Logo Ejes
16/05/2026 Página 12 - Nota - Espectáculos - Pag. 28

Cuando la contracultura entra a la Academia
Yumber Vera Rojas

Por Yumber Vera Rojas
Al llegar al barrio de Recoleta, en la zona conocida popularmente como “Facultad de Medicina”, el olor a pólvora aún domina el ambiente. Aunque no es la única estela conmemorativa que dejaron los estudiantes que en el ocaso del viernes celebraron su graduación: rastros de harina, pintura y confeti dominan el paisaje. Algunos egresados rezagados aprovechan para tomarse una selfie. Mientras la fiesta terminó en la plaza Houssay, en la vereda de enfrente otra ceremonia, lo más parecido a una misa, está por comenzar. En la pantalla de leds erigida al lado de la cancha de voleibol se puede leer que a las 19.30 hs se realizará en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Médicas un acto en el que el Indio Solari recibirá su Doctorado Honoris Causa, acompañado por una foto del artista. La calle Paraguay, entre las esquinas de Uriburu y Junín, se encontraba cerrada desde temprano por la policía. Si no fuera porque el otrora cantante de los Redonditos de Ricota y de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado está bajo vigilancia médica a causa de su parkinson, pareciera que hubieran armado un operativo para esperarlo. Y eso lo refuerza el equipo de seguridad que se plantó en el ingreso del edificio. Una vez que quedaron atrás los controles, la cosa va tomando una dimensión popular. En el ingreso al auditorio, que alberga a 900 personas, se puede ver al público cantando “La UBA no se vende” o “Universidad de los trabajadores”, a propósito de la cuarta marcha federal universitaria, realizada el martes. Mechado con “Vamos los Redondos” o “Soy redondo hasta que me muera”. El pasado 19 de diciembre, la Universidad de Buenos Aires resolvió otorgar su máximo reconocimiento honorífico a Solari “en virtud de la originalidad de su obra, de su aporte a la cultura y al pensamiento crítico, y de su incidencia en la producción de sentidos colectivos que forman parte del patrimonio simbólico del país”. Entre los considerandos, el Consejo Superior de la casa de altos estudios, que en agosto de 2025 entró la misma distinción a Charly García, postuló que el músico, a quien describió como una “figura central del rock argentino y latinoamericano” y una “personalidad destacada del arte y la cultura popular de nuestro país”, merecía semejante distinción a partir de diferentes hitos y aportes a la construcción de sentido artístico-político del país. Media hora luego de lo pautado, tras la presentación de la conductora de la actividad, subieron al escenario el rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Ricardo Gelpi, y el vicerrector, Emiliano Yaco- bitti, quienes presidieron el acto. No obstante, fue este último el encargado de realizar el elogio académico mediante un emocionante discurso. “Gracias a todos los que hicieron que esto sea posible. Obviamente, para muchos de los que estamos acá es una emoción difícil de explicar”, espetó en la introducción. “Hace treinta y pico de años, arrancó una conexión con este grupo de música. Todos saben lo que pasó, pero la formalidad de la UBA hoy me obliga a leer unas lecciones que armamos entre varios y que me parece que son justas y a tiempo”. “Fue en la Ciudad de La Plata, en los primeros años de la dictadura. Carlos Alberto Solari tenía 30 años, y una voz que parecía venir de otro tiempo, más grande que el rock que circulaba entonces. Más extraña, y más propia. Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota no nacieron como banda: nacieron como un gesto de resistencia estética”, destacó Yacobitti. “Durante años, los recitales fueron rituales clandestinos, casi secretos. La música como refugio y provocación, el arte como el único territorio que la violencia institucional no terminaba de colonizar. En ese periodo subterráneo, surgió algo que pocas veces ocurre en la historia de una cultura popular: la confianza ciega del público que se reconoció en las letras antes que nadie les explicara qué significaba”. Y el académico añadió: “La discografía que construyeron es uno de los archivos más singulares de la cultura argentina del siglo XX. No porque haya sido diseñado para serlo, sino porque fue hecha con una indiferencia soberana hacia las reglas del mercado, de las modas y del éxito convencional. Sus discos no envejecieron porque nunca quisieron ser jóvenes; sus recitales nacieron para el culto y se volvieron