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16/05/2026 Perfil - Nota - Información General - Pag. 42

El mapa cerebral del talento: lo que hoy sabe la ciencia sobre las mentes superdotadas


GENÉTICA, CRIANZA E INTELIGENCIA
El fenómeno del precoz Faustino Oro, Gran Maestro de ajedrez con apenas 12 años, no solo sacude a los fans del juego-ciencia, sino que también hace reflexionar a la neurociencia contemporánea. Expertos como Mariano Sigman y Andrés Rieznik explican cómo interactúan la predisposición biológica, la estimulación cognitiva y el aprendizaje intensivo en la formación de capacidades excepcionales. Y advierten que detrás del “genio natural” existe una compleja combinación de cerebro, ambiente, cultura y esfuerzo sostenido. ¿Jugar ajedrez ayuda a desarrollar genios?

ENRIQUE GARABETYAN
Tenía 10 años cuando se convirtió en maestro internacional de ajedrez. Ahora, a los doce, acaba de ingresar al olimpo del juego-ciencia como el segundo Gran Maestro más joven de todos los tiempos.
La impresionante historia deportiva de Faustino Oro, que apenas aprendió a mover las piezas durante la pandemia, reinstala preguntas que la ciencia lleva siglos intentando resolver.

Las condiciones culturales de la familia juegan un papel clave en este tema

Ponder: ¿cómo funciona un cerebro extraordinario? ¿Qué papel juegan la naturaleza y los genes junto a la crianza y los estímulos en la construcción de una persona excepcional?
La neurociencia moderna no tiene una respuesta simple. Pero sí suma datos que plantean algunas bases y proponen un mapa complejo y fascinante del talento humano.
¿Qué ocurre en la cabeza de Faustino y otros chicos prodigios cuando obtienen muy rápidamente resultados matemáticos, resolución de problemas o jugadas de jaque mate muy por encima del promedio de la gente?
La neurociencia tiene algunas respuestas, aunque parciales. Para el doctor Mariano Sigman, apasionado del ajedrez, el caso de Faustino no puede entenderse solo desde la biología. “El ajedrez es un lenguaje que se adquiere”, dijo Sigman a PERFIL, estableciendo un paralelo: así como algunos niños aprenden a leer con una fluidez que parece innata, Faustino “fluye” en el idioma de las piezas de ajedrez. No es solo que calcula rápido. Es que “percibe” el tablero de una manera cualitativamente distinta.
Este experto también subrayó el impacto transformador de la inteligencia artificial en la formación de esta nueva generación de jugadores.
“Con la IA, de repente, cualquier chico, en cualquier lugar, en Argentina o en la India, tiene a su alcance programas efectivos para aprender. Y estos les dan una forma distinta de jugar”, explicó. Los nuevos talentos ya no se forjaron viendo la partidas clásicas de Capablanca o Alekhine. Se entrenaron con motores que evalúan millones de posiciones por segundo. El resultado es un estilo diferente: más concreto, más calculado, a veces menos “poético”, pero igualmente efectivo. Y algo parecido pasa en otros órdenes de aprendizaje.
Genes y nutrición. La pregunta inevitable, antigua, pero siempre renovada a la luz de nuevas investigaciones en neurociencias, es si los chicos superdotados nacieron así o se hicieron “así”. La respuesta actual es: ambas cosas, en proporciones que se discuten intensamente.
Estudios publicados en diversas revistas de ciencia confirman que una elevada capacidad intelectual tiene un componente hereditario significativo; algunos trabajos estiman que entre el 50 y el 80 por ciento de la varianza en el cociente intelectual es atribuible a factores genéticos. Pero la genética fija un rango de posibilidades, no una certeza. Y las condiciones ambientales determinan cuánto de ese potencial se termina concretando.
Entre esos factores ambientales está la nutrición adecuada en las etapas tempranas del desarrollo (los famosos primeros mil días de vida), que impacta directamente en la futura arquitectura neuronal. Se sabe que deficiencias de hierro, yodo o ácidos grasos omega-3 durante la gestación y la primera infancia pueden reducir de manera permanente el potencial cognitivo.
Además, la exposición prenatal a contaminantes (plomo, mercurio, ciertos pesticidas) tiene efectos documentados sobre el desarrollo cerebral. Claro que esto no significa que el talento se “compre” con una buena dieta, sino que las condiciones materiales y culturales de vida de una familia determinan en buena medida si un alto potencial genético puede, o no, expresarse.
“Todos los grandes jugadores, Messi, Maradona, entre otros, fueron prodigios, pero también hay chicos muy prometedores en sus disciplinas que luego, por distintas razones, en momentos complicados del desarrollo -adolescencia, juventud- pasan por periodos distintos y les cambia la motivación y las prioridades. Y dejas de destacarse”, comentó Sigman.
Entrenamiento intensivo. Un
destacado psicólogo e investigador estadounidense, K. Anders Ericsson, fue hasta hace unos años uno de los principales defensores del argumento que basaba la genialidad y el alto rendimiento de una persona en el esfuerzo de miles y miles de horas de entrenamiento enfocado y estructurado. La “práctica deliberada” era más “fuerte” que el talento innato y genética-

mente determinado. Pero hoy el consenso científico indica que un superdotado, en cualquier campo intelectual o musical, es el resultado de la interacción entre la naturaleza y la crianza; entre los genes correctos, que habilitan, pero “criados” en un entorno de crianza que proporciona los recursos para sobresalir.
En esta línea, el neurocientífico Andrés Rieznik, que investiga sobre aprendizaje y cognición, sostiene que lo que entrena el cerebro no es el ajedrez en sí, sino el esfuerzo mental que exige cualquier actividad que nos saque de la zona de confort. “La neurociencia sabe que el cerebro va a desarrollarse correctamente y mantenerse en forma en la medida en que hace ‘esfuerzo mental’.
El ajedrez implica muchos procesos cognitivos, pero hay un montón de otros juegos y actividades que también sirven para el desarrollo cognitivo”.

LO MÍNIMO. Si bien las “supermentes” combinan genética y estímulos, hay ciertas bases claves, como una alimentación adecuada.

No todas son rosas

Ser excepcional no siempre es sinónimo de felicidad. Muchos niños superdotados cargan con una paradoja difícil: cuanto más destacan intelectualmente, más solos se sienten.
La psicóloga e investigadora Linda Silverman, fundadora del Gifted Development
Center de Denver, acuñó el concepto de “desarrollo sincrónico” para escribir este fenómeno: los niños superdotados son “muchas edades a la vez”, y cuanto mayor es el nivel intelectual, más pronunciada es esa asincronía.
Esto significa que un chico puede razonar como un adulto y emocionarse como un niño de su edad, lo que dificulta profundamente su vínculo con los pares. A esa brecha se suma otro factor: muchos aprenden a ocultar partes de sí mismos para encajar, fingiendo ignorancia o reprimiendo su entusiasmo.
ARTES. En la música también hubo genios precoces, como Mozart. Faustino Oro, en su salsa.


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#59524727   Modificada: 16/05/2026 04:20 Superficie artículo: 1349.61 cm²
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