02/05/2026 La Nación - Nota - Información General - Pag. 24
Súper El Niño: cautela ante la posible llegada de un fenómeno climático extremo Matías Avramow AMBIENTE. Junio puede ser clave para confirmar este acontecimiento que trae aparejadas lluvias severas; hace casi 30 años que no se registra en la Argentina; prevención. Todavía no hay certezas. De acuerdo con expertos consultados por LA NACION, esa frase debe quedar grabada al pensar siquiera en una ínfima posibilidad de que experimentemos un súper El Niño, un fenómeno climático que se caracteriza por fuertes lluvias y tormentas. Según recientes informes de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), la agencia climática de los Estados Unidos, existen probabilidades de que esto suceda, pero los expertos piden cautela, pues falta al menos un mes para tener definiciones contundentes. Y es que las consecuencias de este fenómeno podrían ser lluvias, sudestadas y tormentas doblemente extremas. Varios gobiernos provinciales, hasta inversionistas internacionales, observan el desencadenamiento de este fenómeno natural. La última vez que en el país se reflejaron las consecuencias de El Niño, de estas características, fue en 1997. Reportajes televisivos de hace casi 30 años describen situaciones que hoy parecen cotidianas, como que llovió en apenas dos días lo que hubiera precipitado en un mes, o que la infraestructura no estaba lista para resistir tales magnitudes de agua caída. Las imágenes muestran campos enteros en Santa Fe completamente inundados y barrios porteños, como Palermo, bajo el agua. En aquel entonces, los efectos del cambio climático no se sumaban a los más recurrentes fenómenos de El Niño o La Niña con la magnitud con que ahora ocurren. Este es un fenómeno para tomar en serio. Los impactos sociales y económicos pueden escalar, en especial para un país como la Argentina, cuya producción depende estrechamente de la actividad agropecuaria. Esto es algo que tanto gobiernos provinciales como bancos y fondos de inversión ya comienzan a incluir en sus cálculos. Según Pedro Di Nezio, meteorólogo argentino y uno de los pocos especialistas en El Niño en el país, de desencadenarse una situación así, tanto los gobiernos como la población deberían revisar todas las medidas de prevención. Sin embargo, también transmite dos mensajes: todavía hay tiempo para reaccionar y aún no hay certezas de que esto vaya a suceder. Tanto él como otros meteorólogos consultados plantean que los modelos actuales probabilísticos son imprecisos y que esto se puede tratar de una falsa alarma. Fuerte sudestada en la costa bonaerense. Inundación en Castelli, Chaco. Archivo/ Mauro V. Rizzi. "Todavía estamos en una etapa de bastante incertidumbre", resaltó el experto. Estos son modelos probabilísticos y funcionan mejor conforme nos acercamos al momento en el que el fenómeno se puede desencadenar en el país. Para Di Nezio, hasta mediados de junio no podríamos estar completamente seguros de que esto suceda. Pero la NOAA planteó en este punto que hay poco más de un 20% de probabilidad de que ocurra un fenómeno extremo, y una expectativa algo mayor de que sea débil, moderado o fuerte. El propio instituto científico estadounidense advierte que la mayor probabilidad de ocurrencia no implica de forma automática lluvias más intensas. De desencadenarse, los primeros síntomas se reflejarán en poco más de un mes y podrían escalar hasta e incluso diciembre próximo. El fenómeno de El Niño, a diferencia de La Niña, dura solo unos meses, que llegan con una severa intensidad. Lo primero que se debe entender es que este fenómeno surge de la interacción entre el viento y el océano. Para ser específicos, los vientos alisios —que corren en las zonas tropicales cercanas al Ecuador— en abril suelen fluctuar. Son cambios impredecibles y aleatorios. Normalmente corren de este a oeste, pero en este año se debilitan. Estas fluctuaciones duran un mes, y cada una va calentando un poco más el océano por debajo de la superficie, en especial en una franja a la altura del Ecuador. Y ese calor se va acumulando, describió Di Nezio. Para el experto, en este fenómeno tiene que haber