rituales colectivos. Después de todo eso, el Indio no se quedó duelando a los Redon- dos. Sobre el ruido de fondo, fundó Los Fundamentalista del Aire Acondicionado, y siguió componiendo con la misma exigencia. Aun en la injusticia de su retiro forzado, Solari sigue haciendo música. Puede que la adversidad nos haya quitado su cuerpo de los escenarios, pero no nos quitará nunca su voz”. En la antesala de la condecoración, el Vicerrector remató: “Esta universidad no lo recibe hoy como un monumento, lo recibe como lo que es: un artista que construyó uno de los casos más extensos entre el músico y la comunidad que registre la historia cultural de nuestro país. A lo largo de cinco décadas, demostró que la mayor ambición posible no es la fama ni el dinero, sino la justificación de una vida entera a través de su trabajo. Hoy la UBA le otorga el Doctorado Honoris Causa no porque sus letras hayan entrado en las aulas, aunque más de una se lo merecía, sino porque la universidad reconoce que el pensamiento crítico no tiene un solo formato, que la poesía puede vivir en un recital de 50 mil personas, y que el arte popular genuino es también una forma de conocimiento”. A continuación, se proyectó en la pantalla del Aula Magna de la Facultad de Ciencias Médicas un mensaje grabado del Indio (se reprodujo su voz sobre un collage de fotos suyas) en el que expresó: “Quería agradecerles, tanto al Rectorado como a todos aquellos que la han impulsado, esta distinción que a mí me pone muy feliz. Le agradezco a la Universidad de Buenos Aires y a quienes les parece bien que yo merezca esta distinción. Les mando un gran abrazo y muchas gracias”. Como es tradición en este tipo de ceremonias, Gelpi y Yacobitti hicieron entrega del diploma y la medalla, en este caso a Gaspar Benegas, integrante de la banda Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, quien recibió las distinciones en nombre del artista homenajeado. Después de que las autoridades académicas salieran de cuadro, Benegas se fue a buscar la guitarra acústica. En tanto lo hacía, ingresó un octeto de cuerdas (compuesto por siete músicas y un músico), y, al regresar, el cantante y compositor se sentó en una silla para iniciar la performance. Sin decir nada, arrancaron con un tema de Indio Solari: “El tesoro de los inocentes”, en la que se sumó una percusión electrónica disparada desde la consola de sonido. Siguieron con “La murga de la virgencita”, incluida en el disco Momo sampler, de los Redondos. Retomaron la fórmula de viola acústica, ensamble y bata digital en “Había una vez”, de la carrera solista del flamante Doctor. Y volvieron a revisar a Patricio Rey por intermedio de “Salando las heridas”: de las mejor arregladas y con el Indio cantando en la pantalla. Benegas se sentó al piano para interpretar “El ruiseñor, el amor y la muerte”, concebida en la etapa de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, y ahí sí el músico agradeció, de parte del Indio y suya, la condecoración y la posibilidad de representarlo. Entonces llamó a Valentina Cooke para que cantara “Ostende Hotel”, que recibió de pie la ovación del público, una vez que terminó. Clásico tras clásico, el ímpetu se fue apoderando del recinto. Y, previo al clímax, el músico se volvió a colgar la guitarra acústica en “Serenata de los Santos fumadores”, a la que le siguieron bien de cerca “El arte del buen comer” y “Flight 956”. Para el cierre, invocaron una vez más al ex cantante de los Redondos para hacer “Yo, caníbal”, lo que ahora sí desató una euforia colectiva difícil de apaciguar. Debido a que la pasión siempre le gana la pulseada a la razón, y como era de esperarse, esa audiencia académica al borde del descontrol empezó a pedir un bis. Lo que obligó a Benegas a regresar al tablado, esta vez tan solo con su chelista. A razón de que no habían preparado lo que estaban por tocar, el artista advirtió: “Vamos a improvisar, con todo respeto”. Y vaya que parecía una paradoja. Si lo de antes fue sublime, lo que estaba por suceder era de otra galaxia. No tuvieron mejor idea que largar el bis con “Juguetes perdidos”, y el público alcanzó el éxtasis. Pero aún faltaba la estocada final, que llegó con los primeros acordes de “Ji ji ji”, en la que profesores y alumnos protagonizaron el pogo. Y es que el Indio tiene ese poder de enloquecer hasta a los más eruditos.


Menciones: cnot


#59541025   Modificada: 16/05/2026 04:11 Superficie artículo: 1405.22 cm²
Cotización de la nota: $49.355.379
Audiencia: 22.950