Logo Ejes
09/05/2026 Página 12 - Nota - Espectáculos - Pag. 32

Zonas sagradas
Sonia Santoro

Por Sonia Santoro
Hace unas semanas vi Consagrada, un biodrama que parte de la historia de Gabi Parigi, exgimnasta olímpica y deportista de alto rendimiento que también es actriz, acróbata y bailarina.
En un momento de la obra, Gabi dice que una de sus amigas de competencias era como un caballo desbocado. Verla a ella moverse, saltar, bailar es ver también a una criatura con la potencia y la gracia de un animal no domesticado. A veinte años de dejar de competir pareciera tener, por lo menos para legos, las habilidades intactas de esa atleta que fue.
La segunda parte del nombre de la obra es El fracaso del éxito. Aborda especialmente lo que hay detrás de las medallas. Las vacaciones en las que había que seguir entrenando, las presiones para mantener el peso que la llevaron a problemas alimentarios, las quebraduras y otro tipo de lesiones, la lógica de la meritocracia, los entrenadores crueles o abusivos, los padres complacientes. ¿Dónde estaba ella? Es la pregunta que sobrevuela el escenario.
Con esta obra ella parece haber encontrado un camino para pensar qué hacer con todo eso.
Mientras la veía, pensaba que todo lo que está haciendo es también producto de haber pasado por ese régimen exitista y tirano. Contradicciones, de eso estamos hechos.
Gabi apela a un lenguaje corporal y vocal trágico pero también cómico para dar cuenta de la vida de una gimnasta de élite dentro y fuera del "piso".
Se habla en la obra de los sacrificios, la disciplina y las zonas sagradas (eso que nos mantiene vivos). ¿Cada una/o tiene la suya? ¿No?
Consagrada me hizo pensar en la disciplina que muchas veces nos imponemos y es necesaria para conseguir lo que queremos. Esa disciplina que es propia pero también puede ser alimentada por otro, guía, de lo que fuere. De alguna forma podemos dibujar nuestras zonas sagradas en una oscilación entre dejarse guiar o guiarse solo. Cuando nos dejamos guiar, nos entregamos a un otro que tiene más conocimiento que nosotros de la disciplina que fuera. Esa entrega, el cumplimiento de horarios, de pautas, de regímenes, garantiza de alguna forma el cumplimiento de la meta pero también nos deja a merced de decisiones de otros y esto puede dar lugar a abuso de poder o a que no podamos desarrollar nuestra autonomía y confianza en lo que somos capaces de hacer.
El otro lado de este péndulo imaginario sería guiarse solo. Esta búsqueda requiere de una mayor voluntad, no hay nadie que te espera, no hay un otro que te corrija, no hay ante quien entregarse, quejarse o preguntar. Guiarse es difícil, requiere de convencimiento y cierto estado avanzado de la práctica. Una amiga me decía que no puede escribir si no le dicen sobre qué y cree que entonces no podrá ser nunca escritora. ¿Será así? No lo tengo claro.
Aunque pareciera que el grado de voluntad, de autosacrificio y dedicación pareciera responder a un mayor compromiso con la tarea a emprender. O quizás lo que impulsa es fe, pasión o deseo.
Por ejemplo, ir a la universidad es entregarse a una estructura, a un sistema más grande que nosotros. Ser autodidacta requiere de una búsqueda personal, muchas veces caótica, que puede llevarnos a lugares parecidos.
A veces no tenemos opción. En los días en que pensaba este artículo, un hombre cantó en el subte. Tenía una de esas voces que emocionan, gruesa y suave (qué difícil describir una voz). Contó que de chico quería ser cantante pero le dijeron que no era lo suyo. Se dedicó a otras cosas hasta que de grande decidió estudiar música y canto para darle lugar a ese deseo. No tenía guitarra, entonces buscó en internet, copió a luthiers que enseñaban cómo hacían instrumentos y creó el "palo con cuerdas", así lo llamó, con que tocaba clásicos del rock nacional esa mañana. Entre tema y tema, mientras iba recolectando billetes, hablaba de lo importante que era seguir lo que a uno le apasiona.
Por supuesto que en el camino de cualquier disciplina pueden combinarse los dos tipos de experiencias, la que requiere de la soledad y la de dejarse llevar, que es al mismo tiempo ser parte de otro y muchas veces de un grupo. Habrá instancias o momentos en que uno es más conveniente que otro y tal vez puedan los dos convivir.
¿Qué quiero decir con todo esto? Supongo que trato de analizar las lógicas con las que nos organizamos, con el grado de autonomía que nos permite nuestro contexto, para alcanzar lo que queremos.
El podio personal, cada quien sabrá cuál es, requiere de ciertos sacrificios. Habrá que ver cuáles estamos dispuestos a cumplir y cuáles son aquellos que más que sacrificios son ejercicios de control y de exigencia extrema sobre nuestros cuerpos.
Lo interesante de Consagrada —además de disparar preguntas, conversaciones—, es que la historia cuenta no solo con palabras sino con su cuerpo que es producto de un camino. Y que permite pensar, aunque sea mirando hacia atrás, qué nos trajo hasta el presente y qué queremos hacer en adelante. Las preguntas sobre el deporte de élite no se limitan solo a eso, y también permiten hacer el recorrido de lo personal a lo colectivo.
Invitan a que las traslademos a nuestros propios mundos: ¿Qué hay detrás del éxito y las medallas? ¿Cómo se elabora en la niñez la presión o los mandatos de familiares? ¿Qué nos revela el cuerpo de una mujer adulta?


Menciones: cnot


#58254322   Modificada: 09/05/2026 04:52 Superficie artículo: 726.54 cm²
Cotización de la nota: $25.518.206
Audiencia: 22.950