dos o tres fluctuaciones como esta para que, cuando llegue junio, el calor acumulado surja a la atmósfera y se produzca El Niño. Eso genera un efecto doble: el calor del océano debilita los vientos, que a su vez calienta el agua y, así, la atmósfera. Y cuanto más caliente esté la atmósfera, más humedad y energía puede contener. Aunque el proceso no se reproduzca en todas las regiones por igual, en la Argentina esto significa más tormentas, más vientos y más riesgo de inundaciones. De acuerdo con análisis internacionales, una de estas fluctuaciones ocurrió hace poco y fue muy fuerte en el mes que acaba de terminar. "Esto coincidió con dos ciclones a ambos lados del continente, a la altura del ecuador, que calentaron mucho el océano. Pero todavía debemos esperar a que suceda en mayo para que esa alza de temperatura se acerque al punto de no retorno", agregó el experto. Para él, en el último mes ha habido un gran caudal de desinformación respecto del posible súper El Niño. Y esto ha tenido efectos importantes en generar preocupación en el campo argentino y en gobiernos provinciales y municipales. "Mucho tiene que ver con cómo se concebía antes a este fenómeno. Se pensaba que era completamente pendular y, por ende, predecible; pero no lo es. Después, eso sí, casi es una certeza de que La Niña vendrá después de El Niño", señaló Di Nezio. El Servicio Meteorológico Nacional pronosticó, en su último informe trimestral, que en casi todo el centro y sur del país se espera mayor probabilidad de anomalía en precipitación para este mes, junio y julio. Aquí se incluye a toda la Ciudad y casi toda la provincia de Buenos Aires. Además, se espera que sea un invierno más cálido de lo normal en el país. Todo esto sin considerar un posible súper El Niño. Abril fue anómalo desde su comienzo. Desde marzo las lluvias son más abundantes de lo usual en varias partes de la Argentina. Zonas de Tucumán, Chaco, Corrientes y Santa Fe han sufrido lluvias anómalas e inundaciones severas entre marzo y abril; generaron alarmas. Incluso, en un comunicado, el gobierno santafesino informó que está tomando medidas de prevención ante un posible súper El Niño. El secretario de Recursos Hídricos, Nicolás Mijich, remarcó: "En cuatro meses llovió más de lo que precipita en todo un año, lo que, sumado a la intensidad de algunos eventos, dificulta el normal escurrimiento de agua y, en algunos casos, supera la capacidad de drenaje de las obras". Desde la provincia de Buenos Aires informaron que también están al tanto de la situación. "Reorganizamos áreas que estaban desperdigadas y conformamos un comité que funciona regularmente y ante emergencias. Venimos trabajando en la mayoría de las cuencas de la provincia. Nos estamos preparando no solo por El Niño sino por las condiciones adversas que hemos vivido desde hace varios años", explicaron desde el Ministerio de Infraestructura provincial. Para Di Nezio, lo que fueron casos puntuales en algunas provincias en los últimos cuatro meses, con un El Niño intenso, puede convertirse en una situación generalizada: "De ocurrir, acá va a llover en toda la Mesopotamia por varios meses. Y ese es el problema. Lo que ahora está restringido a unas zonas se convertiría en algo general. Puede afectar al país entero". Un informe de J.P. Morgan advierte que El Niño, que podría consolidarse en la segunda mitad de año, puede tener un rol central en la producción agrícola en América Latina. Según informó LA NACION hace unos días, el documento plantea que los episodios de El Niño suelen traer un escenario más favorable para la campaña agrícola argentina. "El Niño está asociado a mayores lluvias en la región pampeana, rindes por encima de la tendencia en soja, maíz y trigo", señaló, sobre un comportamiento que se observó en experiencias previas y que, en casos intensos como los de 1997/98 y 2014/16, derivó en subas cercanas al 30% interanual en la cosecha de granos por mejoras en la productividad. A pesar de ello, para otros expertos, esta aparente ventaja puede convertirse en estrago, dependiendo de la intensidad de los eventos. Menciones: cnot
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