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26/04/2026 La Nación - Nota - Economía - Pag. 1

La trampa de las asimetrías y el plan económico
Jorge Liotti

Las postales que retratan el desempeño de la economía argentina están siempre marcadas por el contraste y la dualidad. La actividad productiva muestra sectores que están creciendo aceleradamente (minería, energía, bancos), y otros que no encuentran un piso en su caída (textiles, calzados). Hay empresas que cierran (Fate) o que se van del país (Nissan), y marcas que anuncian su próximo desembarco (H&M).

Surge entonces, inevitable, una pregunta absolutamente central para valuar el proyecto económico de Javier Milei: ¿es la disparidad un rasgo intrínseco del modelo libertario, o constituye un desvío coyuntural? ¿Las asimetrías pueden representar una característica tan determinante para un programa económico, o en realidad solo simbolizan la fase de transición hacia un estadio más evolucionado del plan? Las respuestas a estos interrogantes son decisivas para el futuro del proyecto oficial, porque determinan si el Gobierno debe mantenerse prescindente de esas dinámicas o, si por el contrario, tiene que administrar de algún modo ese proceso.

Hasta ahora se pueden identificar tres tipos de asimetrías que tiene raíces profundas en el tiempo, pero que se visibilizaron como derivaciones propias del actual programa económico. Por un lado, la que surge al observar el desempeño dispar de los distintos sectores productivos, entre los que encontraron mayores facilidades en la apertura comercial y los que la padecen, y entre los que tienen una proyección global y los que dependen del mercado interno.

La segunda marca divisoria emerge entre grupos sociales, con una clase alta y media alta que aceleró sus compras en dólares y que se benefició con el tipo de cambio, y clases media-baja y baja que consumen menos y tiene dificultades importantes para llegar a fin de mes. Y la tercera bifurcación es la geográfica, con las regiones cordillerana (minería), patagónica (energía) y pampeana (campo) en un momento de prosperidad, y los conurbanos de las grandes ciudades, en particular el AMBA, con industrias deprimidas y consumos deteriorados.

La nueva Argentina se está construyendo sobre estas tres líneas de fractura. Se trata del intento de reconversión más profunda de la concepción del país desde que se agotó el modelo de sustitución de importaciones a mediados de los 70. Es el experimento más ambicioso porque apunta a trasladar el epicentro productivo de la era industrial a zonas determinadas por los recursos naturales. También porque asume que la competitividad es la única fuerza organizadora de la matriz productiva, en donde cualquier esquema de compensación es considerada una adulteración distorsiva. Y además porque lleva implícita una lógica de restauración individual que desafía la tradición igualitaria que caracterizó al país desde el siglo XX, en cuyo orden la libertad personal representa un valor superior al de la realización comunitaria.

La desigualdad productiva

Las asimetrías entre los diferentes sectores productivos empezaron a intuirse en los primeros dos años de gestión libertaria como un fenómeno emergente, pero ahora están cristalizando como un rasgo estructural. La última medición del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que se conoció esta semana fue una demostración muy clara. El informe correspondiente a febrero exhibió una caída general de la actividad del 2,1% interanual y de 2,6% respecto de enero.

Una nueva señal de que el primer trimestre ha sido muy árido para la economía argentina. Sin embargo, lo que más llama la atención es la disparidad absoluta entre los distintos rubros relevados. Por un lado, aparecen los ganadores: la pesca subió el 14,8% interanual; la minería, 9,9%; la agricultura, el 8,4%, y los bancos, el 6,6%. Por el otro, los perdedores: la industria manufacturera, con una caída interanual de 8,7%, y el comercio con un retroceso del 7%. Es decir, de un extremo a otro hay diferencias de más de 20 puntos de actividad.

Es un paisaje que se tornó habitual, aunque no esté claro hasta qué punto es sustentable en el tiempo, porque como señaló Carlos Melconian en su reciente columna en LA NACION, mientras el sector ganador "apenas araña el 20% de la economía", el perdedor "ronda el 50% del PBI". Por eso estima la idea de una economía en dos velocidades, "porque da una idea de simetría", y prefiere hablar

Daniel Schteingart, especialista en temas económicos y sociales de Fundar, marca una distinción fundamental entre los tres sectores más perjudicados con el actual modelo.

Sostiene por un lado que la merma que exhibió la construcción en los últimos dos años "tiene un rasgo más coyuntural" que puede revertirse a partir de las inversiones del RIGI y que se reactiven obras de infraestructura, con intervención pública y privada. Algo similar ocurre con el comercio, que desde su perspectiva podría recomponerse a partir de una recuperación del consumo, aunque "en modo más dual, no en todos los rubros por igual". Pero después remarca que el desplome de la industria es el que exhibe características más estructurales. "La industria no solo cae en términos absolutos, es decir, en comparación con su desempeño en años anteriores, sino

que también retrocede en términos relativos, lo que implica que pierde incidencia en el PBI. Por lo cual, au

que la economía crezca, la industria va a perder terreno", apunta Schteingart.

En la lógica del Gobierno, esto

constituye una etapa del proceso

de reconversión productiva, que

apunta a una progresiva transformación de una matriz basada en

una industria demandante de protección a otro esquema que solo contiene

algunos sectores industriales muy

copetitivos y un crecimiento

fuerte en el área de servicios. Esto

se complementa con la potenciación de los recursos naturales,

como el agro, los hidrocarburos

y la minería. El gran dilema en este

esquema es el efecto laboral, porque

los sectores que hoy son más dinámicos son los menos demandantes de

mano de obra. Esa reconversión es

la más compleja de efectuar, porque

entraña adicionalmente un desafío

geográfico, ya que los puestos

de trabajo se pierden rápido en los

cordones urbanos y crecen lento

en el interior productivo del país. Y

no es imaginable una migración masiva, simplemente porque no habría

puestos laborales suficientes.

