16/05/2026 Perfil - Nota - Internacionales - Pag. 30
"Estamos transitando una etapa de profundas transformaciones, como luego de la II Guerra Mundial" DIETER LAMLE ENTREVISTA AL EMBAJADOR ALEMÁN DIETER LAMLE “Estamos transitando una etapa de profundas transformaciones, como luego de la II Guerra Mundial” En un diálogo exclusivo con PERFIL, el diplomático alemán analiza el complejo escenario geopolítico actual, marcado por el repliegue militar de Estados Unidos en Europa y la persistente amenaza rusa. Frente al nuevo orden internacional que se está plasmando, el diplomático examina la obligada reconfiguración de la OTAN, el rearme de Alemania, los peligros de la guerra en Irán y la estrategia europea de “reducción de riesgos” frente al gigante económico chino. DEFENSA. “Es indiscutible que Europa debe invertir más en su seguridad”, afirma Dieter Lamlé. —¿Por qué Alemania decidió mantenerse al margen de la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán? —Desde el principio, Alemania expresó claramente que comparte la preocupación por el programa nuclear y misilístico iraní y que toma muy en serio los asuntos de seguridad de nuestros socios. Al mismo tiempo, estaba claro que Alemania no participaría militarmente en esta guerra. Vemos un gran riesgo de que una mayor escalada del conflicto desestabilice aún más a toda la región, con consecuencias que trascenderían mucho más allá de Medio Oriente. Por eso, nos enfocamos en la diplomacia y en cómo se puede encauzar y finalizar en términos políticos este conflicto. El Derecho Internacional es para Alemania el criterio central de su acción. Simultáneamente, debemos tener en cuenta que el régimen iraní, mediante el apoyo objetivo de actores armados y redes de proximidad, así como por su estrategia de política exterior, ha contribuido en forma decisiva a la inestabilidad en la región. Precisamente por esto se requiere una acción prudente, objetivos políticos claros y una estrecha coordinación con nuestros socios. Nuestro objetivo es contribuir a que la situación no continúe empeorando. Una vez acordada la paz, Alemania contribuirá en forma adecuada a garantizar la libre navegabilidad del Estrecho de Ormuz. Con este objetivo, nos encontramos en un intercambio estrecho con los EE.UU. y otros socios. —Donald Trump se mostró crítico con sus socios y amenaza con el retiro de EE.UU. de la OTAN. ¿Qué puede suceder con la Alianza? —La seguridad de Europa está y continuará estrechamente ligada a los Estados Unidos. Por otra parte, los EE.UU. gozan de numerosas ventajas al ser miembro de la OTAN, y estoy seguro de que los EE.UU. Es consciente de ello. No obstante, es indiscutible que Europa debe invertir más en su seguridad que en el pasado, precisamente a la luz de la agresividad rusa, que no es abstracta sino real. Nos encontramos actualmente transitando este camino hacia el fortalecimiento de nuestra propia seguridad, también en estrecha coordinación con los Estados Unidos. —¿Cómo afecta a su país y a la Unión Europea la decisión de Trump de retirar las fuerzas militares de EEUU de Alemania? —Trabajamos estrechamente junto con los EE.UU. y la presencia de soldados norteamericanos en Europa, en particular en Alemania, responde tanto a nuestro interés como al interés de los EE.UU. Debido a las estrategias de seguridad y de defensa de los EE.UU., comunicada hace pocos meses, era previsible que los EE.UU. retiraría tropas de Europa e inclusive de Alemania. Estamos dialogando con la administración norteamericana sobre esta medida, si bien lamentamos esta decisión. No obstante, la presencia de tropas norteamericanas en Europa (aproximadamente 80.000) y en la OTAN seguirá siendo muy considerable. Por lo tanto, y desde nuestro punto de vista, esta reducción no impactará a largo plazo en la operatividad de la OTAN, ya que los europeos estamos trabajando ya hace tiempo para compensar esta medida. Alemania se encuentra bien encaminada. Estamos expandiendo nuestras Fuerzas Armadas Federales, adquiriendo con mayor rapidez más material y apostando también a innovaciones. —¿Alemania se propone convertirse en una potencia militar mundial? —En Alemania debemos asumir un mayor grado de responsabilidad por nuestra propia seguridad. Este fortalecimiento de las propias capacidades de defensa no solo es compartido, sino que