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18/04/2026 La Nación - Nota - Policiales - Pag. 22

Imputaron a 11 adolescentes por amenazas de tiroteos en colegios en varios distritos
Camila Súnico Ainchil

Se estima que en las últimas 48 horas hubo 600 denuncias; la Justicia intervino en Córdoba, Mendoza, Santa Fe y la provincia de Buenos Aires; no ceden las intimidaciones.
Camila Súnico Ainchil LA NACION
En los últimos días, frases como “tiroteo mañana” o “van a morir todos” aparecieron escritas en paredes de baños, emails, redes y hojas apoyadas sobre pupitres en cientos de escuelas de gestión pública y privada en diversos lugares del país. Mientras se investiga si la consigna forma parte de un desafío de la plataforma TikTok, docentes y estudiantes comenzaron a señalar a presuntos responsables, quienes, en algunos pocos casos, ayer fueron detenidos o imputados por esas amenazas.
Ayer, según pudo saber LA NACION, había ocho imputados por amenazas de tiroteo escolar en Córdoba; un adolescente de 16 años detenido en la localidad santafesina de Pérez; un alumno detenido en Carapachay, en el conurbano bonaerense, y otro menor imputado en Mendoza, junto con su madre.
En la ciudad de Buenos Aires, los casos de amenazas de esta índole se multiplicaron especialmente ayer, incluyendo instituciones de renombre como la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, dependiente de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
La dinámica escolar se encontró esta última semana atravesada por estos amedrentamientos. Pese a que los ataques anunciados no se concretaron, generaron un clima de extrema tensión, a tal punto que muchos padres decidieron no enviar a sus hijos a la escuela y otros estudiantes se ausentaron por la misma razón.
Una de las instituciones afectadas fue la Escuela Técnica N° 9 Ingeniero Luis Huergo, en el barrio porteño de Caballito, donde la preocupación comenzó el miércoles último tras la aparición de un mensaje con una advertencia de un posible ataque para el día siguiente.
Desde entonces, la rutina cambió: dos patrulleros fueron apostados en la puerta y permanecerán allí hasta el próximo viernes. Los estudiantes decían ayer moverse con especial cautela, prestando atención a lo que ocurría a su alrededor.
A la salida del turno, el timbre sonó y los alumnos comenzaron a dispersarse. En la vereda, grupos de chicos dialogaban acerca de los rumores que circularon en los últimos días. “Me senté al lado de la puerta del aula, por las dudas. Sé que ya pasó el día de la amenaza, pero hay muchos rumores y la verdad me da miedo. Escuché que era un chico de tercero, pero no sé, porque otros dicen otra cosa”, contó Luca, alumno de segundo año, a LA NACION.
“Durante todo el día se habló de lo mismo. Capaz no pasa nada, pero no podés dejar de pensarlo. Cada ruido te hace mirar, ver quién entra, quién sale. No estás tranquila”, relató una alumna, que prefirió no dar su nombre. Nicolás S., de 16 años, sumó: “En mi curso algunos se reían, pero otros estábamos en silencio. Nadie sabía bien qué creer. Yo miraba todo el tiempo la puerta del aula, cualquier cosa te hacía sentir que iba a pasar algo”.
Entre los más chicos, el miedo parecía de forma más directa. “A mí me dio miedo de verdad. Pensé en no venir hoy [por ayer], pero vine igual. Ayer falté. Estuve todo el día incómodo”, contó otro alumno de primer año. “No es que pasó algo, pero el miedo está igual”, añadió. En cambio, entre los cursos de alumnos más grandes había posiciones diversas.
En ese escenario de incertidumbre, el episodio del 30 de marzo pasado en la localidad santafesina de San Cristóbal, donde el tiroteo no fue una amenaza, sino una realidad, aparece como un fantasma. Allí murió un estudiante de 13 años y otros adolescentes resultaron heridos.
Un arma en La Plata
A este caso se sumó ayer el de un alumno de quinto año del colegio parroquial Nuestra Señora de Luján de La Plata que asistió a clases con un arma de aire comprimido y una pistola de juguete. Según trascendió, el adolescente mostró esos elementos a otros compañeros dentro del establecimiento, lo que generó alarma y derivó en la intervención de las autoridades escolares.