Muchas veces se necesita el ejemplo de Australia como un caso virtuoso de

reconversión productiva que se inició en los 80 y se profundizó en los 90, y que le permitió pasar de una eco

nomía cerrada y poco competitiva a otra pujante y globalizada. Si se

comparan las medidas económicas adoptadas allí con el proceso que lidera Milei, se pueden encontrar varios paralelismos: apertura comercial, reforma laboral, eliminación de regulaciones, flotación monetaria.

Pero hay dos diferencias sustanciales. La primera es que fue un programa consensuado con todos los sectores políticos, empresariales y sindicales. La segunda es que como parte del plan se adoptó una serie de medidas tendientes a arbitrar el proceso de transformación con un programa de reentrenamiento laboral enfocado en áreas productivas, una fuerte inversión en desarrollo tecnológico y científico, y un fomento a las industrias vinculadas con los recursos naturales. Es decir, un mo-
delo que incluyó una guía de la tran-
sición, no solo con contención social
sino también con políticas orientadas a la reconversión propuesta.

La clase alta sale del closet

Las asimetrías sociales tuvieron en los últimos días dos retratos tremendamente gráficos, que ilustran la cristalización de segmentos cada vez más distantes, uno arriba y otro abajo de la pirámide poblacional. La primera de esas pinturas la aportó Fernando Moiguer al presentar su más reciente trabajo que, contraintuitivamente, se enfocó en la nueva configuración de la clase alta. El consultor la caracteriza como una emergente del modelo propuesto por el Gobierno, legitimada por el discurso de Milei de que ser rico no está mal.

"Históricamente, la clase alta argentina tendió a diluirse simbólicamente bajo la 'identidad de clase media", como forma de integración cultural y resguardo frente a la inestabilidad política y social. Hoy, ese pacto implícito comienza a romperse. Cambia el contexto macroeconómico, el clima social y las formas de legitimación del éxito", describe el estudio.

A partir de ese disparador hace una profunda radiografía económica y sociológica de ese sector que representa el 6% de la población, pero el 49% del ingreso total del país. Señala que hay un desacople entre la clase media y la clase alta, porque "mientras amplios sectores de la clase media ajustan expectativas y profundizan sus estrategias de supervivencia, la clase alta, más allá de preservar su posición relativa, se transforma y redefine sus códigos. Deja de funcionar como una extensión aspiracional de la clase media y comienza a operar como un sujeto social con lógica propia". Remarca que la clase alta empieza a tener nuevas dinámicas, como la territorialización (élites regionales vinculadas a los polos más activos), la fragmentación (diferencia la clase alta de los "herederos"; la de los "autoconstruidos", como profesionales y empresarios consolidados; y la de los "emergentes" nuevos ricos de origen popular, los tres grupos con conductas y estéticas diferentes), y el consumo estratégico (búsqueda de calidad, de promociones, de experiencias).

En definitiva, Moiguer pinta con agudeza a la punta de la pirámide como un actor social con una identidad propia que ya no disimula su riqueza, y que se siente validado por un mensaje que emana desde el propio Milei que coexiste con un ecosistema digital que contribuyó a socializar modos, estilos, consumos, conductas, sentido de pertenencia y aprobación.

En el otro extremo se sitúa el úl-
timo informe del Indec sobre Indicadores de vida de los hogares en 31 aglomerados urbanos, con datos consolidados del segundo semestre de 2025. En ese trabajo se desglosa una serie de datos que dan cuenta de un empeoramiento de las condiciones de vida de los sectores de estratos más bajos. Quizás la cifra más abarcativa es la que señala que solo el 28,2% de los pobres accede a servicios de agua, gas y desagües, mientras que un año antes esa cifra era de 32,1%. Lo mismo ocurre con el ítem vivienda: el 65,9% habita en construcciones con materiales de calidad, pero el año anterior esa cifra era de 67,9%. Son pequeñas señales que parecen sustentar el dato sobre pobreza que el Indec dio a conocer anteayer. Al desagregar el último trimestre del año pasado se notó una suba de tres puntos, que pasó del 26,9% en el período julio-septiembre al 29,9% entre octubre y diciembre.

Es una tendencia que preanuncia un crecimiento de la pobreza en el arranque del 2026, pero que puede tener una parábola inversa en los próximos meses, si se cumple la previsión de una baja inflacionaria en el segundo trimestre.

Más allá de las estadísticas, se nota que así como la clase alta se cristaliza hacia arriba con dinámicas propias, la clase baja se consolida hacia abajo con consumos retraídos, un comportamiento dual que es signo distintivo de la marcha de la

economía hoy.

La clase media, que históricamente

caracterizó a la sociedad ar-

gentina y funcionó como un amortiguador y al mismo tiempo como un

promotor aspiracional, aparece hoy

más atenta a no caer dentro de los

parámetros de la clase media-baja

que a mantenerse en la ilusión de ascen

so social. En la Argentina de las

asimetrías su margen de identidad

se angosta. Ser de clase media ho

es un significante nítido.

Santiago Poy, investigador en temas de desigualdad socioeconómica del CIAS, remarca que "la clase media sufrió mucho los recortes de sector público: la reducción de subsidios deterioró su ingreso disponible, el empleo público perdió poder adquisitivo y se contrajeron los recursos claves para sus expectativas de movilidad social, como sucede con la educación superior. Pero en buena medida ese segmento mantuvo expectativas porque hasta el año pasado había una narrativa, impulsada por el Gobierno, de que la estabilidad era un valor. Lo que ahora está en tela de juicio es si la estabilidad también es capaz de generar una mejor economía".


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#56803093   Modificada: 26/04/2026 06:15 Superficie artículo: 779.40 cm²
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