incluso es exigido por amplios sectores de la población, debido a una sensación de amenaza por parte de Rusia. No obstante, nuestra Constitución establece límites estrictos para la intervención de nuestras Fuerzas Armadas. Solo pueden desplegarse en caso de defensa o en conjunto con sistemas colectivos de seguridad como la OTAN, la UE o la ONU. —¿Aumentarán el suministro de armamento avanzado a Ucrania? —Estamos convencidos de que la paz duradera solo es posible con Ucrania fortalecida. Para ello es esencial nuestro apoyo permanente. Hasta ahora, el Gobierno Federal ha aportado y previsto para los próximos años apoyo bilateral civil por valor de 39 mil millones de Euros y apoyo militar por valor de 55 mil millones de Euros, con el fin de que Ucrania pueda protegerse a sí misma y también la paz en Europa. Al mismo tiempo, trabajamos con gran energía en conjunto con nuestros socios para alcanzar una solución pacífica por vía diplomática. Nuestro objetivo es una paz justa y duradera. Continuamos brindando nuestro apoyo a Ucrania, ya que, si Rusia finaliza sus ataques, finaliza la guerra; pero si Ucrania deja de defenderse, será el final de Ucrania. —¿Cómo describiría el nuevo orden internacional? ¿Estamos asistiendo al diseño de un sistema basado puramente en el poder y ya no en las reglas? —Considero que estamos transitando realmente una etapa de profundas transformaciones en el orden internacional, como lo fue posterior a la Segunda Guerra Mundial. La guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, las crecientes rivalidades geopolíticas y la disposición de diversos Estados a actuar cada vez más en forma unilateral, ejercen una presión visible sobre este sistema. Sin embargo, considero un error concluir que las reglas ya no importan y que en el futuro lo único que contará es el poder. Muchas instituciones internacionales, principios y mecanismos siguen funcionando y continúan dejando su impronta en las relaciones internacionales, si bien en algunos aspectos están expuestos a una gran presión. Al mismo tiempo, observamos un desarrollo interesante: cuando las grandes potencias no encuentran soluciones o los conflictos escalan, surge un espacio para que las llamadas potencias medianas actúen como mediadoras. Esto puede ser muy importante en casos particulares, como recientemente en la guerra contra Irán, donde países como Pakistán cumplieron una función mediadora en determinadas etapas. Obviamente, esta no es una solución sistémica duradera, pero marca una tendencia. A diferencia de la Guerra Fría, hoy claramente un mayor número de Estados quiere participar, asumir responsabilidad y sentarse a la mesa de negociación. Esta aspiración la defienden con mucha claridad. Desde el punto de vista alemán, lo decisivo es que este orden no desapareció. Está sometido a presión, sí, pero es moldeable. Y precisamente en esto radica la tarea: defenderlo, continuar su desarrollo y adaptarlo a una realidad multipolar. —¿Cómo definiría la relación con China en este momento tan particular de la geopolítica? —Las relaciones con China son un desafío: Se caracterizan, por un lado, por un gran entramado económico y, por otra parte, una creciente competencia sistémica. Al mismo tiempo, China sigue siendo uno de los principales socios económicos de Alemania y de la Unión Europea. En virtud de ello, en Alemania preferimos hablar de “de-risking”/reducción de riesgos y no de “desacople”. Un desacople total no sería realista y tampoco respondería al interés de Europa. Por lo tanto, se trata de reducir riesgos, es decir limitar dependencias en áreas críticas como tecnologías clave o cadenas de suministro. Esta política comienza por nosotros mismos. Si queremos mantener nuestra capacidad de acción económica y tecnológica, Alemania y Europa deben fortalecer su propia competitividad. El límite de nuestra denominada “autonomía estratégica” es la capacidad de conservar autonomía y capacidad de acción sin incurrir en nuevas dependencias unilaterales. A pesar de toda la competencia, China sigue siendo un actor global, imposible de eludir en muchas cuestiones internacionales. Por eso, el diálogo y la cooperación deben ser posibles donde existe intereses en común como, por ejemplo, en la protección climática. Menciones: cnot
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