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25/04/2026 Perfil - Nota - Economía - Pag. 16

El verdadero problema K de Milei: ganadores externos y perdedores internos que marcan una recuperación desigual
CARLOS BurGuEÑO

LAS PATAS QUE NO MIRAMOS
El verdadero problema K de Milei: ganadores externos y perdedores internos que marcan una recuperación desigual
El primer bimestre de 2026 confirmó una economía partida en dos: sectores vinculados a exportaciones, como agro, energía y minería, empujan un leve crecimiento, mientras industria, comercio y parte de la construcción siguen en caída. El EMAE reflejó un avance marginal que evita técnicamente la recesión, pero sin señales de dinamismo sostenido. La mejora se apoya en pocos rubros competitivos y dolarizados, con escasa generación de empleo, mientras el mercado interno continúa debilitado por la pérdida de poder adquisitivo y la falta de crédito.
Con motivo del comienzo del año.
El otro gran perdedor fue el comercio, tanto mayorista como minorista, con una caída del 3,2% interanual en enero y del 1,2% en febrero. La pérdida del poder adquisitivo de las familias, el alto nivel de endeudamiento, la caída demoledora del crédito y la falta de confianza en que esta foto mejore en los próximos meses fueron efectos de lluvia ácida en la salida de productos de las góndolas de los pequeños, medianos y grandes comercios del país durante el primer bimestre del año. No se salvaron ni los importados, que también vivieron un consumo restringido, que se reflejó luego en la balanza comercial muy positiva de marzo, con un azul por arriba de los US$ 2.500 millones. Si se revisan bien esos números, se verá que el informe del Indec muestra que la llegada de productos importados para el consumo final cayó casi un 5% en la comparación del primer trimestre de este año contra el mismo período de 2025.
Hay un dato: las grandes cadenas de súper e hipermercados, que fueron las impulsoras del boom de importación de textiles, bazar y alimentos al arranque del gobierno de Javier Milei, prefirieron para este ejercicio 2026 liquidar el stock relegado de los dos años anteriores antes que volver a llenar contenedores chinos.
Se podrá decir, como tercer sector perdedor, que la construcción puede estar zafando de la tendencia y comenzar a pensar en ponerse en tintes positivos. Esto se vería en los datos del EMAE de febrero, donde el indicador mostró un tenue crecimiento del 0,5%.
Sin embargo, los datos de la evolución de los insumos del rubro muestran otra cosa. El despacho de cemento cayó en promedio un 11,6% interanual, mientras que el resto de los insumos lo hizo en un 1,6%. Si se bucea más en la realidad de la construcción, lo que se ve es que (por fin) reacciona algo de la obra pública, pero que la privada sigue estancada, fruto de la falta de crédito y los altos costos de la construcción para los argentinos, que navegan con pisos de 1.400 dólares el metro cuadrado, cuando debería estar por debajo de los 1.000 para poder convertirse en alternativa para las clases media alta, media y baja, las que en serio mueven el amperímetro del sector.
En definitiva, el modelo actual del gobierno de Javier Milei se refleja en el EMAE, con sectores transables, competitivos internacionalmente y dolarizados en sus ingresos, y con perdedores que navegan en la dependencia del mercado interno y la falta de competitividad del tipo de cambio. Con un problema de fondo que ya es una cita de lugar común: los ganadores no generan empleo; los que pierden, sí. Técnicamente, esto explica el límite al que llegó el rebote de la economía en la era actual y que, si bien no se convive con una recesión, el crecimiento es extremadamente desigual. Como una K. La K de Milei. Una letra que siempre le trajo incomodidades al Presidente. Antes políticas. Ahora económicas vinculadas a la real.
Parece que el término fue una idea de Claudio Zuchovicki. Pero fue popularizado la semana que termina por Ricardo Arriazu. Cualquiera de los dos nombres son personas que el Gobierno respeta.
Y a las que nunca se les ocurriría insultar. Por eso vale la referencia, que quizá pase a la historia tenue de estos tiempos. Ambos profesionales popularizaron el concepto de estos tiempos sobre que el modelo productivo podría definirse, no como las ideas originales de una pipa de Nike o como una U (mucho menos como una situación de “pedo de buzo”), sino como de “economía K”. Y no por el kirchnerismo. La idea es centrarse en las dos patas de la letra, donde una va para arriba y otra para abajo, sin trabas y sin medias tintas. Llevando la metáfora a la situación económica general del país en estos tiempos, la pata que sube demostraría que hay sectores claramente ganadores. Sin dudas, ni sorpresas, sospechas ni cuestionamientos.
