03/05/2026 Clarín - Nota - Sup. Económico - Pag. 4
La Argentina y su rol en la expansión de la inteligencia artificial Cledis Candelaresi Sin una regulación para este tipo de tecnología, el país está bien parado ante una creciente demanda de energía y puede albergar "data centers" de gran porte. El mundo demanda cada vez más energía y la inteligencia artificial es uno de los principales motores de esa voracidad. La versión más grande de los centros de datos previstos consumirá la electricidad equivalente a 2 millones de hogares promedio al año, solo como un ejemplo de esa creciente demanda. Esto abre para la Argentina oportunidades económicas atractivas pero, al mismo tiempo, desafíos regulatorios y ambientales. La masificación de Internet y el implacable avance de la IA, la "cuarta revolución" desde la industrial, son un hecho irrefutable. Pero el intensivo desarrollo de modelos y procesamientos de datos demanda enormes y crecientes cantidades de energía , tanto para la puesta a punto de modelos como para su funcionamiento, e implican mayor contaminación. Estudios recientes del Massachusetts Institute of Technology y la Agencia Internacional de Energía (AIE) proporcionan datos ilustrativos de esa demanda que parece insaciable: según la AIE, para 2030 el consumo energético de los data centers en el mundo representará un poco más que el de todo Japón, alrededor de 945 teravatios/hora. En el mundo hay un tsunami inversor en el rubro, alentado por esa compra segura. El gasto de capital de cinco grandes empresas tecnológicas superó los 400.000 millones de dólares en 2025 y ese monto crecería un 75% este año. Más infraestructura, más electricidad para alimentarla. Un ejemplo: el entrenamiento del chat GPT-3 demandó 1.287 megawatts hora, equivalente a lo que consumen 120 hogares estadounidenses promedio en un mes. Eso significó la emisión de carbono igual a la que genera un vuelo que une ida y vuelta Buenos Aires con la brasileña San Pablo. Los equipos de un centro de datos necesitan energía para funcionar y también para ser refrigerados, función que requiere importantes cantidades de agua dulce: 2,5 millones de litros por cada megavatio de potencia instalada. Sobre esta base, el proyecto el OpenAI y Sur Energy para construir en algún lugar aún no precisado de la Patagonia un centro de procesamiento con 500 megavatios demandaría más de 1.200 millones de litros para bajar la temperatura de máquinas con actividad febril. Los ríos del sur dejan a mano un buen recurso. En todo el proceso de la IA también impactan las demandas de los usuarios de esta extraordinaria herramienta, en vías de masificación. Según detalla un trabajo del exinterventor del Enargas y consultor Carlos Casares, el uso masivo tiene impacto medible y contundente: 1 millón de consultas necesitan 200 kilowatts para ser atendidas. A medida que la herramienta para tomar decisiones, modelizar actividades complejas y reemplazar a los humanos en tareas mecánicas y repetitivas se perfecciona, necesita más y más potentes máquinas para entrenar modelos y procesar datos. Y, por lo tanto, más electricidad. Según la AIE, la demanda de electricidad de los centros de datos creció 17% el año pasado, con mayor ritmo en aquellos que están centrados en IA, cuyo requerimiento se triplicará hacia fin de la década. Los análisis citados coinciden en un punto paradójico. La inteligencia artificial consume mucha energía y a la vez puede hacer más eficientes los modos de producirla y de consumirla. Una especie de toma y daca para el balance futuro. En lo inmediato, sin embargo, hay que resolver cómo alimentar a esos corazones de la revolucionaria tecnología, cuya localización también es un problema. En Estados Unidos se espera que representen la mitad del crecimiento de la demanda eléctrica en los próximos cuatro años y en Japón, más de la mitad en ese mismo período. A veces con el agravante que muchos proyectos tienen localización concentrada en zonas que podrían estresar las redes eléctricas. De ahí que los diseños más ambiciosos prevén su propia generación de energía, como la iniciativa anunciada a fin de octubre por el ceo de OpenAI, Sam Altman, para instalar un megacentro en la Argentina. Según sostienen sus socios locales de Sur Energy, hay cartas de intención rubricadas con Central Puerto y Genneia, las principales generadoras de electricidad del país, para que abastezcan a ese proyecto. Que en la otra punta de la cadena esté OpenAI, un monstruo tecnológico como cliente, ayudaría a conseguir financiamiento para la propuesta aún en estado germinal. Argentina está muy bien parada ante un mundo que requiere cada vez más energía y en proceso de transición hacia fuentes más verdes. Puede ser gran surtidor de gas y albergar nuevos centros de gran porte, escalando en el ranking regional que lideran Brasil y Chile. Con la explotación de hidrocarburos no convencionales se encamina a ser un importante proveedor internacional de gas, que es el combustible fósil menos lesivo del ambiente y clave para promover el suministro energético sin promover el cambio climático. Las proyecciones locales son de lo más optimistas. Hay en curso un proceso de inversiones millonarias y posibilidades de que la producción local aumente 75% hasta el fin de la década. Argentina empezó a tener más gas del que necesita y eso da impulso a grandes proyectos exportadores de gas licuado, como el que se ejecuta bajo el liderazgo de Pan American Energy, Southern Energy, o el que comanda YPF, Argentina LNG, entre otros. La otra ventaja comparativa que ofrece el país es tener condiciones propicias para concretar la idea acariciada por el gobierno de Javier Milei de generar una especie de hub tecnológico, con la instalación de nuevos centros de datos de gran envergadura, posiblemente alimentados con energía renovable. La región patagónica se avizora como un escenario ideal. Hay vientos con la fortaleza necesaria para sostener campos eólicos y bajas temperaturas que facilitarían la refrigeración de los equipos. En este momento también existe un vacío que puede ser tentador para un potencial inversor. Como la mayoría de los países, Argentina no tiene regulaciones específicas sobre esta infraestructura cibernética ni sobre el cuidado ambiental que es necesario garantizar. Lo que para un ambientalista puede ser un sacrilegio, para las empresas que se embarquen en estos emprendimientos es una facilidad. Aunque no todos los procesadores de información a gran escala tienen que ser necesariamente lesivos para la salud del planeta. Unblock opera un pequeño data center que usa gas de venteo de Tecpetrol y Pluspetrol para minar bitcoins en Vaca Muerta. De ese modo, esta joven empresa captura al menos una parte del carburante fósil que de otro modo iría directo a perforar la capa de ozono. Tomás Ocampo, CEO de esa start up, se refirió ante el portal Chequeado a otro costado auspicioso de la dupla tecnología-energía, que no compensa el posible daño por falta de regulaciones pero siembra esperanzas de prosperidad. "Los países que logren producir energía barata tendrán ventajas competitivas en el desarrollo tecnológico", sentenció. Un reto para la industria y el gobierno local. El frío de la Patagonia ayuda a refrigerar los equipos de IA. Menciones: Ceco1 cfinanE
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