A partir de esa situación, se activó el protocolo de seguridad y se dio aviso a la policía. El caso motivó además la intervención de las autoridades educativas y judiciales para determinar cómo ingresó el alumno con esos objetos, en qué contexto se produjo la situación y si existió algún tipo de intencionalidad o amenaza concreta.
Muchos alumnos no quisieron ir a la escuela. “En el grupo algunos decían que no iban a ir. Otro día, pero con miedo”, contó Micaela P., de 16 años. En su caso, sus padres le pidieron que no asistiera. “Yo les conté a mis viejos lo que estaba circulando y me dijeron que no fuera. Tenían miedo, me dijeron que preferían prevenir. Les daba terror que pasara algo como lo que se vio en otros casos. Yo no pensaba que iba a pasar algo, pero igual me quedé en casa”, relató.
Las decisiones familiares también impactaron en la asistencia. “Nos avisaron el mismo miércoles por un grupo de la escuela. Por precaución no la mandé ese día. Me tranquilicé un poco cuando vi que también pasaba en otras escuelas, pero igual te da miedo. Hoy [por ayer] la traje y la voy a venir a buscar”, explicó Andrea Ocaña, madre de una alumna de primer año. A su lado, su hija dijo en voz baja: “Tengo miedo”. Otra madre que estaba en la puerta comentó: “No sabe si es verdad, pero con los chicos no se arriesga”.
La situación se repitió en otros establecimientos. En la Escuela Carlos Pellegrini también circuló un mensaje intimidatorio que se difundió entre alumnos y familias.
La institución emitió un comunicado en el que rechazó ese tipo de expresiones y reafirmó su postura frente a hechos de violencia. En las inmediaciones, no había patrulleros, pero sí presencia policial en los accesos y vigilancia en la zona. “No tengo miedo, creo que esto no es real”, sostuvo Tomás, estudiante de colegio. Otra alumna señaló: “Te hace ruido, porque lo ves en todos lados. Capaz es mentira, pero igual lo pensás”.
En Quilmes Oeste, una escuela parroquial se vio alcanzada por los mismos mensajes amenazantes, difundidos por redes sociales. La institución informó que estaba al tanto de la situación y que mantendría las clases, aunque dejó a criterio de cada familia la asistencia de los alumnos. En la comunidad educativa, el tema generó preocupación y dudas sobre cómo actuar frente a mensajes cuyo origen no está claro.
Distintas organizaciones estudiantiles también comenzaron a pronunciarse. Desde el centro de estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires, también dependiente de la UBA, difundieron un comunicado para advertir sobre la necesidad de abordar la situación de manera integral: “Frente a las amenazas de tiroteo que se dieron en estos últimos días en diferentes secundarios del país, como estudiantes organizados, vemos fundamental y urgente la concreción de un plan conjunto que tome en consideración la salud mental de los estudiantes”.
Plantearon, además, que ese plan “debe contener y proteger ante los peligros de la exposición temprana a redes sociales y los contextos socioeconómicos, y estar a la altura de la crisis de salud mental que atravesamos generacionalmente, tanto a nivel nacional como global”.
En Mar del Plata, el fiscal Walter Martínez Soto, además de confirmar que se recibieron una decena de amenazas en distintos colegios, advirtió que se buscará identificar a los responsables y hacer que sus padres se hagan cargo de los costos de los operativos que se despliegan para atender esas emergencias. “Todos dejan su huella digital”, graficó Martínez Soto, al referirse al trabajo que búsqueda en redes para dar con los autores de las amenazas. El artículo 1754 del Código Civil habilita a reclamar una compensación en este tipo de casos.
En algunas escuelas secundarias del conurbano bonaerense, en tanto, se empezaba a analizar la posibilidad de que los estudiantes no concurran con mochilas, sino que lleven los elementos necesarios para cada día en el aula en la mano.
La intención es, dejaron trascender, evitar que en ese tipo de equipaje los adolescentes puedan esconder algún tipo de arma.


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