Y para el Gobierno, de una manera salvadora. Pero la otra pata también impacta. Para mal. Muestra rubros de la economía que operan hacia abajo de una manera casi demoledora y, peor, con pocas esperanzas de recuperación. Al menos que no cambie el alfabeto económico.
Los datos del primer bimestre del año confirman la hipótesis de Zuchovicki-Arriazu.
El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), correspondiente al primer bimestre del año, indica que, para bien del país en general y del Gobierno en particular, no se vivió una recesión en el primer trimestre del año. Esto será así porque la evolución de la actividad en el período enero-febrero indica que hubo una evolución positiva de aproximadamente 0,2%. Si en marzo continuara la tendencia (todo indicaría que así será), habría un empate técnico entre el último trimestre de 2025 y el primero de este año, con un leve repunte estadístico. Muy poco para festejar, pero suficiente para determinar que la recesión no se presentó. Recordemos que técnicamente se define una situación de ese tipo cuando se acumulan dos trimestres consecutivos de caída en la actividad económica; y el período octubre-diciembre de 2025 fue de recuperación, tendencia que continuará entre enero y marzo. Y, claramente, hay una explicación sectorial para este tenue azul estadístico. Y hay que encontrarlo en la pata ascendente de la “economía K”.
La foto general del bimestre muestra un enero con un alza de +1,9% interanual y +0,4% mensual, mientras que febrero empeoró con una caída interanual del 2,1% y un alza mensual del 0,1%. El resultado muestra la inexistencia de una recesión, pero una actividad prácticamente estancada, con tendencia positiva muy débil.
Y que es sostenida, como se puede, por los claros ganadores existentes, comenzando por el agro como gran motor, con efectos rebote por segundo año consecutivo, dejando atrás los efectos de la sequía 2023, buenas noticias de trigo, maíz y la campaña gruesa en general, y un tipo de cambio que, si bien no puede calificarse de positivo, está ayudado por la reducción de las retenciones. Aparece claramente un segundo sector ganador: minería y energía en conjunto, con un dinamismo notable fruto de la realidad del litio (Argentina se convirtió en mayo en el segundo exportador mundial) y la concreción ejecutiva del yacimiento esencial neuquino. Se suma a la lista de ganadores del primer bimestre la intermediación financiera, que luego de un 2025 preocupante (no es normal ni esperable que los bancos estén dentro de los perdedores) cerraron el año anterior y arrancaron 2026 con una recuperación notable. Se vincula con la estabilidad macro, que permite tasas más reales, el reordenamiento monetario, el comienzo de la buena estrella luego de un período de reconversión del negocio financiero y cierta reactivación en algunas actividades como el otorgamiento de créditos hipotecarios. Queda resolver el problema de la mora de las familias, siguiendo, como adelantó este medio, la “sugerencia” del quinto piso del Ministerio de Economía. Pero lo cierto es que los bancos volvieron a la senda exitosa que siempre mostraron.
Siempre.
Pasa siempre que los ganadores festejan y toman todo, mientras los perdedores penan y buscan salidas.
El EMAE del primer bimestre de 2026 fue implacable para ellos. Se registraron perdedores sin sorpresas ni contenciones y, en algunos casos, con síntomas de desesperación. Comenzando por la industria manufacturera, con un enero interanual negativo del 2,6% y un febrero aún peor del 8,7%.
El cóctel explosivo y de autor que combinó la caída del consumo, la apertura importadora, el incremento de los servicios públicos y los costos de competitividad en dólares más altos de los últimos años fulmina con potencia cualquier intento de supervivencia para la mayoría de los rubros que militan en esta categoría. Como los vehículos y autopartes, textiles, papeles, químicos, metalúrgica y siderurgia, muebles, electrodomésticos, audio y comunicación, que tuvieron un arranque de 2026 para el olvido. Ni en alimentos y bebidas (donde se esperan grandes cosas de los industriales argentinos) hubo buenas nuevas. Los lamentos de los industriales criollos de cualquier tipo, tamaño y ex poder de influencia circularon y circulan por los medios contando una realidad de pesadilla, confirmando lo que muestran los fríos datos estadísticos oficiales del


Menciones: Ceco1 cfinanE


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