso desde el continente a la isla, el tránsito se mantiene. Los vuelos llegan completos. Los operadores de las excursiones, en sus cabinas a pasos del puerto, coinciden en que hay gran afluencia de brasileños, que vienen con amigos o familia.

"Tuvimos consultas de pasajeros [sobre el riesgo de contraer hantavirus] hace una semana, después que se conoció la noticia; fueron muy pocas. Algunos, con barbijo", contó Lucas Toselli, de RumboSur, agencia que hace 55 años comercializa circuitos en catamaranes. "No hay preocupación", agregó.

Como otros colegas, comentó que no se implementaron protocolos o cuidados extra en las actividades cotidianas o para el turismo desde que se supo que la pareja de ornitólogos neerlandeses había enfermado en altamar después de embarcar aquí.

Leo y Mirjam Schilperoord-Huisman partieron después de pasar cinco meses entre la Argentina, Chile y Uruguay. Ambos murieron por hantavirus: él, de 70 años, el 11 del mes pasado y ella, de 69 años, el 26. Otra pasajera alemana también falleció y la Organización Mundial de la Salud (OMS) actualizó en 11 el número de contagios a bordo, entre pasajeros y tripulantes. En ocho, ya se confirmó por laboratorio que la infección fue por la variante Andes, presente en el sur argentino y chileno.

Dónde se originó la transmisión es una incógnita. Laboratorios y agencias de más de 20 países trabajan con el virus aislado de muestras de viajeros del "Hondius", contactos y la cadena de transmisión. Su material genético mostró similitudes con detecciones en brotes como el de Epuyén, en Chubut, hace ocho años, y del lado chileno.

En la lista de colaboraciones aparece el Instituto Malbrán, pero su cerrojo informativo opera como el habitual sobre sus tareas y avance de resultados.

El virus Andes, confirmado en laboratorios de Suiza, Países Bajos y Sudáfrica a partir de los enfermos, es el único hanta conocido al momento con transmisión interhumana una vez producida la exposición a los roedores que son su reservorio. El más común en bosques y zonas de arbustos patagónicos es el ratón colilargo del sur. Las autoridades sanitarias de Tierra del Fuego, con asiento en esta ciudad, insisten en que el contagio tuvo que ser fuera de la provincia, en el recorrido por las áreas continentales donde la variante es endémica.

Acá, en las calles, no hay preocupación. No así en el sector turístico, que no quiere ver afectada su actividad. Entre los residentes, nadie recuerda que alguna vez haya habido un caso autóctono de hantavirus. Es decir, a partir de un contagio en territorio fueguino. Así, también, lo afirmó a este medio Juan Petrina, director general de Epidemiología y Sanidad Ambiental del Ministerio de Salud provincial.

Tampoco en roedores de la fauna local tienen registro de que se hayan detectado casos.


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